¡Gracias y hasta luego!

Tengo tanto para decir que creo que si me doy rienda suelta podría pasar la noche entera castigando a las teclas. Pero voy a intentar ser lo más breve y concisa posible, decir lo necesario para poder sentir la libertad de retirarme.

El otro día, en algunos de mis tantos breaks que me tomo en el día para pensar y repensar absolutamente todo, me puse a analizar la expresión que se utiliza usualmente: la de “hacer un clic”, y consiguiente a ello me puse a buscar los ‘clics’ que hizo mi cabeza a lo largo de mi vida... pero para mi sorpresa no encontré ninguno. Al principio me pareció bastante extraño que habiendo vivido ciertos acontecimientos de gran relevancia ninguno de ellos provocara un clic en mi vida, ninguno me bofeteó el alma, ninguno me abrió los ojos ni me desvió de mi rumbo acostumbrado. Si me vuelvo a mirar hacia atrás veo una colina enorme que se alza, al parecer desde hace muchos años que vengo en bajada y aunque por momentos amagué con movimientos ascendentes siempre termino un poco más abajo que antes.
Empleé numerosas variantes para intentar frenar o contrarrestar el declive de mi vida, pero todas fueron esporádicas y poco resistentes, y el motivó está en que siempre fueron negativas: en cuanto un obstáculo se me ponía enfrente yo siempre iba a optar por evadirlo por la izquierda, nunca me interesé por probar por la derecha ni mucho menos se me ocurrió plantarme hasta destruir la barrera y superarla como hubiese debido.
Y fue así como la única manera que encontré de solucionar los problemas era creando problemas mayores que le restaran la conflictividad a los primeros. Al cabo de dieciocho años eso es lo que conseguí, un problemón gigante que encierra millones de problemitas uno adentro del otro, y que si uno le echara un ojo al asunto comprendería que no existe fundamento para la existencia de ninguno de ellos.
Con lo que estoy diciendo estoy contradiciendo todo lo que alguna vez escribí anteriormente, pero tengo que “confesarlo”: jamás de los jamases estuve enferma, psicológicamente hablando, en ningún momento, ni siquiera en el clímax de mi angustia (que por cierto es una falsa angustia, o es real pero la irrealidad se haya en las causas).
Por eso no concordaba mi historial con la persona que, psiquiatras y psicólogos tuvieron en frente, por eso les costaba creerme cuando tan calmada y segura les confesaba mi falta de ganas general. Por eso no entendían cuando hablaba de un hecho premeditado y no de un impulso. Jamás hice algo que no hubiese querido hacer. Pero no pueden llamar depresión o enfermedad a un análisis racional y perfectamente comprensible como el que yo hacía al proyectar mi futuro y tomar respecto a él ciertas decisiones.

Me estoy yendo por las ramas y mi idea no es esclarecer mi pasado, al contrario, pretendo darle un cierre, aceptarlo y llevarlo conmigo de acá en adelante. Ayer me dijeron que el pasado es parte de lo que somos, estoy de acuerdo por supuesto, pero eso no implica que el pasado condicione lo que somos o lo que quisiéramos llegar a ser. Es parte de lo que fuimos, y es parte de lo que nos llevó a ser lo que fuésemos a ser el día de mañana. ¡jaja cómo me la rebusco! No sé si me explico con claridad, pero a lo que voy es que todo lo que está escrito en este blog, por ejemplo, o en los centenares de archivos que tengo en cd’s por ahí tirados, ya no hablan más de mi, ya no me representan, son las raíces de mi historia, son los cimientos de lo que soy hoy, pero ya no puedo llevarlos conmigo.
Fui muy inmadura, y eso me llevó a darme golpes más fuertes de lo que hubiese debido darme, al menos a mi edad. Y por eso hoy estoy llegando a los dieciocho y hago los planteos resentidos de las mujeres cuando están el lumbral de la cuarta década, jaja.
Perdí tiempo sí. Pero fue la única manera que hallé de personificar a la soledad para engañarme de que podía hacerme compañía. Empecé a escribir, empecé a dejar por sentado cada día que yo sentía escaparse en vano. Así nació la decena de fotologs y blogs que me hice, de alguna manera sentía que en esos espacios virtuales yo podía dejar un rastro de lo que había sido, necesitaba un testigo, algo (si no podía ser una persona) que fuera espectador de la intrascendencia de mi vida.
Eso era lo que buscaba... simplemente tener testigos. Y así nacieron las enfermedades también, fomentadas por los medios de comunicación (la anorexia, el self-injuri, etc.) en todas ellas encontraba una manera fácil, muy sencilla, de describirme. ¿quién era? Cuando alguien me formulaba esa pregunta jamás encontraba la esencia para responderla. No era nada, decir que era una estudiante de secundaria, que practicaba algún que otro deporte para los cuales siempre fui muy inconstante, que tenía una familia típica (mamá, papá, hermanos, perro), que me gustaba la música contemporánea, las películas y los chocolates casi tanto como las papas, era decir lo mismo que decir ‘nada’. No me distinguía en ningún aspecto, no formaba parte de ningún relieve de la sociedad llana, era una más sumergida (y pronto ahogada) en un mar de personas calcadas. Las enfermedades surgieron para expresar mi protesta, para decir ¡no! Yo no quiero ser parte del sistema, para morirme en el camino si así fuera necesario, pero ir a contra mano.
Es obvio que es una estupidez total de una pendeja rebelada contra la vida misma. Y esta critica no quiere decir que hoy este cómoda y a gusto de cómo vivo, lo que quiere decir es que no era, bajo ningún punto de vista, la manera de ir a la inversa, de buscarle la vuelta para encontrarle sentido, porque en definitiva lo termine perdiendo completamente.

La causa, quizás, detonante de esta conclusión repentina tiene lugar hace unos días: yo estaba charlando con mi viejo, evocando tiempos pretéritos, y en eso él me comentaba de cuando yo escribía (no se que le hace pensar que ya no escribo más(¿)) y surgió así el tema de mi antiguo fotolog... seguido a esto aclaró lo estúpido que resulta ser el mantener un sitio web inexistente, improductivo, el gastar parte del tiempo de la vida (siendo esta tan efímera) en algo tan innecesario.

Si bien no concuerdo con él al pie de la letra, pero en cuanto me dijo algo parecido a lo que acabo de escribir arriba, sentí vergüenza y evité mencionarle que todavía seguía existiendo.
Confundí el placer que me da escribir y la necesidad por descargar lo que siento, con la huevada de subirlo a internet, de dedicarle tiempo, de publicar los sentimientos. Publicar lo privado, ese es el concepto.
La última psicóloga que conocí (no dure nada por cierto, una estúpida renombrada) antes de terminar la sesión me dijo que estaba bien ser abiertos y liberales, pero que es bueno ser reservado en ciertos aspectos, en ciertos temas delicados, y que yo no podía (más bien debía) ir por la vida contando a los cuatro vientos todo lo que me pasaba.
Haciendo a un lado la pelotudez en que se traduce esto viniendo de parte de tu psicóloga (onda.. si vengo acá pagándote casi tres mil mangos al mes, pretendes que sea reservada con mi vida privada?), llevándolo a fuera de la sesión tiene un poco razón. Nunca fui ni soy detallista y las peores cosas hasta ni yo me las digo, porque logro efectivamente borrarlas de mi memoria, pero el hecho de tener un blog abierto el contenido al publico es digamos... algo equivocado, más no siendo anónimo.
De vivir disfrazada pase a ser completamente transparente y a defender a los gritos todos mis puntos de vista, lo cual no está mal pero tampoco llevarlo al extremo como lo hice yo, sabiendo que lo que defendía no era lo correcto.


Hoy me di cuenta que estoy apegada a lo que fui, que me cuesta dejar de traducir mi vida en letras para dejar al menos un registro, porque sino temo que mi vida se la lleve el olvido. Pero también escuché una muy buena teoría, que no voy a reproducir para no deformarla, que combate ese temor por dejar algo de lo que somos, o el día de mañana cuando ya no estemos, de lo que fuimos, y también se trata de dejar algo así como ‘registros’ de nosotros mismos.
Esta no es la manera, esto de lo único que funciona como medio es de perder el tiempo, es de obligarme a releerlo y mantenerme atrapada siempre en lo mismo.
Seguramente voy a seguir escribiendo, pero la próxima vez que me lean, y sospecho amargamente que no sucederá, será en algún libro con propia editorial, ja. Cansada del estancamiento. Cansada de repetir siempre lo mismo, de que nada me importe, de lastimar a la gente que quiero, de usar a los que me convienen. Nunca fui así y nunca lo hice con tales propósitos, pero el haber llegado al límite en más de una ocasión le restó el valor a todas las cosas, a mis acciones, mi conducta, mi disciplina.
De eso es lo que me hablaba un nuevo amigo, de disciplina, lo que me falta justamente, la falta de responsabilidad, de preocupación. De vivir de impulso a impulso y no medir, no pensar en el después.
Fui así mucho tiempo y hace meses ya que lo cambié, pero seguir envuelta en el mismo ambiente me confunde. Por eso hoy elijo irme, alejarme y cerrar el librito del ayer. Nunca voy a negarlo, en parte agradezco que me haya conducido a estoy que soy hoy, a la seguridad con la que me despierto de saber a donde quiero llegar. Pensaba que nunca iba a salir de mi boca (o por los dedos) esta “declaración” jaja, pero sí, estoy conformada en parte por una Natalia positiva y segura, y hoy le cedo el paso a ella.
No se que depara el mañana, pero algo les aseguro: es muy disímil a lo que hice del ayer.


Bueno chau, tengo millones de cosas para escribir como dije en un principio, pero las voy a guardar para contárselas a alguien que le interese, en vez de plasmarlas en el vacío virtual que me supo acoger muy bien estos años. No se porque esta necesidad de darle cierre, supongo que mal que mal fue mi compañía o mi costumbre cuando más difíciles me tocaron, en parte me ayudó en parte me hundió, como sea, ya conforma una etapa pasada.
Perdón por la mala redacción, no quiero ni releer una sola vez lo que escribí, pretendo dejarlo así, puramente como me salió.

Muchísimas gracias a los que invirtieron su tiempo leyendo, en especial a aquellos que leyéndome intentaron entenderme y se acercaron preocupados, como es de esperarse frente a la tragedia de mis escritos, a prestarme una mano o un oído.

No tiene sentido escribir en una computadora, la vida de cada uno la escribimos a diario en los corazones que tocamos. Y no era la idea darle un final cursie jaja, pero es la realidad.

Y aunque suene a un final feliz, esto se trata de un nuevo comienzo.
Nos estamos viendo! :)