¿Y si bien no me alcanza? ¿y si quiero... EXTRAORDINARIO?

Tres horas luchando en el campo del paint, con los pinceles, el borrador, el lápiz y las elipses, tres horas de paciencia exprimiendo la capacidad (o incapacidad) de la memoria de una computadora de la prehistoria. Vale aclarar que no me llevo con la informática y muchísimo menos con las artes plásticas, pero que en cambio la necesidad de trasmitir el dolor de esta tarde era tan insistente y rebuscada que decidí expresarla de una forma más amplia que las palabras, algo un poco más libre, menos directo, algo que tenga un solo significado evidente, pero que comparta ese dejo de tristeza que trasciende de la imagen. Pero bueno, la intención estuvo... el tema fue que a la tercera vez que guardé el dibujito se borró instantáneamente y cerré todo en un arranque de cólera, reposé la frente sobre el teclado y lloré sin llorar (es cuando la angustia en vez de salir, entra, las lagrimas se escurren salpicando tu alma en vez de saltar acostumbradamente por tus ojos, restregarse por las mejillas y suicidarse finalmente en tu pecho). Sí, “llore” por un fucking dibujito que apuesto que le podría haber salido mejor a alguien de menos de seis, un dibujo echo con palitos y que requería de no más de cinco colores distintos.
Y entonces me acordé de los dibujitos que encontré esta mañana pegados en el corcho del consultorio, todos dedicados a una tal Male, eran poco precisos, pero distinguí algún que otro mamífero cuadrúpedo y varias personitas, jaja. Entonces me pregunté adonde se fue toda la creatividad que durante mis gloriosos años de ingenuidad invertí en hojas de recetario y crayones de cera blanda. A donde se fue esa seguridad que alguna vez me empujó a apostarle a ese talento (inexistente) artístico que casi todos sentimos innato durante los primeros años. Adonde huyeron el amor y el cariño desparramados en los trazos de la deformidad de un garabato que a duras penas intentaba asemejarse a un corazón o a una flor. ¿Donde quedó relegada la ridiculez de una sonrisa amarilla y de nubes celestes?
Y cuando creí no volver a encontrar ese amor que hace tantos años regalé y perdí, sonó un celular, se inició una conversación y rápidamente se pactó una cita para las seis. Ahí estaba el amor, ahí estaba volviendo, quizás no de la forma más bonita, pero de la mejor manera posible, en un llamado, en el revuelo, en una charla que ahora (minutos para las ocho) debe estar finalizando.
Creo que pedí demasiado teniendo en cuenta que el pago fue una tonelada de papel sucio con la tinta de marcadores finos. No es que lo haya pedido, al contrario lo desmerecí.
Y sin embargo, leyendo este y anteriores post que sondean el mismo tema reiterativo, podrán darse cuenta que tengo una mochila cargada con tres mil quinientas libras de culpa, que tengo un trauma importantísimo, que estoy profundamente arrepentida, que todavía no me perdonó ni un cuarto de las cosas que (me) hice, y que sin embargo, hermosísima pendeja destruida de diecisiete años (entiendan la ironía), te desvivís por volver a hacerlo.
Tienen razón, lo normal no me alcanza, no me satisface. Lo común para alguien de mis supuestas características no me va. Y sin embargo esto es lo que soy, alguien opuesta a quien debería, rebelada contra sí misma, contra lo que me imponen y contra lo que me promete salvarme (o conservarme) la vida. Alguien que se dio cuenta que la vida está diseñada para los mediocres y que los sentimientos le quedan chicos al cerebro. Alguien jodidamente trastocada que sigue haciendo la huevada de intentar traducir en palabras lo que no tiene sentido ni siquiera estando alojado en el alma.

Otra vez me fui lejos de lo que quería decir. Ahora que estoy más calma (¿dónde?) voy a reanudar la lucha libre con los muñequitos esqueléticos del paint a ver que sale, si tengo suerte y me resta algo de eso que llaman paciencia, después los subo.