Cuarta página leída, me lleve el índice a los labios para humedecerlo y facilitarme la tarea de llegar a la quinta, en el trayecto mis manos se empaparon en lágrimas. ¿Hace cuánto tiempo estaba llorando? Cerré el libro y me dispuse a desgranar la palabra Rayuela en cuantas letras ocultara, mientras mis oídos luchaban por librarse de mi alboroto mental para reconocer cierta melodía conocida. El rojo del semáforo me detuvo junto enfrente de una vidriera, y para mi sorpresa mis labios se reflejaron ensanchados figurando algún tipo de mueca... sí, estaba sonriendo. Entre el asombro y lo extraordinario lleve automáticamente mis manos a mi cara y allí se sumergieron en la superficie fría y húmeda de mis mejillas... todavía continuaba llorando.



Y no mamu, vos definitivamente bien NO estás.