No: Adverbio de negación, se utiliza como respuesta negativa a una pregunta, como expresión de rechazo o no conformidad, para indicar la NO realización de una acción, etc.


¿Y sabes que es lo más maravilloso de esta palabra Natu? ¡¡Que te dejan usarla!!





Job+Psico+Run+Facu= a life (buena, mala, desastrosa o extraordinaria, pero una vida al fin y al cabo)


Cuarta página leída, me lleve el índice a los labios para humedecerlo y facilitarme la tarea de llegar a la quinta, en el trayecto mis manos se empaparon en lágrimas. ¿Hace cuánto tiempo estaba llorando? Cerré el libro y me dispuse a desgranar la palabra Rayuela en cuantas letras ocultara, mientras mis oídos luchaban por librarse de mi alboroto mental para reconocer cierta melodía conocida. El rojo del semáforo me detuvo junto enfrente de una vidriera, y para mi sorpresa mis labios se reflejaron ensanchados figurando algún tipo de mueca... sí, estaba sonriendo. Entre el asombro y lo extraordinario lleve automáticamente mis manos a mi cara y allí se sumergieron en la superficie fría y húmeda de mis mejillas... todavía continuaba llorando.



Y no mamu, vos definitivamente bien NO estás.

Explicame en dónde estaba tu cabeza cuando te robó un beso, donde fijabas la mirada cuando tus tobillos se vencieron y te desplomaste en el concreto, revelame el precio de poder entrelazarte los dedos, describime el lugar adonde viajas cada vez que te pierdo.
Porque ya no necesitás de nadie, porque no extrañas, anhelas ni pedís. ¿Siempre vas a pararte enfrente y mirarme, nunca vas a cruzar la calle para venir a buscarme? ¿Porque no te duele cuando te lastiman, porque no pedís explicaciones cuando te abandonan, porque no hay asombro en vos cuando te fallan? Te alcanza con jugar a creernos, extraer lo que necesitamos y seguir caminando. ¿Nunca vas a tomar una mano segura de que jamás vas a querer soltarla? ¿Nunca vas a terminar algo empapada en nostalgia en vez de automáticamente estar viendo hacia dónde dar el siguiente paso?
Jamás te arrepentís de nada, no es orgullo lo que te impide invocar tu pasado, es desinterés, es estar completamente superada por demás, excederte a arrugar los recuerdos y desaparecerlos como si se trataran de cargas molestas que solo ocupan espacio en una memoria constantemente actualizada.
¿En qué momento fue que te volviste tan fría, tan remota... intocable? Me presionas para que deje de intentarlo, me convences con tu inquebrantable seguridad de que no hay otra alternativa que permitirte volar. No hay que te detenga, que te atraiga, que te aferre a permanecer presente.
A veces me aterra tu independencia, a veces envidio que estés tan conforme con la soledad, tu comodidad en el espacio vacío, tus antojos de renovar a las personas como si fueran vicios. ¿Realmente supiste amar? ¿Como es que todo se borro de un soplido? ¿Cómo es que te aburro cuando hablo de amor, fidelidad y confianza? Hay cura para tu ira, hay calmantes para tu desesperación camuflada, hay un guía para la insistencia de tu mirada.
¿Como puede ser que vayas por la vida errante sin la urgencia de buscar nada?
¿Como podés caminar bajo la lluvia e ir esquivando todas las gotas de agua? ¿cómo podría humedecerte el alma de nuevo? ¿que es lo que te vuelve tan impermeable?
¿Cuando fue la última vez que lloraste por alguien que no fueras vos? Si realmente no te querés como decís a diario, ¿como puede ser que la vida te alcance siempre y cuando te tengas a vos misma? ¿Cuan importante sos que lograste relegarme?

Cerraste los ojos, la puerta y bajaste la persiana. Cuando finalmente pretendas encontrarme a mí o a alguien más, y salgas a la calle, las veredas de hoy ya no van a ser las de antes. Pero mientras te divierte vestir escamas de acero y tener el corazón de hierro, rendirte en las vías a desafiar la valentía del tren que desabordaste por pura cobardía, hacer zigzag en la avenida de los sueños que todavía no se rompieron... todavía. Te propones viajar ligera, por eso no llevas nada ni a nadie. Y sin embargo ignorás que el vacío es lo más pesado de toda tus carga.

¿Y si bien no me alcanza? ¿y si quiero... EXTRAORDINARIO?

Tres horas luchando en el campo del paint, con los pinceles, el borrador, el lápiz y las elipses, tres horas de paciencia exprimiendo la capacidad (o incapacidad) de la memoria de una computadora de la prehistoria. Vale aclarar que no me llevo con la informática y muchísimo menos con las artes plásticas, pero que en cambio la necesidad de trasmitir el dolor de esta tarde era tan insistente y rebuscada que decidí expresarla de una forma más amplia que las palabras, algo un poco más libre, menos directo, algo que tenga un solo significado evidente, pero que comparta ese dejo de tristeza que trasciende de la imagen. Pero bueno, la intención estuvo... el tema fue que a la tercera vez que guardé el dibujito se borró instantáneamente y cerré todo en un arranque de cólera, reposé la frente sobre el teclado y lloré sin llorar (es cuando la angustia en vez de salir, entra, las lagrimas se escurren salpicando tu alma en vez de saltar acostumbradamente por tus ojos, restregarse por las mejillas y suicidarse finalmente en tu pecho). Sí, “llore” por un fucking dibujito que apuesto que le podría haber salido mejor a alguien de menos de seis, un dibujo echo con palitos y que requería de no más de cinco colores distintos.
Y entonces me acordé de los dibujitos que encontré esta mañana pegados en el corcho del consultorio, todos dedicados a una tal Male, eran poco precisos, pero distinguí algún que otro mamífero cuadrúpedo y varias personitas, jaja. Entonces me pregunté adonde se fue toda la creatividad que durante mis gloriosos años de ingenuidad invertí en hojas de recetario y crayones de cera blanda. A donde se fue esa seguridad que alguna vez me empujó a apostarle a ese talento (inexistente) artístico que casi todos sentimos innato durante los primeros años. Adonde huyeron el amor y el cariño desparramados en los trazos de la deformidad de un garabato que a duras penas intentaba asemejarse a un corazón o a una flor. ¿Donde quedó relegada la ridiculez de una sonrisa amarilla y de nubes celestes?
Y cuando creí no volver a encontrar ese amor que hace tantos años regalé y perdí, sonó un celular, se inició una conversación y rápidamente se pactó una cita para las seis. Ahí estaba el amor, ahí estaba volviendo, quizás no de la forma más bonita, pero de la mejor manera posible, en un llamado, en el revuelo, en una charla que ahora (minutos para las ocho) debe estar finalizando.
Creo que pedí demasiado teniendo en cuenta que el pago fue una tonelada de papel sucio con la tinta de marcadores finos. No es que lo haya pedido, al contrario lo desmerecí.
Y sin embargo, leyendo este y anteriores post que sondean el mismo tema reiterativo, podrán darse cuenta que tengo una mochila cargada con tres mil quinientas libras de culpa, que tengo un trauma importantísimo, que estoy profundamente arrepentida, que todavía no me perdonó ni un cuarto de las cosas que (me) hice, y que sin embargo, hermosísima pendeja destruida de diecisiete años (entiendan la ironía), te desvivís por volver a hacerlo.
Tienen razón, lo normal no me alcanza, no me satisface. Lo común para alguien de mis supuestas características no me va. Y sin embargo esto es lo que soy, alguien opuesta a quien debería, rebelada contra sí misma, contra lo que me imponen y contra lo que me promete salvarme (o conservarme) la vida. Alguien que se dio cuenta que la vida está diseñada para los mediocres y que los sentimientos le quedan chicos al cerebro. Alguien jodidamente trastocada que sigue haciendo la huevada de intentar traducir en palabras lo que no tiene sentido ni siquiera estando alojado en el alma.

Otra vez me fui lejos de lo que quería decir. Ahora que estoy más calma (¿dónde?) voy a reanudar la lucha libre con los muñequitos esqueléticos del paint a ver que sale, si tengo suerte y me resta algo de eso que llaman paciencia, después los subo.

Segundo round perdido contra la ciclotimia, me ganó la histeria y ahora ando escapándole al fastidio.
No quiero lo que realmente necesito.
Soy una maldita caprichosa, que se mueve por instinto, se desvive por asesinar sus antojos e inmediatamente que consigue uno ya está fijando la vista en el siguiente. No me alcanza nada, nada me contenta, todo lo que pasa por mis manos tiene un valor etéreo, y mi interés se evapora con fugacidad. Vengo errante hace meses largos, tropezándome a propósito con las mismas piedras, arrastrando los mismo errores y sumándole peso a la carga que ya vence la ética de mi conciencia.
Haciendo las cosas mal, evadiendo o rechazando las oportunidades que podrían darme la felicidad, es de la única manera que logro darme un motivo concreto (aunque estúpido) para sentirme mal. Lo que hago no tiene lógica desde ningún punto y ya ni me esfuerzo porque alguien lo entienda. ¿Por qué hago, hice y sigo haciendo? Para que contestar, la idea de que estoy completamente esquizofrénica los contenta más, así que ya está, suponte que un día sombrío y frío me habré levantado triste por un mal sueño y a partir de ahí decidí cumplir religiosamente el rito diario de llorar, aislarme y hacer nudos con mi laringe para dificultarme la tarea de respirar. Así de sencillo es como lo quieren creer.
Escribo esto porque me di cuenta que todo lo que pienso es infundado, que no tengo con qué justificar cada lagrima y no se me ocurre de que manera defenderme cuando el día a día me va volviendo más indiferente y egoísta. No tengo hechos para respaldar mi comportamiento, no existe pretexto para excusar los frecuentes errores.
Es dolor, no se de donde viene, ni cuanto tiempo se queda, pero está y es bastante intenso. Y tampoco sabría decirte porqué, porque viene, porque a veces se va pero a las horas vuelve, porque no deja explicaciones de sus repentinas idas y venidas. Sin embargo aunque no hay respuestas detrás del ‘porque’, convivo con él, porque vivir mejor implicaría correr más riesgos.
Definitivamente prefiero vivir vacía, antes que esforzarme por llenarme el alma y enfrentarme quizás a la idea de lo que significaría volver a vaciarme de nuevo.

Una sola palabra: Miedo. Miedo a ser feliz.

Evidentemente yo no soy más DESASTROSA porque no me da el tiempo.

Hiperrealidad

“El mundo está muy lleno, ya no hay espacio para mí ni para hacer lo que quiero.”



Frase que surgió después de navegar cincuenta y cinco minutos en la web, cerrar todas las páginas (Blogspot, Facebook, Fotolog) y dejar salir el suspiro más amargo de la semana. Conclusión frustrante: hay de todo y para todos ¿Para qué me necesitan?

No se quién (de hecho si lo sé, porque son la gran mayoría) puede consentirse con la forma en que está esquematizada la vida, pero yo al menos no me voy a dejar contagiar por la plaga de conformismo que infectó a la sociedad y no pienso tampoco reprimir mis reproches (sin destinatario) al verme obligada a compartir el mundo con esta manga de caníbales egoístas. Les regalo mi espacio tan codiciado, para que amplíen su campo de lucha unas dos pulgadas.
Mi lugar está en otra parte, donde no existen las computadoras que te extirpan el cerebro durante horas, y te lo devuelven marchito, seco y con tantas influencias de lo que escriben/muestran terceros, que se pierde completamente el origen de nuestras propias ideas. Definitivamente sentarme a tipear no es lo mío, pero como soy bastante dura con el lenguaje que todavía no logro domesticar, sigo acá clavada, con el intenet conectado hasta en la médula.

Dentro de pocos años las personas van a comenzar a tomar conciencia, con un rápido balance de sus vidas, y llegarán a la conclusión penosa de que pasaron más tiempo sumergidos en la virtualidad de un monitor de 1920×1080 píxeles de resolución, que mirando a través de la realidad de resolución infinita que además incluye la ya olvidada característica de ser palpable.
A la gente ya no le inquieta no poder tocar, le basta un teléfono, el msn o las fotos de Facebook para sentirse cerca, querido, recordado o en contacto. Bueno, yo me cansé de ese espacio alterno, por eso nunca me llevé con los celulares y a penas tengo uno que vive únicamente por las mañanas a modo de despertador, ni mucho menos me llevo con los teléfonos fijos o con el ordenador que uso simplemente para hacer públicos mis gritos, o para acercarme fácilmente a la literatura. Pero basta, prefiero volver a los parques Rivadavia o Centenario, o quedarme con las propuestas limitadas que me ofrecen los vendedores ambulantes en el bondi o en el subte.

Cuando nos embarcamos en la net, automáticamente estamos sumándonos a una cifra millonaria que nos deja sin valor, sin la capacidad de sumar ni restar. En cambio en planos reales, no hay tanta amplitud, o la hay, pero no la vemos y nos remitimos a lo que vemos.
Desde siempre fui bastante anti con la tecnología, pero ahora me resulta más preocupante, porque me vengo a dar cuenta que puede ser uno de los principales factores que esté alimentando mis miedos y frustraciones y que esté provocando el suicidio precoz de mis esperanzas y ambiciones.

Y es como una droga tóxica, que en vez de consumirte el cuerpo te consume el tiempo. Porque a pesar de que esté exhibiendo un listado de motivos que defienden que es más sano mantenerse lejos, todavía sigo acá prendida, sentada de esté lado, confeccionando un escrito para posibles cibernautas, que al igual que yo, continúan perdidos.


.


I'm so HAPPY
.
that I can't
.
stop crying!









(Posta que no es irónico, está un toquecito exagerado no más, jaja. Gracias :D )

One more time, uh uh uh ♪

No puedo escribir con el estómago lleno, para vomitar dolor primero tengo que vomitar la comida. Mis viejos se fueron a una entrevista con un nuevo psicólogo, en este momento estarán describiéndole a un completo extraño de la forma más sutil que encuentren, el desastre que tienen por hija. Hablaran de cómo empezó todo y quizás se remonten a no más de dos o tres años, cuando en realidad, eternos ingenuos, el inicio de este infierno tiene la fecha de mi razonamiento. Estarán hablando de la autoflagelación, del último episodio con pastillas, también de mis relaciones ‘amorosas’ seguramente y de mi rotundo cambio de dependencia absoluta a la indiferencia más fría. ¿Acaso se imaginarán lo que implicaba para mi cada marca en mi brazo, acaso descifrarán la escritura de mis cicatrices y el dolor en que se traducen? ¿Acaso sabrán de mi relación con pastillas anónimas...? ¿dejarán de tener en mente el veintipico de enero y se abrirán a la posibilidad de que tal vez pudieron existir otras fechas previas? ¿Se les ocurrirá pensar que puede que tal vez no haya habido una sola persona en mi vida que supo lastimarme, y que ellos sólo conocieron al único nombre que permití dejar salir por mi boca y volverlo público? ¿Sabrán la magnitud del tramado de la telaraña de mentiras que tejo desde antes de los once años?

Realmente no me conocen, no saben de los fantasmas que vuelan mi cabeza, ni de la filosofía propia con la que defiendo cada una de las cosas que hago. No tienen idea, piensan que estoy curada porque ya dejé de hacer muchas de todas esas boludeces que enumeré antes... pero la realidad es que eran reacciones inmaduras con las que respondía frente a sensaciones de angustia que me superaban. Sí ya está, me “curé”, dejé de hacer todo eso, pero lo que pienso y cómo lo pienso, no me lo sonsaca ningún psicólogo especializado. Y sí lo van a denominar ‘enfermedad’, entonces voy aceptar con orgullo el papel de paciente infectado.
Por otra parte, de forma paralela y silenciosa, hace tres meses que estoy hundida hasta las cejas en todo el tema de los trastornos alimenticios, y ellos no parecen tener la más mínima idea. ¿No les parece ilógico, estúpido, exasperante y hasta un actitud completamente indiferente y contrapuesta a este arranque repentino de solicitar ayuda médica? De la misma manera en que en este blog soy así de transparente, lo soy en mi vida real. No tengo ni una pelusa en la lengua, soy lo que soy, quizás no los grite a los cuatro vientos, porque dudo que a alguien le interese, pero si alguien se acerca... no adorno ni maquillo mis realidades y expongo mis experiencias. Entonces explicame como una persona que convive unas doce horas diarias conmigo puede ignorar todo esto. No hay muchas vueltas que darle, no existe mejor ciego que el que no quiere ver.
En fin, ya aprendí a valerme por mi misma, no necesito ni un dedo de préstamo, se que si sola entro, puedo rebuscármela para sola salir. Así que les agradezco, por supuesto que voy a seguirles el juego, para complacerlos y que puedan figurarse una idea falsa más sobre mí, y la falsheen(¿ ja) con que me tienen en sus manos.
La mayoría de las mentiras, no salieron de mi boca, se las formularon ellos mismos por temor a que las cosas sean de otra manera

Ahora sí, todo lo que sube baja ¿no? Ayer estaba equivocada, hoy entiendo tanto que realmente se que ya no entiendo más nada. Vuelve a atacarme el tiempo vacío, siento que tengo que estar ligera para que pueda arrastrarme y no quedar a mitad de la carrera.
Efectivamente sentarme a charlar con mi cabeza no es el más sano de mis pasatiempos. Chau, me voy a correr así oxigeno el cerebro.

Alice - Avril Lavigne

Viajando, dando vueltas
Estoy bajo tierra, me caí
Me caí
Estoy enloqueciendo
Entonces donde estoy ahora?
Al revés
Y no lo puedo detener ahora
No me pueden detener ahora

Oh oh oh ohhhh ohhhh
Yo, Yo llegaré
Yo, Yo sobreviviré


Cuando el mundo se esté derrumbando
Cuando me caigo y pego contra el suelo
Me daré la vuelta y correré
No lo intentarás detener??
Yo, Yo no lloraré

Me encontré a mi misma en el país de las maravillas
Me pondré en mis pies otra vez
Será esto real?, Será esto fingido?
Tomaré un paso hasta el final

ohhhh ohhhh
Yo, Yo llegaré
ohhhh ohhhh
Yo, Yo sobreviviré

Si no tiene solución no es problema

No sé vivir como los demás, mis últimas actitudes fueron réplicas de los comportamientos generales de la juventud que me rodea, puedo fácilmente confundirme y volverme uno más, pero aprender a serlo realmente, no, para eso no me da la cabeza.

No sé como salir a caminar sin sentir esa necesidad de prender el ipod y elegir obligatoriamente (con el único fin de provocarme el llanto) a James Blunt, Cold Play, Avril Lavigne o algún tema muy tranquilo de vocal trance. La realidad es que me incomoda sentirme cómoda, extraño sentarme a llorar en el piso frío de mosaicos y apoyar el mentón en el entramado de las rejas que dan a mi balcón, extraño necesitar el humo tóxico del cigarrillo para sentir que de alguna manera todavía respiro sin proponérmelo, extraño sentirme vacía, sola, necesitada, angustiada y siempre al borde del abismo, a centímetros de la nada, siempre con la amenaza fresca en los labios anunciándole orgullosa a un mundo desinteresado que yo sí tengo el poder, las ganas y el valor de desaparecer en cuestión de segundos.

Ahora me despierto temprano, volví a encontrarme con el calorcito suave del sol pegando desde el este, y me propongo fabricar endorfinas, soy una excelente gerente en la fabrica de sonrisas, jaja. Ahora sonrío cuando escribo ¿viste?, obvio que sin gracia y disfrazando el esfuerzo de entusiasmo, pero acá están ese par de labios ensanchándose y contrayéndose, encismándose y relamiéndose... jugueteando con la infinidad de expresiones en un rostro que hasta ayer sólo conocía la humedad y la rigidez de sus músculos entumecidos.

Lo extraño es que nada cambió, absolutamente nada. Mis problemas, esos que algunos dicen que inventé, o esas enfermedades a las que todavía no les asignaron término médico, todavía siguen estando, y hasta puede que más graves que antes. Pero ya no duelen. Ya no me molesta por ejemplo el circuito: ayuno, atracón, cuarto de baño; ya no me interesan los diálogos recortados y remotos entre extraños que supuestamente se siguen amando, ya tampoco me importa que el pelotudo del sábado se acuerde de llamarme, y menos todavía me acuerdo yo de el del viernes. Ya no duele el contacto helado con las sábanas, mis brazos se acostumbraron a rodear y contentarse con la almohada, ya no me incomoda llevar los brazos desnudos, escritos con mis memorias pasadas, ni me perturba que se me queden mirándolos un rato largo o que me pregunten como pájaros asustados.
Me volví puramente reversible, mi piel es áspera y siempre se muestra erizada delatando escalofríos, me volví tan lejana que escucho en ecos mis carcajadas.

Ya no me acuerdo de cómo se sentía estar arrepentida, o de cómo picaba el remordimiento matutino.
Es extraño tal vez, pero así como te olvidas de cómo se sentía el amor después de que te partieran en mil pedazos el corazón, de la misma exacta manera te olvidas de cómo se sentía el desgarro de un llanto, te olvidás hasta de cómo se sentía haber estado tan al límite que te tentaste por traspasarlo.
Ya no se cómo se siente quererse morir, me olvidé, lo borré, ya tampoco me acuerdo cómo era amar tanto a alguien hasta el punto de dejar tu mundo por la felicidad de esa persona. Já, no me acuerdo cómo era ubicarme por debajo de alguien más, tampoco me acuerdo de cómo se sentía eso que llaman autoestima. Me olvidé de prácticamente todas las emociones, digamos que perdí las experiencias que se traducen cómo los motivos por los cuales vivimos. A mi nunca me fueron suficientes, así que poco me importa tener un alma vacía y un corazón desmemoriado.


Ahora sufro de algo así como apatía o desidia. Pero como no duele, no se si estaría bien usar el término “sufrir”, tal vez sea más adecuado decir: ahora disfruto de algo así como apatía o desidia. Después de todo dejar de sentir tiene grandes beneficios, más allá de que signifique estar en un escalón más abajo que el estado angustiado, depresivo o suicida.

Estoy muy bien y es mentira, (jajaja) pero para que me entiendan, comparándome a como estaba hace un mes, esto es Wonderland!, digamos que le falta un poco de sabor, pero que excelente estoy!
Independiente, aislada, fría, indiferente, un armadura de hierro y por dentro carne de acero. Sangre hirviendo, puños cerrados como quien ya no espera más nada. Mirada ausente y sin reproches. Vivir es el desafío más peligroso cuando ya se probó a la muerte. Sólo que tampoco me produce adrenalina.





¿Sabes que? Puede ser que esté tan bien como nunca antes que sienta que estoy peor que nunca, porque el bienestar definitivamente no es lo mío. Sí, puede ser que parte o casi todo lo que escriba sea mentira, y que yo tenga una mente tan perturbada, y esté tan fascinada por la literatura tétrica y dramática, que sentarme a escribir implique para mi de antemano dejar correr lágrimas, cerrar el pecho y abrir una discusión con mis fantasmas. Por pura costumbre, porque me encanta el dolor y las mil sensaciones que produce, porque lo extraño y necesito que arda adentro para seguir sintiéndome viva.

Mis culpas son por tu culpa.

Y si esta noche, o tal vez mañana, o en la semana, volviera a equivocarme, quiero dejarte el cargo de todas las culpas. Consumiste en segundos la fuerza que reuní durante días para salir adelante. Me estás apagando, ya casi no me queda más para dar y los últimos esfuerzos que le robé al infierno me los anulaste. Te amo, y sin embargo me hace tan infeliz no sólo lo que nunca me diste sino ahora también lo que me estás quitando. Quiero tenerte pero tal vez puede que con tu sonrisa petrificada en un portaretrato me sea más que suficiente.

Cuando disfruto lastimándome, vos sos el primer motivo que se me viene a la cabeza ¿sabes? Mintiéndote, es la única manera en que me permito devolverte el dolor que me provocás... porque te lastimo en silencio, por la espalda y aprovechándome de tu inconciencia. Porque sé lo que me amás, pero sos tan hijo de puta que destrozándome pensás que me salvás. Ahorrate todo, hasta la compañía. Siempre pude sola, lejos de ser un bastón, fuiste las murallas que con los golpes me desfiguraron prácticamente la vida.
No quiero exagerar, pero estás inhalando mi aliento, alimentándote de mi sufrimiento, dejé que me vaciaras por años, pero ahora puede que quizás me importe reservarme un poco de alma para seguir viviendo mañana. Y sin embargo ya es tarde, es viernes y otra vez me dejaste sola llorando, y aunque tenga tantas cosas por delante ahora sólo puedo pensar en las miles de maneras en que puedo castigarme por ya no sentir como antes.
Me decías que te ardían mis heridas, que tus ojos lloraban mis lágrimas, que el dolor del corazón era compartido. ¿Pero sabes que?, la realidad es que yo soy la única que luce cicatrices en sus antebrazos, yo soy la única que tiene la memoria manchada con vodka, sangre y calorías, yo fui quien creció lejos hablando sola con el silencio. ¿Vos qué?... vos nada más te enteraste un día, lo lamentaste y a la mañana siguiente volviste a lo mismo. Vos sufriste un solo mediodía... yo en cambio perdí la cuenta de los días.
Hagamos un pacto, soltame la mano y yo te prometo jamás abrirte los ojos para que veas en que me convertiste. Ahora dejame, estoy ocupada pensando en cómo castigarme por odiarte tanto.

Enfermarme para curarme

Necesito enfermarme mucho, mucho, mucho, para curarme y salir adelante de nuevo.








.

Mil doscientos días

- Hace tres años que prometiste sacarme esto de encima. Siete
días te alcanzaban juraste, y te creí, desde la primera vez hasta el día de
ayer, y ahora cuando me vaya a dormir, (dentro de un par de horas cuando el sol
se asome por debajo de una baldosa) tal vez vuelva a cerrar los ojos y tras un
suspiro sospecho que mi dolor va a torcerse para creerte una vez más y como
siempre… creerte y creerme que para el crepúsculo del próximo domingo vas a
amarme finalmente.
Cierto día me confesaste que lo próximo no se aproxima
nunca, y que el futuro permanece
estático, justo enfrente, donde no
podemos alcanzarlo porque en cuanto lo tocamos lo volvemos presente. Sí,
realmente es un mero concepto que no está entre nosotros, una ausencia, una
proyección que crea nuestra mente sobre el tiempo. A veces me pregunto si quizás
yo debería enseñarte cómo hacerlo, pero si manejo tus manos, si las apoyo en mis
senos, acerco tus labios a mi frente y me recuesto sobre tu pecho… ¿cómo sabría
si realmente estoy amándote a vos, en vez de seguir amándome a mi misma a través
del engaño de una fantasía?
No puedo distinguir cuál es el límite en donde termina mi idealización y comienza tu carácter.
¿Abrá realmente algo que los divida, o es que dejaste que tu personalidad se funda con mis sueños para
convertirte en silencio y sin serlo en quien yo esperaba que fueses?
Cuando ambas estemos de acuerdo, cuando yo calle y vos me otorgues,
cuando
logremos hacer que las miradas sean sinónimos de las emociones que fermentan de
nuestros cuerpos, entonces sólo ahí vas a ser alguien muy diferente a la bella
dama que hoy duerme y sólo vive cuando yo sueño.


Y después de que yo te haya explicado todo esto, hace un par de noches cuando aun siendo febrero nos supo sorprender el invierno, tomaste mis manos inertes y las besaste despacio, me arrancaste la sorpresa, le diste vida y así como despertó salió por la puerta a difundir el milagro. Hubiese deseado que usaras tus pulgares para enjugarme las lágrimas, pero en cambio las barriste con tus palabras:


- La sed de amor; la necesidad de volver a ser dependiente
porque el placer que te inspiraba la libertad de rendirte cuentas sólo a vos
ahora provoca dolor y más dolor; la ansiedad porque invadan tu soledad cuando
tan enamorada estás, esa lucha interna por abandonarla cuando sabes que alejarte
te dejaría aun más sola que antes. La fuerza mental, la paciencia de tantos años
y la voluntad que invertís en los deseos por intentar transformarme impiden que
yo pueda enamorarte. Tal vez tenga un paso pausado, una mirada desencontrada a
tus fines,
tal vez no conozca la euforia ni trasgreda los límites, pero soy
totalmente transparente, sin recovecos, ni cajones, ni nudos en los rizos de mis
cabellos.
Soy aquello que te falta para sentirte completa, realizada y
llena, te ofrezco las piezas que encajan en tus espacios vacíos, que tapan esos
huecos por donde sopla el viento frío, y se escabullen las dudas, esas que
voltean tu cabeza de mil formas hasta dejarte confundida. Tengo un as de
responsabilidad, uno de seguridad, otro de autoestima y otro de equilibrio, y
cada día bajo mi manga van apareciendo nuevos de palos distintos. Quizás ni
siquiera me moleste si me reprochas por ser un poco aburrido, pero al final, si
es que no consigo convencerte justo ahora, vas a darte cuenta que no soy en
ningún sentido posible lo que querés, pero que en cambio nací y vivo para
satisfacerte, porque me moldee para ser exclusiva y únicamente lo que necesitás.
Y puede que te pases los días pidiendo la cura para mantenerte enferma… pero
dejame decirte sin rodeos, que elegiste este modo de vida porque siempre fuiste
demasiado frágil, temerosa y orgullosa como para acercarte y permitirme tomarte
por el brazo.



Cuando las palabras se pausaron en tu boca y tus labios tiesos se volvieron al violeta de nuevo, lo entendí clara y puramente.

- Es fácil no tener nada, porque entonces no existe cosa que
puedan quitarte y así te mantenés a salvo. Pero hace más de mil doscientos días
que ya estoy cansada de no tenerte.
Dejame ganarte.

Te imploré. Y contestaste:


- Nunca te lo impedí. Y ahora aunque no seas una de esas
mujeres que se dejan llevar por la mano,
¡hace un excepción y agárrame bien fuerte que acá vamos!

Obsession

¿Alguna vez te preguntaste el por qué del titilar de los dos puntos que separan las horas de los minutos en tu reloj digital?

Son las tres de la mañana, todavía es de madrugada. Me arrancaste la almohada pero me dejaste el sueño, y con él la tortura del desvelo. Salgo a la calle, porque adentro está lloviendo tu recuerdo, y me subo a la avenida que de alguna manera me llevaría hasta el lumbral de tu puerta.
Alguien podría estar soñándote mientras vos das vueltas con tu sábanas… o con tu pareja. Mientras el café se enfría porque tus manos de hielo congelan la cerámica, el vapor está deseando precipitar con el contacto de tus labios.

Yo podría ser tal vez parte de ese horizonte donde cada desayuno ahogas la mirada. ¿Alguna vez lo imaginaste, me desgranaste de esa masa grisácea donde se funde las millones de imágenes que tus ojos no alcanzan? Yo podría ser tal vez más fría que tu indiferencia y quedarme congelada con el desvío de tu mirada.
Mientras das vuelta la sexta página desde que me dejaste atrás, tal vez yo te espere en la contratapa para convencerte definitivamente a retomar esa novela que dejaste tan olvidada.
Y ahora cuando estoy pasmándome con el sensualismo del trazo de tus palabras, tal vez sientas una suave picazón en la sien y no entiendas muy bien por qué. Puede ser que esta sea la última vez que te invite a ser el protagonista de una de mis fantasías, y como es una despedida, voy a ser que de todas sea la más bonita. Entonces puede que mañana despiertes con una sonrisa y no lo entiendas, es que no recuerdas que anoche te robe el alma por sorpresa sin que pudieras darte cuenta.

Cuando te descubras pensándome, no sabrás mi nombre, ni mi color de ojos ni tendrás la certeza de mi existencia. Cuando me busques sin referencias y finalmente no me encuentres, mi venganza estará satisfecha, con una necesidad anónima abierta en el profundo anhelo de tu pecho.

Un pasado compartido

Su mirada trazó una línea diagonal, atravesando la cuadra sedimentada en algunos fragmentos, con árboles secos, algunos ya muertos y otros todavía evocando a alguien que los incluyera en sus recuerdos. Había chicos, abuelas, deportistas y parejeras... y aun así no era una plaza, al menos no para ella. Cuando miraba como día a día las hojas se amarillentaban por la amenaza de un otoño precoz, no encontraba en ello naturaleza, en cambio hallaba la retrospectiva de su propia vida. Quizás dos octubres atrás, o tres febreros, cuando los bancos eran de un verde más intenso, y las hamacas y toboganes tenían menos máculas de óxido en sus pilares y asientos.
Ahora los cordones eran el perímetro de un ambiente antiguo, de rasgos cansados, como todo espacio público que ha sido víctima del deterioro que provoca la juventud en sus deseos de expresarse libremente, y de explorar nuevas formas de diversión a partir de la destrucción de los esquemas, del orden y de lo sano.
Desde una distancia prudente ella había presenciado hasta los más mínimos detalles del envejecimiento periódico de esa inmensa manzana escasamente arbolada, la sociedad había echo allí lo mismo que le hizo a su alma: pulir su brillo hasta apagarlo, hasta que ya no quedara prácticamente nada. Reduciéndolos a ser un escueto lugar, o un miserable ser humano más, que sólo podrían ser apreciados por el dolor que inspiran en sus espectadores, por ese aire taciturno y nostálgico, y esa sensación de estar reprochándoles que los hayan usado, maltratado y luego olvidado.
Eran dos espectros acromáticos, en un mundo fluorescente que en el encanto del fulgor relegó la profundidad. Allí estaba la conexión que la unía a esa lugar devastado que tantas historias podía contar de ella: románticas, cotidianas, de persecución y hasta tragedias. Sus peores años y los de mayor experiencia.
Debió ser temor al pretérito, lo que la obligaba en un acto automático a cruzarse de vereda, y mirar de reojo a quienes estaban actualmente usurpando sus calles viejas, dándose sus besos, meneando sus hamacas, estallando sus carcajadas... Cada mediodía, tarde o noche toleraba ver cómo alguien más vivía su pasado.

Si se le hubiese concedido el reloj de arena, creo que en vez de virarlo, hubiese agrietado su vidrio para robarse alguno de sus granos, entonces así llevarse consigo algo de todo el tiempo que había dejado correr en vano.