¿Vos sabes lo que es despertarse un jueves creyendo que todavía es martes, y que te chupe un huevo si dios existe o no, y lo único que haces es preguntarle y preguntarle una y otra vez por qué carajo se rehusa a aceptarte, o a dejarte? ¿Cuándo es que se va a cansar de cerrarte la puerta y golpearte el tabique hasta enterrartelo en el cerebro? Y entonces ves que estas rodeada de tanta gente pero que ninguna es tan alta como para espiar más allá de la muralla de metro y medio de alta que vos misma te construiste alrededor para asegurarte que nunca nadie jamás corrompiera tu sagrada soledad? ¿vos sabes lo que es llorar diez veces por minuto la madrugada entera arrepintiéndote de haberla construido y sintiéndote una estúpida, necia e inútil incapaz de poderla tirar abajo? ¿Vos sabes, de casualidad, lo que es sentir que podes vivir después de haberte muerto tantas veces, pero de repente darte cuenta que esa esperanza es una ilusión utópica, una irrealidad que formuló tu cabeza en un arranque de desesperación confusa?

¿Sabes entonces lo que es llegar al límite un día, tan cansada de haber llegado tantas veces que decidis sobrepasarlo y gritarle al mundo a los dosmilquinientos vientos que estas enferma, que te estas muriendo y que el mundo entero se ponga de acuerdo en simular indiferencia? ¿Sabes lo que es que entre tanta ruina baje gente hasta tus pies, minimo una vez al mes, a decirte que te entiende, y con la ilusión que eso genera, los dejás seguir hablando y entonces enseguida te acusan de boluda, estupida y retrasada por haber desperdiciado tanto tiempo, y te tiran frases de apoyo y entusiasmo, animándote a salir a caminar, tomar sol, leerte un libro o irte de viaje a la concha de la lora… y entonces te das cuenta de que son unos reverendos pelotudos como todos los demas que viven adentro de una burbuja color de rosa y que en vez de cabeza tienen un nido de pajaritos muertos, que no entienden un carajo de lo que les estás hablando, de lo que te abruma, de lo que no te deja seguir caminando y te vuelve loca día tras día hasta fundir a tu cerebro?

¿Sabes lo que es que se te acerquen cada día flacos y flacos sin vergüenza , desde doce años hasta ochenta y cinco años, con el disfraz de príncipe intelectual, ofreciéndote la felicidad, y apoyándote, y reconfortándote diciéndote que te leen, que te entienden, que no estoy sola, inflándote la autoestima, (que ni siquiera se dan cuenta que enterré bajo tierra hace años y ahí todavía sigue muerta) e ignoran que sus propuestas son tan evidentes, tabulándote de hueca, mogolica y retrógada, cuando en realidad estas plenamente conciente de que cada palabra que escupen esconde el mensaje subliminal (inimaginable, ojo!) de quererte coger por adelante, por atrás y hasta por la oreja? ¿Y cuando encontrás a uno que aparentemente es diferente, bastan siete días para darte cuenta que en realidad eras tan pelotuda como todos los otros creían, porque te tragaste elchamuyo más barato y menos pensando, y que ese que subiste al pedestal era un magnánimo hijo de puta como todos los demás?

¿Decime, la puta madre, sí vos sabes lo que se siente tener un hueco vacío, el pecho helado, las expresiones inmutadas, las manos cortadas, los tobillos rotos, las esperanzas consumidas, los días vagos que hacen ctrl C, ctrl V y se vuelven a pegar sin cansarse, haciendo de tu vida una infinita basura aburrida? ¿Decime si sentis vergüenza de tu pasado, desinterés por tu futuro y crees que tu presente ni existe? ¿Decime si te duele tanto y por tanto tiempo que llega un día que francamente no te importa nada una mierda? ¿ Y que amas, pero crees que nadie lo sabe, y te culpas por la incomunicación que hace que de pronto todos dejen de amarte? ¿Decime si ves a los demás, a esos que tienen una vida que ni siquiera puede llamarse vida, porque está amputada por donde la mires y aun así viendolos destrozados, los envidiás, envidias esas ganas que tienen, esos deseos por estar mejor, ese empuje que los mueve? ¿Decime quienes están peor, si ellos o yo… no quien debería, sino quien lo está?

Decime, por favor decime, si alguna vez se te acabaron todos los motivos, y te preguntaste ¿qué carajo hago ahora, habiéndolo intentado todo?

Reportándome

Sólo estoy reportándome, todavía sigo.

No se más que hacer, dentro de muy poco, y presiento que va asuceder antes de que caiga la noche, voy a flaquear y dejar en las manos de quienes me asesinan amándome, el resto de lo que nunca va a empezar: mi futuro. Que hagan lo que quieran con él, conmigo y con la nada que me estruja el pecho y me aturde en las sienes. Que saquen el veneno y me dejen vacía, limpia, estúpida, incapaz de sentir, de pensar, incapaz de ser yo, y entonces darles la oportunidad de que sientan que controlaron la situación, que me salvaron, me curaron y consiguieron que quizas no esté feliz, pero que al menos deje sentenciarme, condenarme y sentir que dejo escapar un poco de vida a cada exhalo. Mientras que en realidad estén anestesiando mi razonamiento, dandole morfina al dolor insistente de mi alma, y tapándome los ojos para dejar de ver que hay, quien soy, adonde vamos y quienes faltan. Me quitan la vida para que pueda vivirla. ¿que paradójico no? Asesinan a quien realmente soy sólo para evitar que yo asesine a quien nunca querré convertirme, y así hacen de mí un ente inanimádo, un ser desalmado, un numero infímo entre el infinito, sólo para que yo deje de destruirme, de amargarme... porque aparentemente soy la única, al parecer en toda la existencia, que tiene un paladar capaz de detectar que en realidad la vida sabe a amargo, y no existe azúcar capaz para atenuar su acritud.


Deformen al ser monstruoso que idee para mi carta de presentación. Están autorizados a terminar con el trabajo que incié yo misma y que llevé adelante muy bien, culmínenlo, denle fin, sí, destrúyanme. Lo hubiese echo bastante más rápido, pero si su juego es hacer más profunda la tortura y alargar el plazo, adelante, estoy en sus manos.

No se como no se dan cuenta, el amor me consume, el amor desmedido hacia ustedes. Este círculo repetitivo se encargan de reanudarlo....ustedes, ustedes, los unicos que podrían revertirlo.
Esa luz en mis ojos que los enamora como padres y los llena de orgullo... esa es la luz que están apagando.

Desconociéndome

No tengo demasiado para decir, últimamente trago las palabras y logro digerirlas bastante bien. No puedo negar el pavor que siento ante el poder de mi mente, ante el funcionamiento imparable de mis neuronas, ansiosas por devorar mi vida en un análisis de una profundidad sin fin. Estoy asustada de mí y de lo que está revolucionándose debajo de mi piel. Estoy completamente aterrorizaba por esa persona que esta floreciendo en el centro de mis entrañas, estoy volviéndome una pesadilla para mí misma. Exhibo un cambio externo que es sólo el más mínimo efecto del Apocalipsis que sufre mi alma a la luz de las llamas que revisten el interior de mi cuerpo.

Quiero decir tantas cosas, pero evito enfrentarme a la situación de reformularlas, ordenarlas y prepararme a darles vuelo hacia oídos sordos que sólo acatan las voces de las imágenes. Nadie podría entenderme, ojalá este equivocándome. Sólo necesito una sola, única persona, un insignificante ser humano entre tantos, que tenga el cerebro partido hacia la mitad y este dispuesto a volcar en él este desastre ordenado en prosa. Que me entienda, lea con interés y comprenda porque digo A en lugar de escoger decir lo mismo usando una B.
No voy a convertir esto en un pedido de ayuda a la solidaridad, pero estoy escapándome de mi misma y me doy cuenta que no estoy yendo a ningún lado. No quiero un guía, quiero a Alguien que lejos de decirme como seguir tirando, simplemente localice en su mapa de vida la ruta que hoy estoy trazando, porque para el resto (considerando que Alguien existe) sólo vivo asustada en un pueblo fantasma, tan horroroso y fantástico que convierten a mi mente (en un halago) en un autor del estilo de Stephen King. No lo niego, vivo de forma exagerada, las angustias pesan tres veces mas y las alegrías... bueno esas son producto de mis inventos. Pero tengo raíces que explican la copa de este árbol turbulento, y no me importa que nadie lo vea, crea, o entienda, yo sigo enfrascada en resolver el acertijo que explica mi nacimiento.

Acepto cualquier mano, sola no puedo. La única forma de salvarme es esa que todavía no encuentro.



Ojalá la vida se apagara tan fácil como un cigarrillo, y se fumara con el mismo placer y la misma sencillez. Pero al parecer cuesta un tanto más.
No se si dios no me quiere cerca, no se si realmente me mantiene viva porqué hay un porqué que explica la raíz de mi existencia, ni tampoco sé si él es una bendita farsa y lo que me hace permanecer, es la suerte o la pura coincidencia.
Pero para la ofensa de todos aquellos que hoy luchan por permanecer, yo recibí el regalo perfecto y aun así lo desprecio.



Me gustaría empezar a usar verbos en pasado, pero creo que todavía es muy temprano para asegurar que después de visitar el inframundo, ahora voy rumbo al cielo y más allá, jaja. Fue feo, fue necesario, fue horrible, espantoso ¿mas que digo? Fue el peor fracaso y el mejor de mi vida. Antes, después, pero siempre en una misma línea y siempre es hoy. Mañana es un deseo sin pulir y el ayer una espina que nos apuñala en la sien...
Y cómo duele.

Vengo sin promesas, ahora me caen los fármacos y un ejercito de soldados con bata blanca. Ahora me llueven abrazos de los seres que más amo, y preguntas frecuentes sobre mis múltiples estados de ánimo. Ahora tengo todo el amor que necesitaba, esa atención infinita y sin reclamos, esos hombros adonde siempre anhelaron huir mis lágrimas... pero lamentablemente ahora, cuando mi memoria tiene fotografías de un vaso a medio llenar con vodka...
Nada de lo que sucede se borra, y aunque no todo quede a la vista en forma de cicatrices sobre mi piel, aquellas más profundas que no se ven, son las que con el tiempo más van a arder.

A veces uno transforma en actos irreversibles, situaciones que podrían haberse manejado dócilmente con palabras. Pero yo soy víctima de los impulsos y de la efímera felicidad espontánea, que a la larga cobra caro. Y estas lecciones que ahora enumero como el padre nuestro, las aprendí hace un par de años, cuando indagué cuales eran las reglas para luego poder romperlas. No es divertido, es un maldito laberinto, pero pienso encontrar el ‘afuera’ de toda esta mierda :)

Perdón

Siento que ya no hay nada para mí en este lugar (lease Blog).


Lo hice una vez más, lo intenté, pero acá estoy de regreso otra vez. Quizás cuando encuentre un poco de paz llegue el momento perfecto para arrancármelo y plasmarlo finalmente en este sitio o en una amarillenta hoja de papel. Pero por ahora no, por ahora quiero salir, y el primer paso es buscar el perdón de todo aquellos a los que estaba asesinando mientras llevaba a cabo mi suicidio.

Perdón. No es la palabra más dificil, sino la palabra más pequeña para expresar un sentimiento tan profundo como el arrepentimiento.









Sí, te lo prometo: Nunca, nunca jamás.

La soledad hace desastres

Hay un vacío inmenso, un espacio inquebrantable. Cuando no escribo soy feliz… cuando creo letras es porque la ando buscando. Corrección: cuando no escribo es porque sobrevivo plácidamente, cuando empiezo a escupir letras es porque nace la desesperación por aferrarme a algo que me ayude a permanecer.

La soledad hace desastres, y así estoy. Con pocos nombres en la cabeza que anda nublada y ya casi ni puedo leerlos. Estoy embriagada de una soledad que me necesita y yo la merezco. De algún modo, no sé dónde es que fallo y vuelvo a ella. Tropiezo una y otra vez y espanto hasta el cielo dejando un agujero que limita mi existencia de la del resto. Estoy tan vacía, en este sitio que existe sólo porque yo lo entiendo, porque mi cabeza pensó, lo creó y abrió una puerta hacia ningún lugar donde nadie puede entrar, porque no creo que ocupe un espacio real.

Vivo en una mentira errónea producto de mi parte negativa, me refugió ahí para observar el espectáculo de mi derrumbe cuando ya nadie más puede encontrarme. Y me armo una y mil veces con las piezas equivocadas dejando una bestia donde solía habitar mi alma. Me avergüenzo de ser el espacio que separa dos palabras cuando tengo tantas letras con que rellanar esta y todas las páginas. Paso, sólo paso despacio, desgranando el tiempo, consumiendo mis años, malgastando todo ‘eso’ que se que guardó pero todavía no aprendí cómo usarlo.
Vengo reprimiéndome, y lo único que voy a lograr es repetir la historia una vez más. Vuelven los vicios, vuelven los errores y me arrimo al borde…. A ese filo vertical dónde el caer podría no tener marcha atrás. De nuevo estoy recuperando la sensación de ser invisible y recomienzo a pensar que tal vez no les importe que lleve a cabo algunos deslices más. Sigo acá, pero no estoy. Cada vez se me vuelve más complicado remontarla ¿saben? A veces me arriesgo a ilusionar con que la elasticidad de mi fuerza y mi paciencia se extiendan tanto como la tortura en la que estoy envuelta, pero en momentos como estos me doy cuenta de lo absurdo que eso suena. Cuando la responsabilidad ya ni me responde, y mi instinto de supervivencia se extinguió en el fondo del ataúd de la esperanza.

Una sopa de letras… bueno este texto es el vómito de lo que alguna vez fue una sopa de letras y que nació a partir de la culpa y de sentirme tan llena de nada. No estoy enferma (en ese sentido) es como usualmente trato a mi vida. La doy vuelta en todas las maneras posibles esperando que devuelva sorpresas, desgracias o algo que me sacuda los días, y me confirme que todavía queda algo vibrando debajo de mi piel.

Ahora creo que van a entenderme cuando vuelva portarme mal, y cuando parezca que lejos de cuidarme estoy asesinándome suavemente otra vez. Necesito cometer errores para seguir, necesito más caídas y más dolor, para entonces así intentar erguirme otra vez. Necesito evitar las lágrimas de los demás para yo poder llorar en paz. Empezando por desaparecer y escurrirme entre extraños que sólo vean hasta la superficie ficticia que cubre mis retinas.

Quince días soportables, ligeros, suaves. Pero me caigo. No pienso preguntar nuevamente cuanto más de todo esto. Sé que puedo salir cuando yo quiera, cuando yo finalmente aprenda a hacer de mí misma la única compañía necesaria para valorar mi vida.
Nunca fui egoísta, y si no conozco la felicidad propia es porque siempre estuve preocupada por la de los demás. ¿es así? No se, me lo dijo una persona que me conoció no más de veinte minutos, pero creo que le dio en el blanco. ¿O será que me siento tan mala persona que busco desenterrar motivos que no existen para explicar que al menos las causas que me llevan a ser tan despiadada son nobles?

No les prometo rehabilitación, ni siquiera intentarlo. Estoy exhausta y sin remordimientos, sin condiciones, sin vergüenza, sin pensarlo siquiera una sola vez… voy a hacer lo que se me antoje. No soy así, la vida que hice me volvió así. Yo soy mejor o eso me gusta creer, pero las condiciones que cree me impiden ser quien verdaderamente duerme en mi interior (si es que todavía no me asesiné).

Next!

Siguiente.
No se si es culpa de Disney y de todos sus principitos, o es culpa mía por tachar al planeta entero y poner un circulo enorme en una sola persona, que ni siquiera sé si quiero, es más creo que es simplemente el fin de un mero capricho nuevo.
El problema radica en que cada vez que cierro ese circulito y elimino a la persona que estaba adentro, empieza un vale todo, jaja, y las cruces se convierten en invitaciones y de pronto me anudo un moño rojo al cuello.
De un extremo al otro, soy tan incoherente. Y creo que lo peor de todo es que el fin clandestino de todo esto es seguir autodestruyéndome con la ayuda de terceros. Necesito que me lastimen, quizás por haber apostado y perdido todas las fichas en alguien particular, o tal vez sea sólo (y tengo que admitirlo) que me gusta el hecho de variar.

No se, estoy un poco frustrada, por esmerarme, conseguirlo y desilusionarme. Y después simplemente reconfortarme con la idea de que obtuve lo que quise, sí esta bien lo “alcancé” pero no te olvides que no era lo que buscabas.
Puede ser que me esté divirtiendo... ¿pero que hay si ya estoy cansada? ¿Si de repente necesito poner lo pies en el suelo y despegar de nuevo? ¿Que hay si paso el tiempo bebiendo pero no me lleno?

No, ya sé que es evidente, ya sé que es lo que quiero, pero todavía lo niego y pienso seguir un rato más en juego.

Qué te pasa?

Si me preguntaría cómo estoy en este mismísimo instante, no sabría con precisión que contestarme. Por lo general cuando empiezo a escribir me baso en mi estado de ánimo. La variación de los mismos se limita únicamente a dos estados: mal o con esperanza. A veces pueden estar mezclados, pero fuera de ello no experimento otro tipo de sensación general.
Sin embargo esta noche me siento demasiado bien para considerarlo mal, y un poco vacía para hallar dentro de mi esperanzas por algo. Ni una ni otra cosa. No sonrío, no lloro, no tengo ni siquiera la sombra de un rostro de póker, mis ojos inmutados cuentan el día de hoy abiertamente, y no hay nada que contarles.
Voy a arriesgarme a aproximar mi extraña situación de esta madrugada a simplemente estar haciendo tanto nada con nadie que me volví nadie mientras la noche se hizo nada.

Presiento que lo que se me está complicando arduamente para expresarles es lo que la gente sufre en el día a día. Sí, definitivamente esta noche me siento más normal que de costumbre, o más bien me siento normal, común, ordinaria por primera vez.
Expresarlo me dio asco, tal vez esté equivocada.

Los días empezaron a volverse menos complicados, me propuse ante todo alimentar la voluntad y dejar que ella marcara los pasos a seguir, y así voy. Transitando por el segundo mes vacío, donde las obligaciones estiraron las alas prometiendo volver tan pronto como se hagan presentes los primeros rasgos del otoño.
Vacía, puede ser una muy buena palabra que signifique más de lo que están leyendo.
Sé que podría, (más bien sé que puedo porque de hecho estoy haciéndolo) alcanzar lo que quisiera. Sé que lo más difícil de conseguir es la ambición sin miedos y luego el empujón, un primer paso y la carrera ya es nuestra desde el comienzo. Lo sé pero hacerlo sería demasiado obvio y entonces me envolvería en el todo donde se incluye a las personas y se las rotula masivamente como gente.


A veces me pongo a pensar que hubiera sido de mi vida si hubiera hecho las cosas relativamente bien, acorde a las enseñanzas, la moral y todas las pavadas con las que me fueron formando... probablemente no estaría enemistada con el espejo, seguramente el título de este blog no sería fronemofobia, sino tal vez alguna frase cursie robada de alguna poesía anónima, como “[...] porque el fuego que soy no está encendido”, jaja. Seguramente seguiría escribiendo en versos sin haber probado jamás la soltura de la prosa. Mi vida sería una línea recta, mi cabeza tendría una sola frente y los colaterales de este mundo jamás me hubiesen sido revelados, porque estaría demasiado preocupada en alguna cita de mañana como para percatarme que ahí estaban. Conocería probablemente un mil por ciento más de las personas que conozco, no necesitaría amigos, porque jamás trataría temas difíciles porque claro está, mi vida es muy sencilla y tengo la gracia de que sea absolutamente perfecta, por lo que ‘amigos entre comillas’ me hubieran bastado y tendría cientos de ellos.
Sería feliz, plenamente feliz, porque nunca hubiera excavado en el significado sin fondo de aquella palabra y cualquier suceso satisfactorio me sabría a una falsa felicidad, penosa pero suficiente para enredarme en una dulce mentira que me convencería de creer día tras día. Mi vida sería figuradamente igual a la actual, claro que sacándole la parte fatalista, la depresión, el análisis, la ambición y cualquier tipo de razonamiento coherente. Llana, correcta, aburrida, pero como debería.
¿Hubiera existido alguna manera de darle “alto” a la velocidad de mi cabeza? ¿hubiera existido alguna forma de aniquilar mis intereses por lo que hay detrás de cada objeto superfluo?, ¿hubiera existido manera de asesinar mi progresiva manera de pensar?
Si la hubo, ya es demasiado tarde. No me da igual, en el fondo agradezco la imposibilidad.

No me gusta en lo absoluto la idea de enderezarme. Creo que eso es lo que se esconde atrás de estas letras desordenadas que no paran de dar vueltas: el saber que de alguna manera estoy, no bien pero sí dejando de estar mal, y me sumo a una cantidad infinita la cual me quitaría mi valor. No puedo volver a lastimarme, al menos no directamente. Pero quizás consiga hacerlo mediante alguien más mientras me ocupe de atender algunos caprichos que en el fondo no deseo.




I wanna be someone else, someone different...





I will be me.

Habían pasado tan sólo pocas semanas y todavía tenía la sombra de la muerte opacando su mirada, el sabor amargo perturbándole la mente con la loca idea del final.
Su ipod retumbaba en sus sienes, incrédula había llevado su volumen al máximo pensando que el bullicio de algún tema del momento lograría hacerla escapar de sus pensamientos. Habría alcanzado los tres mil metros cuando en lo alto de los postes centellaron las luces anunciando el crepúsculo. Corría, con los ojos cerrados escapándole a un pasado que aun manchaba sus talones. Todo era demasiado reciente para poder hacerlo a un lado.

De pronto la iluminaron un par de ojos de un gris profundo, desnudándola con una efímera mirada ávida. Él se escurrió por su izquierda adelantándose, sin despegar sus ojos del panorama que representaba su silueta, haciéndole girar casi completamente la cabeza. Luego se alejó para sumirse nuevamente en su problemas, problemas que todos debían tener y que dejaban florecer en el momento placentero de salir a dar unas cuantas vueltas.
Vio entonces como se alejaban ese par de hombros robustos, ese fantástico completo extraño que veía lo invisible, que la había encontrado aun cuando se creía un fantasma, una simple alma desnuda vagando por la perdición característica que aguardan las plazas.
Alguien más la había observado, y ese simple suceso golpeó su nuca. La idea de existir le heló el pecho, hace unos días hubiera dado tanto por deshacer esa posibilidad, y ahora la poseía: estaba viva.

Acababa de terminar una semana de descanso, alejada del mundo, de las personas que conocía, de las que amaba y las que detestaba cruzar en la cinta obligatoria a la que la arrastraba la rutina. Y ahora había vuelto, los árboles seguían en la misma pose petrificada, los pájaros mantenían las mismas notas, las caras conocidas no dejaban entrever el paso de un nuevo año por sus vidas. Todo estaba exquisitamente camuflado, mantenido tal cual ella lo había abandonado. Esa era la palabra, no se había tomado el descanso de siete días, había hecho el intento de desaparecer por completo, soltándole la mano a su pasado teniendo en cuenta todo lo que junto a él debía “soltar” también. Era un riesgo y lo había tomado. Pero el destino o su propia elección la trajo de regreso y ahora más que nunca se cercioraba de que vivía en un agujero. Rodeada de gente que no la comprendía, gente sin sueños ni ambiciones, personas moldeadas por la sociedad que creían que el máximo logro era seguir la línea de la manera más recta posible.
Pero ella serpenteaba a cada instante, cambiaba la dirección dependiendo de la intensidad del sol, del viento, de las moscas o de sus caprichosas ganas de hacerlo todo a su antojo. Era diferente, y una semana había sido tiempo suficiente para aceptarlo con orgullo. Esa era la causa por la cual diciembre había intentado asesinarla, las mismas causas que ahora le ardían en el pecho encendiendo una nueva impensada alternativa. Repentinamente supo que su vida no había sido creada en vano, que el correr de sus días no iba a estar encaminado a confeccionarse un futuro con el que la mayoría soñaba: felicidad, familia y un buen trabajo. Ella estaba allí para algo más. Sentía en sus entrañas algo más que anhelo, eran las llamas de la certeza, el nacimiento de la prodigiosa seguridad que tanta falta le había hecho meses atrás, el saber ciegamente que su vida debía trascender. La experiencia le había dicho que la muerte la rechazaba aun, que quedaba algo por hacer, quizás algo que le tomara la vida entera por descubrir, un eterno camino deplorable (como ella definía la vida en general y en su totalidad, sin excepciones) que lograría valer la pena en un magnífico instante. Lo supo entonces, y no importó si se tratara sólo de fugaces segundos, pero tan sólo un instante en su vida compensaría la angustia, diluiría el dolor espeso que la abrigaba constantemente. No importaba cómo, ahora había encontrado un motivo, insignificante tal vez e impalpable, una inmensa incógnita que no era más que un misterio, pero en su cabeza era certeza, era tangible y tenía forma, la forma abstracta del valor.
Se aferraría al reto de alcanzarlo y definitivamente vivirlo, tal como estaba predicho dentro de sí misma.

Quería ser alguien más, quería ser lo que por dentro era en realidad: alguien diferente, y negarse a continuar mostrándose, vistiéndose y actuando como quien no era. Si así había nacido debía de haber algún propósito, si tenía ambos ojos destapados, cuando el resto del mundo compartía la descabellada (y mucho más sencilla) moda de llevar uno cerrado, entonces debía utilizarlo para algo más que para redoblar el número de lágrimas en su llanto. La realidad sin anestesia la condujo a desistir de la vida, fue la fortaleza de su alma quien le había fallado, su mente había flaqueado y abrumada por la desesperación y el no poder comunicar a nadie más el espantoso espectáculo que presenciaban sus ojos, había cometido un gigantesco error. Empero, renunciar no le fue sencillo, y la mismísima muerte parecía habérsela tragado y escupido nuevamente a la miserable vida. No importa que hiciera, ella estaba en juego y hasta no terminar no se le permitía retirar la ficha del tablero. Aunque su alma se apagara y su mente delirara en fantasías o demencias, los huesos estaban asidos al mundo de los vivos y se le exigía permanecer.

La respiración se le tornó agitada e incrementó su frecuencia, el sudor deslizándose hasta frotar su cuello la arrancó violentamente de sus pensamientos para devolverla a la vereda de baldosas defectuosas que exigían su atención amenazándola con hacerla tropezar. De fondo, aunque taladraba sus oídos, su mente tituló “Sleeping in my car” de Roxette, automáticamente la melodía la volvió frenética y su paso se volvió ligero, dándole la extraña sensación de que sus pies apenas rozaban el suelo... se sentía flotar.

Treinta minutos habían corrido, empero por su mente habían desfilado los últimos seis meses. Ahora había una brecha entre ellos y el presente, un abismo infinito entre esos días y esa preciso recién nacido anochecer. Esa fisura en el tiempo constaba de siete días, y del cambió de un año de por medio. Si bien todo seguía ubicado en exacta posición que cuando se había alejado, ahora su mirada era diferente y eso hacía parecer al mundo estar vestido con otros matices. Tenía la sensación brillante de que el cielo hubiese vomitado arco iris y que la tierra hubiese ahogado los límites en horizontes que se extendían hasta volver a empezar.
Sentía una ola de positivismo que la inundaba con frenesí, pero pronto se veía atacada por breves espasmos de realidad, manchando su mente con el amargo sabor de la verdad.
Esto era lo que ella era. Por más que había intentando volverse trasparente, hablando abiertamente sobre su dolor infundado, y las maneras humillantes que se ingeniaba para drenarlo, sabía que nos bastaba con ser ella misma a la vista de un público que sólo se hacía presente a la hora de presentarse oportunidad alguna para criticar y apalear la autoestima ajena. No, necesitaba volverse aquello para lo que había nacido. Necesitaba encontrarlo y expresarlo, aun si volviera a desencadenar en suicidio, no debía pasar inadvertido oculto a la indiferencia del mundo, necesitaba gritar lo que el resto no podía por su propia voluntad ver. Lo que hiciese debía ser la expresión de su grito, y escupir esa bola uniforme que tenía tanto sentido dentro de sí misma.

Cuando el rugido del motor de una camioneta aparcada a un costado del camino, la regresó a la firmeza de la tierra, otros diez minutos habían transcurrido, y parecía que su cabeza era una maníaca del análisis, y se encontraba gozando de pasear una y otra vez sobre los pasillos de una nuevo pasadizo que había descubierto en su mente, una nueva posibilidad deslumbrante que estaba empujándola a seguir: decidirse a encontrar dentro de la multiplicidad de sus personalidades a quien había sido llamada a ser originalmente. En otras palabras buscaba su destino, elegía la pluma con cual iba a trazar los finos recorridos, seleccionaba la tinta que mancharía sus días... estaba afanosa por trasmutar las palabras en hechos y que cobrasen vida.



Sin encontrar raíces supo como definirse. Esas mismas razones aparentemente inexistentes que antes la habían volcado hacia el suicidio, rociándola de esa sensación de vacío, esa realidad completamente distinta que ella sufría pero que asombrosamente nadie más veía, y dejándola en la profundidad de una soledad absorbente... se habían invertido en una nueva sensación opuesta, que la llenaba de éxtasis y que se atrevió a llamar algo así como una especie de combustible para incentivar esos deseos (hasta esa instancia ausentes) de vivir. El mismo motivo que antes no lograba definir y sin embargo era suficiente para saber que quería morir, ahora pujaba hacia la otra dirección, y aunque no podía precisarlo, estaba dándole esa energía que impulsaba incansablemente sus pies y hasta llegaba a provocarle chispas en sus labios, que quizás en poco tiempo excitarían la sombra de tímidas sonrisas.


Aminoró la velocidad y dejó morir el trote en un suave andar. Giró sobre sus talones y se encaminó de regreso a casa, todavía enfrascada en la exaltación de imaginar al menos remotamente, que su destino no estaba en el fondo de un frasco de pastillas a los dieciocho años.
La noche era clara, se dio cuenta que era la primera vez que sus ojos veían luego de haberse cruzado al muchacho que le había estacado su mirada. El cielo se teñía de un rosa pálido oscuro, la calle sin faros brillaba, y recordó que si es oscura la noche es porque nacerá clara la mañana... esa noche era al revés, por ende el siguiente día sería plomizo, húmedo y sin vida, ya podía imaginarlo muy similar a los trescientos sesenta y cinco días anteriores. A menos que ella evitara que sucediera y con un soplo lograra despejar las nubes de su pasado que perturbaban la invención de nuevos proyectos en su mente. Si ella lo lograba, entonces en el transcurso de la noche confiaba en que la luna podría soplar despejando la profundidad asombrosa de un índigo digno de ver.

En un estruendo se cerró la puerta y guardó su llave, adentro la esperaba la ritual agonía de un clásico día rutinario. Pero en sus pupilas se delataba la silueta de un brillo, quizás el espíritu de la esperanza que había vuelto para ilusionarla con la idea de cambiarla, cambiarse ella misma y cambiar la historia de su vida y la de alguien más, sospechaba.
[Obsesionada por el arte de las letras]