¡Gracias y hasta luego!

Tengo tanto para decir que creo que si me doy rienda suelta podría pasar la noche entera castigando a las teclas. Pero voy a intentar ser lo más breve y concisa posible, decir lo necesario para poder sentir la libertad de retirarme.

El otro día, en algunos de mis tantos breaks que me tomo en el día para pensar y repensar absolutamente todo, me puse a analizar la expresión que se utiliza usualmente: la de “hacer un clic”, y consiguiente a ello me puse a buscar los ‘clics’ que hizo mi cabeza a lo largo de mi vida... pero para mi sorpresa no encontré ninguno. Al principio me pareció bastante extraño que habiendo vivido ciertos acontecimientos de gran relevancia ninguno de ellos provocara un clic en mi vida, ninguno me bofeteó el alma, ninguno me abrió los ojos ni me desvió de mi rumbo acostumbrado. Si me vuelvo a mirar hacia atrás veo una colina enorme que se alza, al parecer desde hace muchos años que vengo en bajada y aunque por momentos amagué con movimientos ascendentes siempre termino un poco más abajo que antes.
Empleé numerosas variantes para intentar frenar o contrarrestar el declive de mi vida, pero todas fueron esporádicas y poco resistentes, y el motivó está en que siempre fueron negativas: en cuanto un obstáculo se me ponía enfrente yo siempre iba a optar por evadirlo por la izquierda, nunca me interesé por probar por la derecha ni mucho menos se me ocurrió plantarme hasta destruir la barrera y superarla como hubiese debido.
Y fue así como la única manera que encontré de solucionar los problemas era creando problemas mayores que le restaran la conflictividad a los primeros. Al cabo de dieciocho años eso es lo que conseguí, un problemón gigante que encierra millones de problemitas uno adentro del otro, y que si uno le echara un ojo al asunto comprendería que no existe fundamento para la existencia de ninguno de ellos.
Con lo que estoy diciendo estoy contradiciendo todo lo que alguna vez escribí anteriormente, pero tengo que “confesarlo”: jamás de los jamases estuve enferma, psicológicamente hablando, en ningún momento, ni siquiera en el clímax de mi angustia (que por cierto es una falsa angustia, o es real pero la irrealidad se haya en las causas).
Por eso no concordaba mi historial con la persona que, psiquiatras y psicólogos tuvieron en frente, por eso les costaba creerme cuando tan calmada y segura les confesaba mi falta de ganas general. Por eso no entendían cuando hablaba de un hecho premeditado y no de un impulso. Jamás hice algo que no hubiese querido hacer. Pero no pueden llamar depresión o enfermedad a un análisis racional y perfectamente comprensible como el que yo hacía al proyectar mi futuro y tomar respecto a él ciertas decisiones.

Me estoy yendo por las ramas y mi idea no es esclarecer mi pasado, al contrario, pretendo darle un cierre, aceptarlo y llevarlo conmigo de acá en adelante. Ayer me dijeron que el pasado es parte de lo que somos, estoy de acuerdo por supuesto, pero eso no implica que el pasado condicione lo que somos o lo que quisiéramos llegar a ser. Es parte de lo que fuimos, y es parte de lo que nos llevó a ser lo que fuésemos a ser el día de mañana. ¡jaja cómo me la rebusco! No sé si me explico con claridad, pero a lo que voy es que todo lo que está escrito en este blog, por ejemplo, o en los centenares de archivos que tengo en cd’s por ahí tirados, ya no hablan más de mi, ya no me representan, son las raíces de mi historia, son los cimientos de lo que soy hoy, pero ya no puedo llevarlos conmigo.
Fui muy inmadura, y eso me llevó a darme golpes más fuertes de lo que hubiese debido darme, al menos a mi edad. Y por eso hoy estoy llegando a los dieciocho y hago los planteos resentidos de las mujeres cuando están el lumbral de la cuarta década, jaja.
Perdí tiempo sí. Pero fue la única manera que hallé de personificar a la soledad para engañarme de que podía hacerme compañía. Empecé a escribir, empecé a dejar por sentado cada día que yo sentía escaparse en vano. Así nació la decena de fotologs y blogs que me hice, de alguna manera sentía que en esos espacios virtuales yo podía dejar un rastro de lo que había sido, necesitaba un testigo, algo (si no podía ser una persona) que fuera espectador de la intrascendencia de mi vida.
Eso era lo que buscaba... simplemente tener testigos. Y así nacieron las enfermedades también, fomentadas por los medios de comunicación (la anorexia, el self-injuri, etc.) en todas ellas encontraba una manera fácil, muy sencilla, de describirme. ¿quién era? Cuando alguien me formulaba esa pregunta jamás encontraba la esencia para responderla. No era nada, decir que era una estudiante de secundaria, que practicaba algún que otro deporte para los cuales siempre fui muy inconstante, que tenía una familia típica (mamá, papá, hermanos, perro), que me gustaba la música contemporánea, las películas y los chocolates casi tanto como las papas, era decir lo mismo que decir ‘nada’. No me distinguía en ningún aspecto, no formaba parte de ningún relieve de la sociedad llana, era una más sumergida (y pronto ahogada) en un mar de personas calcadas. Las enfermedades surgieron para expresar mi protesta, para decir ¡no! Yo no quiero ser parte del sistema, para morirme en el camino si así fuera necesario, pero ir a contra mano.
Es obvio que es una estupidez total de una pendeja rebelada contra la vida misma. Y esta critica no quiere decir que hoy este cómoda y a gusto de cómo vivo, lo que quiere decir es que no era, bajo ningún punto de vista, la manera de ir a la inversa, de buscarle la vuelta para encontrarle sentido, porque en definitiva lo termine perdiendo completamente.

La causa, quizás, detonante de esta conclusión repentina tiene lugar hace unos días: yo estaba charlando con mi viejo, evocando tiempos pretéritos, y en eso él me comentaba de cuando yo escribía (no se que le hace pensar que ya no escribo más(¿)) y surgió así el tema de mi antiguo fotolog... seguido a esto aclaró lo estúpido que resulta ser el mantener un sitio web inexistente, improductivo, el gastar parte del tiempo de la vida (siendo esta tan efímera) en algo tan innecesario.

Si bien no concuerdo con él al pie de la letra, pero en cuanto me dijo algo parecido a lo que acabo de escribir arriba, sentí vergüenza y evité mencionarle que todavía seguía existiendo.
Confundí el placer que me da escribir y la necesidad por descargar lo que siento, con la huevada de subirlo a internet, de dedicarle tiempo, de publicar los sentimientos. Publicar lo privado, ese es el concepto.
La última psicóloga que conocí (no dure nada por cierto, una estúpida renombrada) antes de terminar la sesión me dijo que estaba bien ser abiertos y liberales, pero que es bueno ser reservado en ciertos aspectos, en ciertos temas delicados, y que yo no podía (más bien debía) ir por la vida contando a los cuatro vientos todo lo que me pasaba.
Haciendo a un lado la pelotudez en que se traduce esto viniendo de parte de tu psicóloga (onda.. si vengo acá pagándote casi tres mil mangos al mes, pretendes que sea reservada con mi vida privada?), llevándolo a fuera de la sesión tiene un poco razón. Nunca fui ni soy detallista y las peores cosas hasta ni yo me las digo, porque logro efectivamente borrarlas de mi memoria, pero el hecho de tener un blog abierto el contenido al publico es digamos... algo equivocado, más no siendo anónimo.
De vivir disfrazada pase a ser completamente transparente y a defender a los gritos todos mis puntos de vista, lo cual no está mal pero tampoco llevarlo al extremo como lo hice yo, sabiendo que lo que defendía no era lo correcto.


Hoy me di cuenta que estoy apegada a lo que fui, que me cuesta dejar de traducir mi vida en letras para dejar al menos un registro, porque sino temo que mi vida se la lleve el olvido. Pero también escuché una muy buena teoría, que no voy a reproducir para no deformarla, que combate ese temor por dejar algo de lo que somos, o el día de mañana cuando ya no estemos, de lo que fuimos, y también se trata de dejar algo así como ‘registros’ de nosotros mismos.
Esta no es la manera, esto de lo único que funciona como medio es de perder el tiempo, es de obligarme a releerlo y mantenerme atrapada siempre en lo mismo.
Seguramente voy a seguir escribiendo, pero la próxima vez que me lean, y sospecho amargamente que no sucederá, será en algún libro con propia editorial, ja. Cansada del estancamiento. Cansada de repetir siempre lo mismo, de que nada me importe, de lastimar a la gente que quiero, de usar a los que me convienen. Nunca fui así y nunca lo hice con tales propósitos, pero el haber llegado al límite en más de una ocasión le restó el valor a todas las cosas, a mis acciones, mi conducta, mi disciplina.
De eso es lo que me hablaba un nuevo amigo, de disciplina, lo que me falta justamente, la falta de responsabilidad, de preocupación. De vivir de impulso a impulso y no medir, no pensar en el después.
Fui así mucho tiempo y hace meses ya que lo cambié, pero seguir envuelta en el mismo ambiente me confunde. Por eso hoy elijo irme, alejarme y cerrar el librito del ayer. Nunca voy a negarlo, en parte agradezco que me haya conducido a estoy que soy hoy, a la seguridad con la que me despierto de saber a donde quiero llegar. Pensaba que nunca iba a salir de mi boca (o por los dedos) esta “declaración” jaja, pero sí, estoy conformada en parte por una Natalia positiva y segura, y hoy le cedo el paso a ella.
No se que depara el mañana, pero algo les aseguro: es muy disímil a lo que hice del ayer.


Bueno chau, tengo millones de cosas para escribir como dije en un principio, pero las voy a guardar para contárselas a alguien que le interese, en vez de plasmarlas en el vacío virtual que me supo acoger muy bien estos años. No se porque esta necesidad de darle cierre, supongo que mal que mal fue mi compañía o mi costumbre cuando más difíciles me tocaron, en parte me ayudó en parte me hundió, como sea, ya conforma una etapa pasada.
Perdón por la mala redacción, no quiero ni releer una sola vez lo que escribí, pretendo dejarlo así, puramente como me salió.

Muchísimas gracias a los que invirtieron su tiempo leyendo, en especial a aquellos que leyéndome intentaron entenderme y se acercaron preocupados, como es de esperarse frente a la tragedia de mis escritos, a prestarme una mano o un oído.

No tiene sentido escribir en una computadora, la vida de cada uno la escribimos a diario en los corazones que tocamos. Y no era la idea darle un final cursie jaja, pero es la realidad.

Y aunque suene a un final feliz, esto se trata de un nuevo comienzo.
Nos estamos viendo! :)

:(

No sabría decirte el por qué, creo que va más allá de ser una pendeja en vías de perder completamente su inocencia. No lo sé, por la misma razón que nadie más lo sabe. Es feo estar de este lado, es espantoso necesitar algo que no pueden darnos, aun cuando paradójicamente eso que necesito no es lo que quiero para mí, ni ahora ni en un tiempo largo. Pero rara vez nuestra cabeza esta del lado de nuestras necesidades y hoy no es esa excepción. Mis proyectos están por ahí, formándose sobre cimientos de seguridad que construí espontáneamente en el renacer que significó el febrero pasado y parte de marzo, pero sin embargo la idea de soledad me acompaña y me enferma. Soy extremista, ya lo mencioné varias veces, y me vuelco siempre tendiendo al todo y si veo que tal cosa es imposible me redujo a nada instantáneamente. Eso es lo que sucedió, buscando algo que disfrazaba con el nombre de pasatiempo me di cuenta que estaba, que efectivamente ahí estaba lo que necesitaba, pero que jamás estaría al alcance de mis manos por algo más que lapsos efímeros de tiempo. Entonces, en frente al fracaso, en frente de la imposibilidad que se me presentaba, el no como respuesta a una pregunta que jamás había formulado, la especulación se volvió certeza con el tiempo y yo desistí evocando la soledad absoluta. Siempre me pasa lo mismo (considerando eso que pasa como consecuencia de la reiteración de mis actos equívocos), por eso me desgarra la idea de creer que con tantos hechos trascendentales de por medio todavía no haya conseguido cambiar nada de lo que fui y siga repitiendo las mismas conductas en reacción a los mismos acontecimientos. Mi evolución todavía no es clara, a veces creo que mi desarrollo consistió en solidificar los aspectos negativos afianzándome a la hora de defender mis errores en vez de suprimir mi orgullo para retractarme y repararlos.
Sin ir muy lejos, se que estuve mal, lo se, pero preferí borrar un episodio más antes que analizarlo para evitar reproducirlo nuevamente en algún futuro (que sospecho próximo).
Resumiendo esta todo mal, no tengo un equilibrio, perdí algo que empecé a querer cuando vi que no podía ser mío. No tiene sentido común, no lo tengo y sin embargo en mi lógica se me presenta como una ley coherente. ¿Y ahora que hago? Que veo que soy esto, que me desenvuelvo en la dirección de alguien con quien no estoy de acuerdo, que dejé de lastimarme directamente pero ahora busco la ayuda de terceros para hacerlo. ¿Ahora que hago? Viendo que cada día se me presenta como una nueva hoja en blanco que mancho con tinta y garabatos y termino por arrugarla y tirarla al tacho antes de irme a la cama. A veces quisiera sacar a algunas personas que quedaron impresas en esas páginas arruinadas por mis incoherencias ¡como quisiera! Pero eso implicaría tener que conservar la hoja... con la persona pero también con todos mis errores que la estropearon. Y la realidad es que no puedo, (así que menos mal que tampoco quiero) y me resta empezar a escribir un libro nuevo hasta que algún día cambie el sentido que le de a las letras y se me de por narrar mi vida en forma de comedia en ves de la acostumbrada tragedia.
Todo pasa, gracias a dios, y yo particularmente lo hago pasar un poco más rápido que el promedio general. Así que ahí vamos, ya voy a estar mejor, y cuando finalmente este bien conmigo, ya no voy a necesitar una compañía lastimosa, ya no me va a interesar que alguien, efectivamente, no lee ‘esto’, que no es más que un suplicio adornado, es un grito de auxilio por un medio que pinto como clandestino cuando en realidad es la parte pública de un alma en ruinas. Y sí, puede ser que haga las cosas mal sólo a cambio de un poco de atención, pero es que últimamente me siento muy común entre la gente, muy poco distinguida, y bueno... las personas que me rodean no son lo que se dice muy afectivas, entonces mendigo amor por el lado de la preocupación. Siempre hice lo mismo, y así corroboro el nivel de interés, de amor, de protección.
Cuando la preocupación es nula, cuando me dejan con la libertad de equivocarme como quiera... entonces ahí me doy cuenta cuan sola estoy entre el peligro de ser yo misma.



No, no me fume un faso antes de escribir esto, estoy triste porque la novedad pasó la fecha de vencimiento y se volvió algo conocido y viejo y ahora ando buscando renovar mis estímulos. Estoy triste porque me di cuenta que soy muy diferente a lo que quiero, que por despecho perdí muchos ( o los pocos y únicos) valores de los que en algún tiempo supe enorgullecerme, de que no puedo conseguirlo todo, de que estoy sola con mi cabeza y no hay forma de escaparme de ella, de que puedo tener más de las veinticuatro horas que tiene el día ocupadas y aun así siempre voy a hacerme espacio para crearme problemas.
En unos días voy a desahogarme más específicamente sobre lo que me pasa, ahora... ahora por las dudas prefiero callármelo por un rato por si las moscas pasan. Soy la persona más trasparente respecto a lo que siento, pero si no resguardo un poco al orgullo que dejé apaleado hace unos días, no voy a conseguir volver a rehabilitarlo jamás.
Así que me voy a charlar con la almohada a ver si consigo que me arranque algunas lágrimas y romper el record máximo de días sin llorar (creo que ya estaré hablando de meses) y sin embargo no es por falta de tristeza o de motivos, es por un escudo (que más que hierro parece aluminio) que me impide liberarme como antes...
Tantas veces pude sola... ésta es una más. :(

"La felicidad del ser humano sólo es posible si éste no exige más de lo que le puede ser acordado [...] el hombre se plantea fines inaccesibles y así cae en la decepción".

Émile Durkheim, El suicidio.


Durkheim tipifica tres tipos de suicidio, entre ellos el suicidio anómico: el suicida por anomía es aquel que no ha sabido aceptar los límites que la sociedad le impone; aquel que aspira a más de lo que puede y cae, por lo tanto, en la desesperación.



(cuando uno se esfuerza vanamente por estudiar teniendo la cabeza, o el alma, en otro lado, sólo se pueden rescatar este tipo de cosas que son las únicas que me atañen)

Me pone enferma tanta sinceridad ♪

No pude definir esa molestia en el pecho hasta que alguien más me hizo notar que esta mañana andaba ‘apagada’, entonces fue que me encontré con la angustia otra vez. Es bastante fuerte darme cuanta que la tristeza ya se me presenta como un estado extraño, es decir estoy desacostumbrándome al dolor. Pero entonces tuve miedo de recocerla de nuevo. Empero, el otro día me colgué leyendo unos textos viejos, de mi blog anterior, y sentí sorpresivamente una conexión muy intima con esa Natalia del ayer... cabe destacar este detalle gravemente negativo, porque reconocerse en la memorias del pasado implica un estancamiento o un retroceso (en el caso de haber avanzado), indica que no hubo progreso durante el período de tiempo que nos dista del momento en que, en este caso, lo escribí. Es decir que sigo igual, o al menos sigo entendiendo lo que fui. En el caso de tener un pasado pulcro, todo perfecto, pero tratándose del mío, esto es motivo suficiente para replantearme para que dirección seguí caminando... y por lógica sospecho que anduve dando vueltas.

Volviendo a esta mañana, basto que alguien más destacara la palidez de mi alma, para volver físico ese dolor inconciente. Me dolió el pecho todo el mediodía, estuve hora y cuarto sentada en el bondi releyendo una y cien veces la misma página y con suerte creo que llegue a subrayar el titulo, los párrafos no tenían concordancia y las letras estaban encismadas. Claramente había tirado mi cabeza por la ventana, sin embargo (y disculpen este desliz de orgullo) mi control mental es excelente y evadí absolutamente todo pensamiento no deseado.
Así fue como entonces me dispuse a sobrellevar el día más triste de abril. Subte, tráfico, gentío y yo insertada en el sistema. Y entonces pasa eso, eso que estabas necesitando, ese respiro que te devuelve el aire en un día de asfixia, eso que te toma por sorpresa y te empapa de alegría. Y que se yo porqué, pero un abrazo en medio de Santa Fe me cambió el día. Y que se yo quien era, o qué buscaba, ese alguien que pedía vino con el seudónimo de ‘extraño’ a robarme con un abrazo la angustia y su sabor amargo.
Esas cosas mínimas, desconcertantes y sin explicación aparente suceden. Al parecer alguien no quería verme llorar el trece de abril de este dos mil diez.

Una y otra vez, y otra vez, y otra vez...

Domingo a la mañana (pasado el mediodía) no estaba bien, no estaba mal, simplemente estaba. No puedo (por más que mi autoestima me lo indique) sentirme mal. Si, puedo ser conciente de las culpas que debería cargar, pero aun así no siento su peso, ni me preocupa la imposibilidad de volver atrás. ¿Ataraxia? No, no es el término, pero digamos que se trata de una profunda y absoluta falta de preocupación por todo. Los intereses son frágiles y pasajeros, y los caprichos llevan el mando. Por el momento la suerte no me suelta la mano, quizás el día que lo haga voy a empezar a sentir ganas de ser algo diferente, de corregirme un poco, enderezarme o ubicarme. Hasta entonces sospecho que voy a seguir errada.
Puede que este un poco enojada conmigo misma, (avergonzada encuadra mejor) sí, estoy haciendo todo mal, pero mal mal, el tema es que es más sencillo dejarse arrastrar que intentar repararme. Vengo con el envión de un pasado turbio que todavía no consigo frenar, y que me hace renovar una y otra vez los errores viejos. No pretendo ser mejor, nada más quisiera evitar volverme quien no soy, haciendo lo que no debería por el simple despecho de que la vida me aburra y que esté en desacuerdo con un montón de moralidades. Me estoy defendiendo nada más. Si nada me preocupa, si nada me interesa, si nada me inquieta, perturba, afecta o pertenece... entonces no hay forma de salir lastimada. Es una excelente estrategia pero imposible de llevar a cabo, uno no puede entrar a la vida y pretender salir de ella ileso. Hay ciertas cosas de las que puedo tomar distancia, pero hay otras que ya me vinieron asignadas al momento de nacer, y esta indiferencia que hoy siento en general vuelve mi conducta incorrecta.

¿Despecho? ¿Inmadurez? ¿Caprichos? ¿Falta de amor propio? Creo que son todas.
Tengo todas las ideas mezcladas, pero en fin, sigo manifestando mi edad con nuevos (aunque ya viejos y conocidos) deslices, se que así no va pero mi cabeza todavía no manda reproches, es más bien una molestia, un ‘autodesagrado’. Estoy cansada y sospecho que estoy envuelta en una situación... ¿cómo definirla...? negativa, y tal vez debería empezar a buscar una manera de revertirla y corregirme, pero puede que no quiera. Siento que debería empezar a preocuparme por mi total despreocupación.

Uno no puede juzgar a los demás por la conducta que adoptan sin analizar antes si nuestro previo comportamiento no los condujo obligatoria o necesariamente a tomar cierta postura. No vamos a hablar de culpas, pero si tal vez de errores, o de formas equívocas de manejarme si es que yo andaba buscando un fin específico y diferente al que conseguí. Y la realidad es que no, no lo buscaba, pero cuando pasó empecé a fantasear con la idea de haberlo hecho un toque diferente, para haber obtenido algo más significativo. Por otra parte mejor así, la única que se arrepintió de haberme vuelto tan fría es esa Natalia estúpida (entre mis tantos ‘yo’) que dura encantada poco más de una semana, ahora volví a ser el mismo ser racional de antes y agradezco mi minucioso manejo por sostenerme distante. ¡Dejame así por favor que estoy tan bien! Y seguí como venías, ocupándote la cabeza esporádicamente de vez en mes para no volverte hueca, vacía y perder la costumbre de calentar las frazadas.
No te preocupes más, estoy enamorándome de vuelta, de lo que tomo y lo que dejo, de lo que acepto y lo que rechazo, de cómo me equivoco y me arrepiento una y otra vez y aun así se hacerme feliz, porque mi memoria no tiene ni ética ni conciencia, y prácticamente aborto al pasado con el día a día. Reconciliándome y convenciéndome de que sola puedo conseguir un amor diferente y más puro y duradero que de otra manera.
No es a lo que iba, pero surgió. Estoy bien, y no es aburrido sonreír, no me siento menos humana por haber dejado de llorar, o menos orgullosa por estar empezando a ser “normal”, de hecho sorprendete con el hecho de que por primera vez me interesó alguien del “montón”, y me entretengo paseando por un sociedad, que aunque no le pertenezca, supo hacerme sentir comodidad.
‘Si no puedes contra ellos, úneteles.’ No me voy a pasar toda la vida luchando contra la vida, ¿se entiende no? Había dos caminos o matarme de una (que no me resultó) o taparme los ojos, vestirme de persona y salir a codearme con el ancho mundo irracional, mezclarme hasta que mi cabeza no funque más, me olvide de lo que fui y voy a ser por siempre, y empezar a creer que tal vez yo sea una más entre los seis mil millones, como lo es efectivamente.
Siempre esperé demasiado de todo, de la vida, de mis viejos, de mis amigos, de una pareja.. estoy cansada de exigir tanto, la única que se tiene que exprimir en tal caso (y por lo menos en esta vida no será el caso, já) soy yo, así que suprimí las expectativas y acepté las falencias que cometió dios, o quien sea, al esquematizar el mundo. Después de todo sigo siendo muy egoísta, y sigo creyendo que yo soy la única que puede (y en efecto lo hago) hacerme feliz, el resto es un complemento indispensable, pero un complemento en fin. (Por favor mi gente amada si leen esto no se sientan menospreciados jaja, es complicado de entender pero yo se que a estas alturas me conocen y saben lo enredadas que andan mis dendritas y axones, por lo que van a evitar hacer hincapié en la previa declaración rigorosa).


Dejeneme pasar, no me pare nadie, aunque mi silencio pida a gritos por un abrazo que disminuya mi velocidad, ignóren mi necesidad desesperada por cariño, mi sed por una charla tranquila, un buen par de oídos y reflexiones cargadas de experiencia y positivismo. Dejenme tranquila que la angustia viene y va, y que sola y con paciencia puedo desligarme de la tradicional costumbre de ‘estar mal’. Por primera vez(?) no quiero que me ayuden, porque ayudarme en este momento me volvería un ser nuevamente vulnerable y con posibilidades de caer mucho más abajo que antes.

Estoy muy bien, y lo reescribo con rosa y con negrita : ESTOY MUY BIEN, claramente estoy aprovechando porque sospecho que en un par de horas me van a dominar unas incontrolables ganas de borrarlo, cuando empiece a dudar y la confusión me lleve inexorablemente a analizar que tal vez no estaba tan bien como creía... (mi cabeza y todo su rollo racional y el blá, bla, blá frecuente de todos los días) pero la realidad es que sí, lo estoy, en este preciso instante estoy excelente y lo afirmo. Pero si en dos horas la cosa decae, por lo menos acá les dejó la prueba en letras de que supe estar bien al menos durante los diez minutos que me tomó escribir esto.

Volviendo a la idea central, ♪ espero que esto dure para siempre ♪ (aunque no al extremo de la eternidad porque me asusta la sola idea de tratar de imaginarme algo infinito, cuando hasta hoy en día no encontré algo que no me aburra a la semana y media jaja).

Me espera una noche larga, un café cargado, un apunte de sociología y muchas pilas porque mañana (ya hoy) es viernes :D

Sonríe y muérte!

Dos de abril
que tu fuiste a conocer,
a esa bella mujer
que te enamorarías así ♪








Necesito cantar a todo pulmón una buena balada, bailar un tema de wisin, dormir doce horas seguidas mínimo, matar a trompadas a alguien especifico (literalmente), tomarme hasta el agua del florero, estudiar sociedad y estado (sí, estudiar), abrazar a una amigo/a, a mi hermana, a algún flaco o hasta al perro, salir a correr por la plaza, darme un beso en el espejo, comprarme un vestido de animal print, hacer un viaje astral, mandarme una cagada muy grosa y después pedir perdón (obvio), salir a fumar una de estas noche sola y con frío, perderme cerca, discutir a los gritos, escuchar lo que quiero, cumplir mis caprichos y finalmente... necesito con urgencia arrancarme todo este amor que me fermenta del pecho (?)-






Forcé la puerta tres veces, a la cuarta me di cuenta que en realidad no quería entrar.





No: Adverbio de negación, se utiliza como respuesta negativa a una pregunta, como expresión de rechazo o no conformidad, para indicar la NO realización de una acción, etc.


¿Y sabes que es lo más maravilloso de esta palabra Natu? ¡¡Que te dejan usarla!!





Job+Psico+Run+Facu= a life (buena, mala, desastrosa o extraordinaria, pero una vida al fin y al cabo)


Cuarta página leída, me lleve el índice a los labios para humedecerlo y facilitarme la tarea de llegar a la quinta, en el trayecto mis manos se empaparon en lágrimas. ¿Hace cuánto tiempo estaba llorando? Cerré el libro y me dispuse a desgranar la palabra Rayuela en cuantas letras ocultara, mientras mis oídos luchaban por librarse de mi alboroto mental para reconocer cierta melodía conocida. El rojo del semáforo me detuvo junto enfrente de una vidriera, y para mi sorpresa mis labios se reflejaron ensanchados figurando algún tipo de mueca... sí, estaba sonriendo. Entre el asombro y lo extraordinario lleve automáticamente mis manos a mi cara y allí se sumergieron en la superficie fría y húmeda de mis mejillas... todavía continuaba llorando.



Y no mamu, vos definitivamente bien NO estás.

Explicame en dónde estaba tu cabeza cuando te robó un beso, donde fijabas la mirada cuando tus tobillos se vencieron y te desplomaste en el concreto, revelame el precio de poder entrelazarte los dedos, describime el lugar adonde viajas cada vez que te pierdo.
Porque ya no necesitás de nadie, porque no extrañas, anhelas ni pedís. ¿Siempre vas a pararte enfrente y mirarme, nunca vas a cruzar la calle para venir a buscarme? ¿Porque no te duele cuando te lastiman, porque no pedís explicaciones cuando te abandonan, porque no hay asombro en vos cuando te fallan? Te alcanza con jugar a creernos, extraer lo que necesitamos y seguir caminando. ¿Nunca vas a tomar una mano segura de que jamás vas a querer soltarla? ¿Nunca vas a terminar algo empapada en nostalgia en vez de automáticamente estar viendo hacia dónde dar el siguiente paso?
Jamás te arrepentís de nada, no es orgullo lo que te impide invocar tu pasado, es desinterés, es estar completamente superada por demás, excederte a arrugar los recuerdos y desaparecerlos como si se trataran de cargas molestas que solo ocupan espacio en una memoria constantemente actualizada.
¿En qué momento fue que te volviste tan fría, tan remota... intocable? Me presionas para que deje de intentarlo, me convences con tu inquebrantable seguridad de que no hay otra alternativa que permitirte volar. No hay que te detenga, que te atraiga, que te aferre a permanecer presente.
A veces me aterra tu independencia, a veces envidio que estés tan conforme con la soledad, tu comodidad en el espacio vacío, tus antojos de renovar a las personas como si fueran vicios. ¿Realmente supiste amar? ¿Como es que todo se borro de un soplido? ¿Cómo es que te aburro cuando hablo de amor, fidelidad y confianza? Hay cura para tu ira, hay calmantes para tu desesperación camuflada, hay un guía para la insistencia de tu mirada.
¿Como puede ser que vayas por la vida errante sin la urgencia de buscar nada?
¿Como podés caminar bajo la lluvia e ir esquivando todas las gotas de agua? ¿cómo podría humedecerte el alma de nuevo? ¿que es lo que te vuelve tan impermeable?
¿Cuando fue la última vez que lloraste por alguien que no fueras vos? Si realmente no te querés como decís a diario, ¿como puede ser que la vida te alcance siempre y cuando te tengas a vos misma? ¿Cuan importante sos que lograste relegarme?

Cerraste los ojos, la puerta y bajaste la persiana. Cuando finalmente pretendas encontrarme a mí o a alguien más, y salgas a la calle, las veredas de hoy ya no van a ser las de antes. Pero mientras te divierte vestir escamas de acero y tener el corazón de hierro, rendirte en las vías a desafiar la valentía del tren que desabordaste por pura cobardía, hacer zigzag en la avenida de los sueños que todavía no se rompieron... todavía. Te propones viajar ligera, por eso no llevas nada ni a nadie. Y sin embargo ignorás que el vacío es lo más pesado de toda tus carga.

¿Y si bien no me alcanza? ¿y si quiero... EXTRAORDINARIO?

Tres horas luchando en el campo del paint, con los pinceles, el borrador, el lápiz y las elipses, tres horas de paciencia exprimiendo la capacidad (o incapacidad) de la memoria de una computadora de la prehistoria. Vale aclarar que no me llevo con la informática y muchísimo menos con las artes plásticas, pero que en cambio la necesidad de trasmitir el dolor de esta tarde era tan insistente y rebuscada que decidí expresarla de una forma más amplia que las palabras, algo un poco más libre, menos directo, algo que tenga un solo significado evidente, pero que comparta ese dejo de tristeza que trasciende de la imagen. Pero bueno, la intención estuvo... el tema fue que a la tercera vez que guardé el dibujito se borró instantáneamente y cerré todo en un arranque de cólera, reposé la frente sobre el teclado y lloré sin llorar (es cuando la angustia en vez de salir, entra, las lagrimas se escurren salpicando tu alma en vez de saltar acostumbradamente por tus ojos, restregarse por las mejillas y suicidarse finalmente en tu pecho). Sí, “llore” por un fucking dibujito que apuesto que le podría haber salido mejor a alguien de menos de seis, un dibujo echo con palitos y que requería de no más de cinco colores distintos.
Y entonces me acordé de los dibujitos que encontré esta mañana pegados en el corcho del consultorio, todos dedicados a una tal Male, eran poco precisos, pero distinguí algún que otro mamífero cuadrúpedo y varias personitas, jaja. Entonces me pregunté adonde se fue toda la creatividad que durante mis gloriosos años de ingenuidad invertí en hojas de recetario y crayones de cera blanda. A donde se fue esa seguridad que alguna vez me empujó a apostarle a ese talento (inexistente) artístico que casi todos sentimos innato durante los primeros años. Adonde huyeron el amor y el cariño desparramados en los trazos de la deformidad de un garabato que a duras penas intentaba asemejarse a un corazón o a una flor. ¿Donde quedó relegada la ridiculez de una sonrisa amarilla y de nubes celestes?
Y cuando creí no volver a encontrar ese amor que hace tantos años regalé y perdí, sonó un celular, se inició una conversación y rápidamente se pactó una cita para las seis. Ahí estaba el amor, ahí estaba volviendo, quizás no de la forma más bonita, pero de la mejor manera posible, en un llamado, en el revuelo, en una charla que ahora (minutos para las ocho) debe estar finalizando.
Creo que pedí demasiado teniendo en cuenta que el pago fue una tonelada de papel sucio con la tinta de marcadores finos. No es que lo haya pedido, al contrario lo desmerecí.
Y sin embargo, leyendo este y anteriores post que sondean el mismo tema reiterativo, podrán darse cuenta que tengo una mochila cargada con tres mil quinientas libras de culpa, que tengo un trauma importantísimo, que estoy profundamente arrepentida, que todavía no me perdonó ni un cuarto de las cosas que (me) hice, y que sin embargo, hermosísima pendeja destruida de diecisiete años (entiendan la ironía), te desvivís por volver a hacerlo.
Tienen razón, lo normal no me alcanza, no me satisface. Lo común para alguien de mis supuestas características no me va. Y sin embargo esto es lo que soy, alguien opuesta a quien debería, rebelada contra sí misma, contra lo que me imponen y contra lo que me promete salvarme (o conservarme) la vida. Alguien que se dio cuenta que la vida está diseñada para los mediocres y que los sentimientos le quedan chicos al cerebro. Alguien jodidamente trastocada que sigue haciendo la huevada de intentar traducir en palabras lo que no tiene sentido ni siquiera estando alojado en el alma.

Otra vez me fui lejos de lo que quería decir. Ahora que estoy más calma (¿dónde?) voy a reanudar la lucha libre con los muñequitos esqueléticos del paint a ver que sale, si tengo suerte y me resta algo de eso que llaman paciencia, después los subo.

Segundo round perdido contra la ciclotimia, me ganó la histeria y ahora ando escapándole al fastidio.
No quiero lo que realmente necesito.
Soy una maldita caprichosa, que se mueve por instinto, se desvive por asesinar sus antojos e inmediatamente que consigue uno ya está fijando la vista en el siguiente. No me alcanza nada, nada me contenta, todo lo que pasa por mis manos tiene un valor etéreo, y mi interés se evapora con fugacidad. Vengo errante hace meses largos, tropezándome a propósito con las mismas piedras, arrastrando los mismo errores y sumándole peso a la carga que ya vence la ética de mi conciencia.
Haciendo las cosas mal, evadiendo o rechazando las oportunidades que podrían darme la felicidad, es de la única manera que logro darme un motivo concreto (aunque estúpido) para sentirme mal. Lo que hago no tiene lógica desde ningún punto y ya ni me esfuerzo porque alguien lo entienda. ¿Por qué hago, hice y sigo haciendo? Para que contestar, la idea de que estoy completamente esquizofrénica los contenta más, así que ya está, suponte que un día sombrío y frío me habré levantado triste por un mal sueño y a partir de ahí decidí cumplir religiosamente el rito diario de llorar, aislarme y hacer nudos con mi laringe para dificultarme la tarea de respirar. Así de sencillo es como lo quieren creer.
Escribo esto porque me di cuenta que todo lo que pienso es infundado, que no tengo con qué justificar cada lagrima y no se me ocurre de que manera defenderme cuando el día a día me va volviendo más indiferente y egoísta. No tengo hechos para respaldar mi comportamiento, no existe pretexto para excusar los frecuentes errores.
Es dolor, no se de donde viene, ni cuanto tiempo se queda, pero está y es bastante intenso. Y tampoco sabría decirte porqué, porque viene, porque a veces se va pero a las horas vuelve, porque no deja explicaciones de sus repentinas idas y venidas. Sin embargo aunque no hay respuestas detrás del ‘porque’, convivo con él, porque vivir mejor implicaría correr más riesgos.
Definitivamente prefiero vivir vacía, antes que esforzarme por llenarme el alma y enfrentarme quizás a la idea de lo que significaría volver a vaciarme de nuevo.

Una sola palabra: Miedo. Miedo a ser feliz.

Evidentemente yo no soy más DESASTROSA porque no me da el tiempo.

Hiperrealidad

“El mundo está muy lleno, ya no hay espacio para mí ni para hacer lo que quiero.”



Frase que surgió después de navegar cincuenta y cinco minutos en la web, cerrar todas las páginas (Blogspot, Facebook, Fotolog) y dejar salir el suspiro más amargo de la semana. Conclusión frustrante: hay de todo y para todos ¿Para qué me necesitan?

No se quién (de hecho si lo sé, porque son la gran mayoría) puede consentirse con la forma en que está esquematizada la vida, pero yo al menos no me voy a dejar contagiar por la plaga de conformismo que infectó a la sociedad y no pienso tampoco reprimir mis reproches (sin destinatario) al verme obligada a compartir el mundo con esta manga de caníbales egoístas. Les regalo mi espacio tan codiciado, para que amplíen su campo de lucha unas dos pulgadas.
Mi lugar está en otra parte, donde no existen las computadoras que te extirpan el cerebro durante horas, y te lo devuelven marchito, seco y con tantas influencias de lo que escriben/muestran terceros, que se pierde completamente el origen de nuestras propias ideas. Definitivamente sentarme a tipear no es lo mío, pero como soy bastante dura con el lenguaje que todavía no logro domesticar, sigo acá clavada, con el intenet conectado hasta en la médula.

Dentro de pocos años las personas van a comenzar a tomar conciencia, con un rápido balance de sus vidas, y llegarán a la conclusión penosa de que pasaron más tiempo sumergidos en la virtualidad de un monitor de 1920×1080 píxeles de resolución, que mirando a través de la realidad de resolución infinita que además incluye la ya olvidada característica de ser palpable.
A la gente ya no le inquieta no poder tocar, le basta un teléfono, el msn o las fotos de Facebook para sentirse cerca, querido, recordado o en contacto. Bueno, yo me cansé de ese espacio alterno, por eso nunca me llevé con los celulares y a penas tengo uno que vive únicamente por las mañanas a modo de despertador, ni mucho menos me llevo con los teléfonos fijos o con el ordenador que uso simplemente para hacer públicos mis gritos, o para acercarme fácilmente a la literatura. Pero basta, prefiero volver a los parques Rivadavia o Centenario, o quedarme con las propuestas limitadas que me ofrecen los vendedores ambulantes en el bondi o en el subte.

Cuando nos embarcamos en la net, automáticamente estamos sumándonos a una cifra millonaria que nos deja sin valor, sin la capacidad de sumar ni restar. En cambio en planos reales, no hay tanta amplitud, o la hay, pero no la vemos y nos remitimos a lo que vemos.
Desde siempre fui bastante anti con la tecnología, pero ahora me resulta más preocupante, porque me vengo a dar cuenta que puede ser uno de los principales factores que esté alimentando mis miedos y frustraciones y que esté provocando el suicidio precoz de mis esperanzas y ambiciones.

Y es como una droga tóxica, que en vez de consumirte el cuerpo te consume el tiempo. Porque a pesar de que esté exhibiendo un listado de motivos que defienden que es más sano mantenerse lejos, todavía sigo acá prendida, sentada de esté lado, confeccionando un escrito para posibles cibernautas, que al igual que yo, continúan perdidos.


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I'm so HAPPY
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that I can't
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stop crying!









(Posta que no es irónico, está un toquecito exagerado no más, jaja. Gracias :D )

One more time, uh uh uh ♪

No puedo escribir con el estómago lleno, para vomitar dolor primero tengo que vomitar la comida. Mis viejos se fueron a una entrevista con un nuevo psicólogo, en este momento estarán describiéndole a un completo extraño de la forma más sutil que encuentren, el desastre que tienen por hija. Hablaran de cómo empezó todo y quizás se remonten a no más de dos o tres años, cuando en realidad, eternos ingenuos, el inicio de este infierno tiene la fecha de mi razonamiento. Estarán hablando de la autoflagelación, del último episodio con pastillas, también de mis relaciones ‘amorosas’ seguramente y de mi rotundo cambio de dependencia absoluta a la indiferencia más fría. ¿Acaso se imaginarán lo que implicaba para mi cada marca en mi brazo, acaso descifrarán la escritura de mis cicatrices y el dolor en que se traducen? ¿Acaso sabrán de mi relación con pastillas anónimas...? ¿dejarán de tener en mente el veintipico de enero y se abrirán a la posibilidad de que tal vez pudieron existir otras fechas previas? ¿Se les ocurrirá pensar que puede que tal vez no haya habido una sola persona en mi vida que supo lastimarme, y que ellos sólo conocieron al único nombre que permití dejar salir por mi boca y volverlo público? ¿Sabrán la magnitud del tramado de la telaraña de mentiras que tejo desde antes de los once años?

Realmente no me conocen, no saben de los fantasmas que vuelan mi cabeza, ni de la filosofía propia con la que defiendo cada una de las cosas que hago. No tienen idea, piensan que estoy curada porque ya dejé de hacer muchas de todas esas boludeces que enumeré antes... pero la realidad es que eran reacciones inmaduras con las que respondía frente a sensaciones de angustia que me superaban. Sí ya está, me “curé”, dejé de hacer todo eso, pero lo que pienso y cómo lo pienso, no me lo sonsaca ningún psicólogo especializado. Y sí lo van a denominar ‘enfermedad’, entonces voy aceptar con orgullo el papel de paciente infectado.
Por otra parte, de forma paralela y silenciosa, hace tres meses que estoy hundida hasta las cejas en todo el tema de los trastornos alimenticios, y ellos no parecen tener la más mínima idea. ¿No les parece ilógico, estúpido, exasperante y hasta un actitud completamente indiferente y contrapuesta a este arranque repentino de solicitar ayuda médica? De la misma manera en que en este blog soy así de transparente, lo soy en mi vida real. No tengo ni una pelusa en la lengua, soy lo que soy, quizás no los grite a los cuatro vientos, porque dudo que a alguien le interese, pero si alguien se acerca... no adorno ni maquillo mis realidades y expongo mis experiencias. Entonces explicame como una persona que convive unas doce horas diarias conmigo puede ignorar todo esto. No hay muchas vueltas que darle, no existe mejor ciego que el que no quiere ver.
En fin, ya aprendí a valerme por mi misma, no necesito ni un dedo de préstamo, se que si sola entro, puedo rebuscármela para sola salir. Así que les agradezco, por supuesto que voy a seguirles el juego, para complacerlos y que puedan figurarse una idea falsa más sobre mí, y la falsheen(¿ ja) con que me tienen en sus manos.
La mayoría de las mentiras, no salieron de mi boca, se las formularon ellos mismos por temor a que las cosas sean de otra manera

Ahora sí, todo lo que sube baja ¿no? Ayer estaba equivocada, hoy entiendo tanto que realmente se que ya no entiendo más nada. Vuelve a atacarme el tiempo vacío, siento que tengo que estar ligera para que pueda arrastrarme y no quedar a mitad de la carrera.
Efectivamente sentarme a charlar con mi cabeza no es el más sano de mis pasatiempos. Chau, me voy a correr así oxigeno el cerebro.

Alice - Avril Lavigne

Viajando, dando vueltas
Estoy bajo tierra, me caí
Me caí
Estoy enloqueciendo
Entonces donde estoy ahora?
Al revés
Y no lo puedo detener ahora
No me pueden detener ahora

Oh oh oh ohhhh ohhhh
Yo, Yo llegaré
Yo, Yo sobreviviré


Cuando el mundo se esté derrumbando
Cuando me caigo y pego contra el suelo
Me daré la vuelta y correré
No lo intentarás detener??
Yo, Yo no lloraré

Me encontré a mi misma en el país de las maravillas
Me pondré en mis pies otra vez
Será esto real?, Será esto fingido?
Tomaré un paso hasta el final

ohhhh ohhhh
Yo, Yo llegaré
ohhhh ohhhh
Yo, Yo sobreviviré

Si no tiene solución no es problema

No sé vivir como los demás, mis últimas actitudes fueron réplicas de los comportamientos generales de la juventud que me rodea, puedo fácilmente confundirme y volverme uno más, pero aprender a serlo realmente, no, para eso no me da la cabeza.

No sé como salir a caminar sin sentir esa necesidad de prender el ipod y elegir obligatoriamente (con el único fin de provocarme el llanto) a James Blunt, Cold Play, Avril Lavigne o algún tema muy tranquilo de vocal trance. La realidad es que me incomoda sentirme cómoda, extraño sentarme a llorar en el piso frío de mosaicos y apoyar el mentón en el entramado de las rejas que dan a mi balcón, extraño necesitar el humo tóxico del cigarrillo para sentir que de alguna manera todavía respiro sin proponérmelo, extraño sentirme vacía, sola, necesitada, angustiada y siempre al borde del abismo, a centímetros de la nada, siempre con la amenaza fresca en los labios anunciándole orgullosa a un mundo desinteresado que yo sí tengo el poder, las ganas y el valor de desaparecer en cuestión de segundos.

Ahora me despierto temprano, volví a encontrarme con el calorcito suave del sol pegando desde el este, y me propongo fabricar endorfinas, soy una excelente gerente en la fabrica de sonrisas, jaja. Ahora sonrío cuando escribo ¿viste?, obvio que sin gracia y disfrazando el esfuerzo de entusiasmo, pero acá están ese par de labios ensanchándose y contrayéndose, encismándose y relamiéndose... jugueteando con la infinidad de expresiones en un rostro que hasta ayer sólo conocía la humedad y la rigidez de sus músculos entumecidos.

Lo extraño es que nada cambió, absolutamente nada. Mis problemas, esos que algunos dicen que inventé, o esas enfermedades a las que todavía no les asignaron término médico, todavía siguen estando, y hasta puede que más graves que antes. Pero ya no duelen. Ya no me molesta por ejemplo el circuito: ayuno, atracón, cuarto de baño; ya no me interesan los diálogos recortados y remotos entre extraños que supuestamente se siguen amando, ya tampoco me importa que el pelotudo del sábado se acuerde de llamarme, y menos todavía me acuerdo yo de el del viernes. Ya no duele el contacto helado con las sábanas, mis brazos se acostumbraron a rodear y contentarse con la almohada, ya no me incomoda llevar los brazos desnudos, escritos con mis memorias pasadas, ni me perturba que se me queden mirándolos un rato largo o que me pregunten como pájaros asustados.
Me volví puramente reversible, mi piel es áspera y siempre se muestra erizada delatando escalofríos, me volví tan lejana que escucho en ecos mis carcajadas.

Ya no me acuerdo de cómo se sentía estar arrepentida, o de cómo picaba el remordimiento matutino.
Es extraño tal vez, pero así como te olvidas de cómo se sentía el amor después de que te partieran en mil pedazos el corazón, de la misma exacta manera te olvidas de cómo se sentía el desgarro de un llanto, te olvidás hasta de cómo se sentía haber estado tan al límite que te tentaste por traspasarlo.
Ya no se cómo se siente quererse morir, me olvidé, lo borré, ya tampoco me acuerdo cómo era amar tanto a alguien hasta el punto de dejar tu mundo por la felicidad de esa persona. Já, no me acuerdo cómo era ubicarme por debajo de alguien más, tampoco me acuerdo de cómo se sentía eso que llaman autoestima. Me olvidé de prácticamente todas las emociones, digamos que perdí las experiencias que se traducen cómo los motivos por los cuales vivimos. A mi nunca me fueron suficientes, así que poco me importa tener un alma vacía y un corazón desmemoriado.


Ahora sufro de algo así como apatía o desidia. Pero como no duele, no se si estaría bien usar el término “sufrir”, tal vez sea más adecuado decir: ahora disfruto de algo así como apatía o desidia. Después de todo dejar de sentir tiene grandes beneficios, más allá de que signifique estar en un escalón más abajo que el estado angustiado, depresivo o suicida.

Estoy muy bien y es mentira, (jajaja) pero para que me entiendan, comparándome a como estaba hace un mes, esto es Wonderland!, digamos que le falta un poco de sabor, pero que excelente estoy!
Independiente, aislada, fría, indiferente, un armadura de hierro y por dentro carne de acero. Sangre hirviendo, puños cerrados como quien ya no espera más nada. Mirada ausente y sin reproches. Vivir es el desafío más peligroso cuando ya se probó a la muerte. Sólo que tampoco me produce adrenalina.





¿Sabes que? Puede ser que esté tan bien como nunca antes que sienta que estoy peor que nunca, porque el bienestar definitivamente no es lo mío. Sí, puede ser que parte o casi todo lo que escriba sea mentira, y que yo tenga una mente tan perturbada, y esté tan fascinada por la literatura tétrica y dramática, que sentarme a escribir implique para mi de antemano dejar correr lágrimas, cerrar el pecho y abrir una discusión con mis fantasmas. Por pura costumbre, porque me encanta el dolor y las mil sensaciones que produce, porque lo extraño y necesito que arda adentro para seguir sintiéndome viva.

Mis culpas son por tu culpa.

Y si esta noche, o tal vez mañana, o en la semana, volviera a equivocarme, quiero dejarte el cargo de todas las culpas. Consumiste en segundos la fuerza que reuní durante días para salir adelante. Me estás apagando, ya casi no me queda más para dar y los últimos esfuerzos que le robé al infierno me los anulaste. Te amo, y sin embargo me hace tan infeliz no sólo lo que nunca me diste sino ahora también lo que me estás quitando. Quiero tenerte pero tal vez puede que con tu sonrisa petrificada en un portaretrato me sea más que suficiente.

Cuando disfruto lastimándome, vos sos el primer motivo que se me viene a la cabeza ¿sabes? Mintiéndote, es la única manera en que me permito devolverte el dolor que me provocás... porque te lastimo en silencio, por la espalda y aprovechándome de tu inconciencia. Porque sé lo que me amás, pero sos tan hijo de puta que destrozándome pensás que me salvás. Ahorrate todo, hasta la compañía. Siempre pude sola, lejos de ser un bastón, fuiste las murallas que con los golpes me desfiguraron prácticamente la vida.
No quiero exagerar, pero estás inhalando mi aliento, alimentándote de mi sufrimiento, dejé que me vaciaras por años, pero ahora puede que quizás me importe reservarme un poco de alma para seguir viviendo mañana. Y sin embargo ya es tarde, es viernes y otra vez me dejaste sola llorando, y aunque tenga tantas cosas por delante ahora sólo puedo pensar en las miles de maneras en que puedo castigarme por ya no sentir como antes.
Me decías que te ardían mis heridas, que tus ojos lloraban mis lágrimas, que el dolor del corazón era compartido. ¿Pero sabes que?, la realidad es que yo soy la única que luce cicatrices en sus antebrazos, yo soy la única que tiene la memoria manchada con vodka, sangre y calorías, yo fui quien creció lejos hablando sola con el silencio. ¿Vos qué?... vos nada más te enteraste un día, lo lamentaste y a la mañana siguiente volviste a lo mismo. Vos sufriste un solo mediodía... yo en cambio perdí la cuenta de los días.
Hagamos un pacto, soltame la mano y yo te prometo jamás abrirte los ojos para que veas en que me convertiste. Ahora dejame, estoy ocupada pensando en cómo castigarme por odiarte tanto.

Enfermarme para curarme

Necesito enfermarme mucho, mucho, mucho, para curarme y salir adelante de nuevo.








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Mil doscientos días

- Hace tres años que prometiste sacarme esto de encima. Siete
días te alcanzaban juraste, y te creí, desde la primera vez hasta el día de
ayer, y ahora cuando me vaya a dormir, (dentro de un par de horas cuando el sol
se asome por debajo de una baldosa) tal vez vuelva a cerrar los ojos y tras un
suspiro sospecho que mi dolor va a torcerse para creerte una vez más y como
siempre… creerte y creerme que para el crepúsculo del próximo domingo vas a
amarme finalmente.
Cierto día me confesaste que lo próximo no se aproxima
nunca, y que el futuro permanece
estático, justo enfrente, donde no
podemos alcanzarlo porque en cuanto lo tocamos lo volvemos presente. Sí,
realmente es un mero concepto que no está entre nosotros, una ausencia, una
proyección que crea nuestra mente sobre el tiempo. A veces me pregunto si quizás
yo debería enseñarte cómo hacerlo, pero si manejo tus manos, si las apoyo en mis
senos, acerco tus labios a mi frente y me recuesto sobre tu pecho… ¿cómo sabría
si realmente estoy amándote a vos, en vez de seguir amándome a mi misma a través
del engaño de una fantasía?
No puedo distinguir cuál es el límite en donde termina mi idealización y comienza tu carácter.
¿Abrá realmente algo que los divida, o es que dejaste que tu personalidad se funda con mis sueños para
convertirte en silencio y sin serlo en quien yo esperaba que fueses?
Cuando ambas estemos de acuerdo, cuando yo calle y vos me otorgues,
cuando
logremos hacer que las miradas sean sinónimos de las emociones que fermentan de
nuestros cuerpos, entonces sólo ahí vas a ser alguien muy diferente a la bella
dama que hoy duerme y sólo vive cuando yo sueño.


Y después de que yo te haya explicado todo esto, hace un par de noches cuando aun siendo febrero nos supo sorprender el invierno, tomaste mis manos inertes y las besaste despacio, me arrancaste la sorpresa, le diste vida y así como despertó salió por la puerta a difundir el milagro. Hubiese deseado que usaras tus pulgares para enjugarme las lágrimas, pero en cambio las barriste con tus palabras:


- La sed de amor; la necesidad de volver a ser dependiente
porque el placer que te inspiraba la libertad de rendirte cuentas sólo a vos
ahora provoca dolor y más dolor; la ansiedad porque invadan tu soledad cuando
tan enamorada estás, esa lucha interna por abandonarla cuando sabes que alejarte
te dejaría aun más sola que antes. La fuerza mental, la paciencia de tantos años
y la voluntad que invertís en los deseos por intentar transformarme impiden que
yo pueda enamorarte. Tal vez tenga un paso pausado, una mirada desencontrada a
tus fines,
tal vez no conozca la euforia ni trasgreda los límites, pero soy
totalmente transparente, sin recovecos, ni cajones, ni nudos en los rizos de mis
cabellos.
Soy aquello que te falta para sentirte completa, realizada y
llena, te ofrezco las piezas que encajan en tus espacios vacíos, que tapan esos
huecos por donde sopla el viento frío, y se escabullen las dudas, esas que
voltean tu cabeza de mil formas hasta dejarte confundida. Tengo un as de
responsabilidad, uno de seguridad, otro de autoestima y otro de equilibrio, y
cada día bajo mi manga van apareciendo nuevos de palos distintos. Quizás ni
siquiera me moleste si me reprochas por ser un poco aburrido, pero al final, si
es que no consigo convencerte justo ahora, vas a darte cuenta que no soy en
ningún sentido posible lo que querés, pero que en cambio nací y vivo para
satisfacerte, porque me moldee para ser exclusiva y únicamente lo que necesitás.
Y puede que te pases los días pidiendo la cura para mantenerte enferma… pero
dejame decirte sin rodeos, que elegiste este modo de vida porque siempre fuiste
demasiado frágil, temerosa y orgullosa como para acercarte y permitirme tomarte
por el brazo.



Cuando las palabras se pausaron en tu boca y tus labios tiesos se volvieron al violeta de nuevo, lo entendí clara y puramente.

- Es fácil no tener nada, porque entonces no existe cosa que
puedan quitarte y así te mantenés a salvo. Pero hace más de mil doscientos días
que ya estoy cansada de no tenerte.
Dejame ganarte.

Te imploré. Y contestaste:


- Nunca te lo impedí. Y ahora aunque no seas una de esas
mujeres que se dejan llevar por la mano,
¡hace un excepción y agárrame bien fuerte que acá vamos!

Obsession

¿Alguna vez te preguntaste el por qué del titilar de los dos puntos que separan las horas de los minutos en tu reloj digital?

Son las tres de la mañana, todavía es de madrugada. Me arrancaste la almohada pero me dejaste el sueño, y con él la tortura del desvelo. Salgo a la calle, porque adentro está lloviendo tu recuerdo, y me subo a la avenida que de alguna manera me llevaría hasta el lumbral de tu puerta.
Alguien podría estar soñándote mientras vos das vueltas con tu sábanas… o con tu pareja. Mientras el café se enfría porque tus manos de hielo congelan la cerámica, el vapor está deseando precipitar con el contacto de tus labios.

Yo podría ser tal vez parte de ese horizonte donde cada desayuno ahogas la mirada. ¿Alguna vez lo imaginaste, me desgranaste de esa masa grisácea donde se funde las millones de imágenes que tus ojos no alcanzan? Yo podría ser tal vez más fría que tu indiferencia y quedarme congelada con el desvío de tu mirada.
Mientras das vuelta la sexta página desde que me dejaste atrás, tal vez yo te espere en la contratapa para convencerte definitivamente a retomar esa novela que dejaste tan olvidada.
Y ahora cuando estoy pasmándome con el sensualismo del trazo de tus palabras, tal vez sientas una suave picazón en la sien y no entiendas muy bien por qué. Puede ser que esta sea la última vez que te invite a ser el protagonista de una de mis fantasías, y como es una despedida, voy a ser que de todas sea la más bonita. Entonces puede que mañana despiertes con una sonrisa y no lo entiendas, es que no recuerdas que anoche te robe el alma por sorpresa sin que pudieras darte cuenta.

Cuando te descubras pensándome, no sabrás mi nombre, ni mi color de ojos ni tendrás la certeza de mi existencia. Cuando me busques sin referencias y finalmente no me encuentres, mi venganza estará satisfecha, con una necesidad anónima abierta en el profundo anhelo de tu pecho.

Un pasado compartido

Su mirada trazó una línea diagonal, atravesando la cuadra sedimentada en algunos fragmentos, con árboles secos, algunos ya muertos y otros todavía evocando a alguien que los incluyera en sus recuerdos. Había chicos, abuelas, deportistas y parejeras... y aun así no era una plaza, al menos no para ella. Cuando miraba como día a día las hojas se amarillentaban por la amenaza de un otoño precoz, no encontraba en ello naturaleza, en cambio hallaba la retrospectiva de su propia vida. Quizás dos octubres atrás, o tres febreros, cuando los bancos eran de un verde más intenso, y las hamacas y toboganes tenían menos máculas de óxido en sus pilares y asientos.
Ahora los cordones eran el perímetro de un ambiente antiguo, de rasgos cansados, como todo espacio público que ha sido víctima del deterioro que provoca la juventud en sus deseos de expresarse libremente, y de explorar nuevas formas de diversión a partir de la destrucción de los esquemas, del orden y de lo sano.
Desde una distancia prudente ella había presenciado hasta los más mínimos detalles del envejecimiento periódico de esa inmensa manzana escasamente arbolada, la sociedad había echo allí lo mismo que le hizo a su alma: pulir su brillo hasta apagarlo, hasta que ya no quedara prácticamente nada. Reduciéndolos a ser un escueto lugar, o un miserable ser humano más, que sólo podrían ser apreciados por el dolor que inspiran en sus espectadores, por ese aire taciturno y nostálgico, y esa sensación de estar reprochándoles que los hayan usado, maltratado y luego olvidado.
Eran dos espectros acromáticos, en un mundo fluorescente que en el encanto del fulgor relegó la profundidad. Allí estaba la conexión que la unía a esa lugar devastado que tantas historias podía contar de ella: románticas, cotidianas, de persecución y hasta tragedias. Sus peores años y los de mayor experiencia.
Debió ser temor al pretérito, lo que la obligaba en un acto automático a cruzarse de vereda, y mirar de reojo a quienes estaban actualmente usurpando sus calles viejas, dándose sus besos, meneando sus hamacas, estallando sus carcajadas... Cada mediodía, tarde o noche toleraba ver cómo alguien más vivía su pasado.

Si se le hubiese concedido el reloj de arena, creo que en vez de virarlo, hubiese agrietado su vidrio para robarse alguno de sus granos, entonces así llevarse consigo algo de todo el tiempo que había dejado correr en vano.

Fantasmas

En algún lado tengo que descargarlo, me da vergüenza no sólo estar acá escribiéndolo, sino llevarlo conmigo, en mi alma y mi cabeza todo el tiempo. ¿Hasta que punto puede llegar a picar una obsesión? ¿Hasta que punto puede corroerme la razón y desvariar mi concentración?

Siempre consideré tener un dominio mental bastante satisfactorio. Desechar pensamientos inútiles y profundizar los que me atañen, conservar los buenos recuerdos y borrar absolutamente los turbios, pero de una manera extraordinaria hasta llegar a convencerme de que nada paso, y simplemente dejarlo a un lado, pasar caminando como quien miraría con asombro la vida de un extraño. Sin embargo, cuando algo toma el titulo de capricho, se asienta en mi cabeza y empieza a dar vueltas, y vueltas, hasta marearme y lograr hacer que pierda el equilibrio.

Así estoy ahora, completamente avergonzada de aceptar que alguien que ni siquiera es palpable me esté volviendo loca. Y no hablo de una locura pasional, excitante, no, hablo de una locura insana, de una especie de fanatismo platónico basado en características superfluas, incluso inexistentes. Hablo de atracción hacia algo que no es real, una imagen creada por mis deseos de encontrar a alguien que finalmente valga la pena.

La soledad me desintegra, y para combatirla mi inteligencia inconsciente tramo a mis espaldas el plan perfecto: tomar a alguien que esté lo suficientemente lejos como para asegurarse de que nunca llegue a conseguirlo, pero alimentándome con mínimas esperanzas de un posible encuentro futuro, para que el concepto ‘inalcanzable’ no asesinara mi interés. Y los medios de comunicación, tan desarrollados y rudimentarios a la vez, cumplieron la tarea exacta de dejarme conocerlo mucho menos que a medias, para permitirme rellenar a mi gusto y con ayuda de mi imaginación, todos sus secretos que todavía no me fueron revelados. Estoy desvelada por alguien que es un octavo real y siete octavos creado por mi cabeza. Soy conciente, es una fantasía, pero sin embargo sabe como envolverme.
¿Y que hice? Claro, la falta de control de mis emociones me escandaliza, por lo que decidí alejarme, desaparecerlo, aunque vuelva como una sombra de farsa hasta en mis sueños.

Culpo a la soledad y a la cantidad cuantiosa de tiempo libre de tener pensamientos tan pelotudos. Nos separa el Atlántico, y diez mil muros que construí entre nuestras almas como lo hago con cada persona que conozco y que temo que pueda llegar a tocar profundo. Quizás sea el poco interés que él tiene hacia mí (si es que existe algún tipo de interés) lo que más me atrae, no sé, pero ese algo que siempre busco, está, y cruzo los dedos porque no sea una invención más de mi cabeza, o cruzo los dedos porque desaparezca antes que compruebe que no era cierto.
Si tiene que morir, que muera ahora, así voy a rescatar por siempre el recuerdo y el anhelo de lo que hubiese podido ser, pero si el destino lo deja ser, y termino desilusionándome... ahí ya no hay arreglos, ahí se arrancan las páginas obligatoriamente y se empieza de nuevo. ¿Y sabes? No quisiera borrar tu nombre jamás.

¡¡¿Por que me importas tanto?!! Me muerdo los dedos, me odio y me reprimo, pero sin embargo, y aunque entre otros brazos... a mi manera te sigo esperando.



Cigarrillos y café: los preparativos para mi muerte.






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Smoking the night away

Sabado a la noche, la única noche en la semana en la que me siento a gusto respirando.
Sin embargo la lluvia consecutiva de los últimos seis fines de semana logró arruinarme junto con las espectativas de mi madrugada.
Me quedé dormida, llorando sin lágrimas, con una sonrisa de plástico, fría, brillante y tan petrificada como falsa. Mentí pidiendo un descanso, al menos tres horas para disfrutar completamente sola, y con fácilidad aceptaron. Ahora la casa está abrumada por el vacío y sin embargo hay más bullicio que nunca, son las voces de mi mente que se dispersan y se hacen claras cuando perciben que no hay nadie más que yo presente.
Un café helado, necesariamente cargado con ron en un ciencuenta por ciento, porque descubrí que el alcohol es una maravillosa manera de bajar la soledad. Hay cientas de colillas muertas alrededor, y mi cabeza está llena de humo, de grietas y de perverción.
Bridget Jones amando a Mark Darcy en el televisor, al parecer no soy la única estúpida que llora por amor. El chocolate helado se derritió, apagué todas las luces a excepción de la que viene de adentro del refrigerador, tal vez esté tan congelado el ambiente que olvidé cerrarlo sin querer.

La noche perfecta para quien soy ¿o no?

Una vez más estoy al limite y al no tener nada que perder, los miedos desaparecen también.
La semana empieza el domingo, mañana, ya casi hoy. Voy a obligarme a hacer todo aquello que no quiero, no puedo y no me atrevo hacer. Estoy enferma, y lo que hice alguna vez y fallé (creo que todos los sabemos aunque lo neguemos) lo voy a volver a hacer, perdón. Termino lo que empiezo, siempre fue así, la vida es un caprciho, mis amores son un capricho, por eso mis enamoramientos terminan cuando logró acatar el interés del otro. Todo es fugaz para mí, la monotonía es la única locura que no me gusta padecer. No armo esquemas, los detruyo, no ordeno los días los revuelvo hasta que quedan sin fecha, sin horarios, sin meses ni años.
Lo sabías, estoy muy ocupada sufriendo para pedir ayuda, estoy aun mucho más ocupada lastimándome para contestar los llamados, atender la puerta o leer los mensajes. Caí una vez más, y ahora seguro (y sin lugar a peros) termino en el psiquiatra, jaja, ¿y yo soy la que falló? ¿o fuiste vos que no supiste como salvarme, como sacarme adelante?
Soy un desastre como hija, no soy digna siquiera del título de amiga, y soy extremadamente indiferente y obsesiva como amante. Ajá, soy un desastre y tengo ojos y poco orgullo para admitirlo, pero vos tampoco desempeñaste muy bien tu papel de padre/madre. Estamos a mano, me soltaste y yo me fui caminando. Estamos separados, lejos, incomprendidos, y sin embargo nos obligamos a seguirnos amando.

¿qué crees que hago cuando por un instante despegas tus ojos de mi nuca, y aflojas la mano que extrangula mi gargante? ¿que crees que pienso cuando por días te hablo sin palabras?
Voy a divertirme con la soledad que me dejaste, vamos a destruirnos, a reirnos de nosotras mismas y a derrochar la mala fortuna que nos cogio por sorpresa. Y cuando esté tan contenta cómo para dejarme morir, no te interpongas y dejame ser feliz.





Me voy a fumar la noche lejos. Mañana reanudo mi agonía, equivocarme es hacer del dolor una fuente de satisfacción. Quiero destruirme, no te preguntes porqué, jamás vas a entender mi normalidad, estás demasiado loco para mí.

http://www.psicoadan.com/test_tca.htm

NOTA: A partir de una puntuación superor a 31 es recomdable recibir ayuda psicológica.


Tu puntuación: 163.
Más de 31, debe consultar con un especialista porque hay indicios de un posible trastorno de alimentación.






jajaja

No lo puedo sorportar, no quiero entender, pero aunque le escapé ya lo sé. No me amás más. Ni vos, ni vos, ni vos tampoco... ni yo.
Entonces... si el amor se fue, ya no hay nada que me ate.
Soy libre otra vez, libre de irme sin la estaca de la culpa incrustada en mi alma.

Na.die

Desde muy chiquita ya empezaba a entender que el mundo era asombrosamente grande y que en sus recovecos se esconde mucha gente, variada y cada una con un talento diferente. Para mis ojos nuevos que lo ven todo por primera vez, muchas personas maravillosas hacen que al conocerlas yo quede colmada de fascinación.
Así, desde edad temprana fui reduciéndome y reduciéndome hasta llegar a sentirme nada.

Cada madrugada que dando vueltas y mordiendo las sábanas me invadían con sorpresa esas ganas de hacer algo, de encarar un nuevo proyecto… siempre, por más mínimo o sencillo que fuera llevarlo a cabo, me ponía a pensar en esa gente que me maravilla día a día. Y cuando recordaba detalladamente sus capacidades me volvía una inútil, un ser muy pequeño con un baúl sin fondo de sueños pero de manitas demasiado pequeñas como para hacer un trato entre ellos y la realidad. Entonces era así como fallaba antes de dar el primer movimiento con el meñique del pie.

Esta mañana sentí lo mismo. Pasé más de tres horas, que se fueron como llegaron, leyendo blogs y algún que otro libro polvoriento del estante que tengo ahora mismo a mi derecha. Me devoré con gula cientos de párrafos escogidos al azar, pero no estuve interesada en ninguna de las fantásticas historias que en ellos encontraba, yo estaba concernida en escavar un poco más allá del sentido de sus consonantes y vocales, yo analizaba exclusivamente el intelecto que había volcado el autor al decidir darle vida a esa particular creación.

Hace cinco minutos atrás, cuando la pava empezó a chillar y mamá me dijo que si no voy a almorzar, que al menos vaya a dar mi presente a la mesa con la excusa de tomarme un té, yo caí en la cuenta de la cantidad de tiempo que había dejado pasar. Y consiguiente a ello llegué a una única conclusión, muy parecida a la que llego en cada aspecto de mi vida. Mi cabeza me dice con pena pero a modo de insulto, como si tuviera que darme la peor noticia del mundo: “No Na, no podés, realmente escribís muy mal, no es lo tuyo y este no es tu talento… basta compararte con la diversidad... hasta el más reciente aprendiz puede desafiarte en una competencia. Enfocate en abogacía y dejate de pavear, que al menos algo en tu vida pueda dar (positivamente) de que hablar”.

Y sí, ¿qué le puedo retrucar? Tiene razón, yo también vivo en una burbuja, llena de dolor, soledad, vacío y mucho condimento de mi misma. ¿Qué estuve haciendo mientras los demás se forman en talentosos profesionales? Ah sí, quejándome y llorando… y también asesinando las pocas virtudes que alguna vez tuve y que eran las que quizás algún día me hubiesen ayudado a ser Alguien. Ahora adentro mío está todo muerto y es tarde.
Si les digo que tengo diecisiete años, quizá se rían con ganas. ¿Estoy renunciando a todo desde tan temprano? Sí. Y creo que es porque no tengo ganas de revertir el hecho de saber que hoy no soy nada, y me fatiga el sólo pensar en virar las cosas para conseguir ser algo.

¿Autoestima se murió? Creo que cuando me revelaron el fraude de Papa Noel y de los ratoncitos que dominaban el mercado negro de los dientes, se olvidaron de decirme que la autoestima tampoco era de verdad. Si uno sigue creyendo en ella por siempre, entonces no importa, porque mientras creamos ella existirá. Pero cuando abrimos los ojos bien, bien grandes realmente descubrimos que no hay nada por ahí, donde se suponía que iríamos a encontrarla (y no hace falta adivinar que yo tengo los ojos grandes como un par de platos de tamaño colosal).
Ahora sin ella y enfrentando las consecuencias que atrae su ausencia, no puedo emprender nada nuevo porque de antemano sospecho que voy a fallar. Por cada poro de mi cuerpo se expande el temor, el ‘intentar’ implica una posibilidad y cuando me falta la certeza, cuando el futuro está algo borroso porque recién lo estoy escribiendo y no veo con qué me puedo llegar a topar… entonces me cubro con las sábanas aterrorizada, eligiendo la cobardía y lamentándome por la vergüenza de la que no me logro liberar.
La cama se volvió el más acogedor de los estanques. Desde ahí voy a juzgar que bien hacen los demás el trabajo que yo hubiese deseado desempeñar.
El entender que hay millones de personas que me superan en todos los sentidos, aniquiló mi voluntad para esforzarme en ser alguien mejor. Siempre fui extremista o soy dios o soy el diablo, no quiero ser alguien tan poco trascendente como un humano. Aspiro a tanto que sé que jamás podría alcanzarlo, entonces para llegar a medias prefiero ni empezar a caminar.
Ahora me voy a concentrar en lo único para lo que al parecer tengo un talento especial, contar calorías, mentir un poco, sentirme sola y ponerme a llorar.

San Valentín, prefiero reservarme mis opiniones respecto a la celebridad del amor. Si bien confieso que actualmente siento fastidio y un poco de envidia por la ingenua ceguedad de aquellos que creen que saben ver bien, en un tiempo atrás, yo también pertenecí a esa raza de humanos de ojos vidriosos, idioma cursie y comportamiento pueril. Por lo que sería apalear con críticas a mi pasado y a un próximo futuro. El amor es demasiado mañoso y es inminente el volver a caer en sus brazos alguna otra vez.

Pero hoy estoy lejos, y sí bien me rió un poco entre dientes al ver los falsos romances entre chicas y muchachos que lucen una cornamenta con orgullo, también se que hay de esos otros que me provocan dolor de estómago, los que son capaces de unir sus miradas en una sola, creando un espacio alterno y reservado para ellos solos. Los únicos seres que hallaron la fórmula para detener el tiempo y para lograr maquillar de rosa una realidad que apesta a miedo.

Sin recelo, me contento al menos con saber que ya probé de esa mágica experiencia. Aunque si es como tantos dicen: “la mejor que puede darnos la vida”, entonces me replanteo nuevamente si acaso no son muy débiles los pilares que sostienen las razones sólidas por las cuales estamos viviendo.

Las personas llevan el correr de los días con desespero, yo en cambio perdí todo interés y dejé de buscar los grandes tesoros mientras desistí en el intento por desentrañar los misterios universales. Nunca me sentí identificada, mis gustos a ustedes deben saberles amargos, estoy acostumbrada, siempre ubico la punta de la flecha al sur de todas las miradas. Veo diferente, siento diferente, pienso diferente, analizo, leo, camino, lloro y hasta pestañeo diferente. Mi dirección es la que está atrás del cartel ‘wrong way’, ahí duermo, me refugio y sobrevivo. Soy una desgracia infeliz, que al igual que muchos otros vive en un departamentito rentado con la humedad de su sufrimiento, que logro hacer de él una cuevita acogedora donde decide pasar el resto de sus días desde ahora. ¿y por qué? Sólo porque soy desertora.
Demasiado fanatismo y pasión aplicados en causas insuficientes para cambiar al menos algo de todo lo que anda patas arriba. Demasiado, demasiado, que fracaso y termino anulando mis sentidos para evitar ser una receptora más, ahogada en impotencia al ver que todo sigue tan errado y saber que tus manos no alcanzan a tocarlo.
Por estas y algunas razones más estoy excluida por mi propia voluntad.

Después de todo hoy es domingo y sobre el almohadón alguien había dejado una invitación a encerrarme en las estrechas paredes de esta habitación, a pasar un tiempo golpeteando el teclado abajo del ventilador. No es satisfactorio, pero era sentarme a escribir o aceptar una cita casual con el extraño de ojos hermosos. Y hoy es San Valentín, y me hablan de amor y yo los quiero escupir. Tengo pavor a intentar empezar ‘algo’ nuevo... mientras que ya perdí interés por los juegos temporales y no puedo reencontrarle el sabor a los enamoramientos de cartón. Así me escudo en el rechazo y me reservo mi espacio frente al monitor, donde sí me atrevo a fantasear lo que hubiese podido ser, dándole un final inverosímil salpicado de felicidad. Y entre tanto imaginar cada tanto me pregunto si no hubiese sido mejor salir a la calle a intentar hacerlo realidad...



Detesto vivir en las palabras y estancarme en un estado aletargado por el simple hecho de que ya existir me aterra. En otra época estaría revolcándome en el pasto recién cortado de algún parque, o preparándome para una noche de cachaça, limón y granadina, pero el frío vuelve a las personas diferentes, y hoy tengo la piel muy áspera como para percibir una caricia.
Quizá mi silencio pida a gritos compañía, pero tengo todas mis puertas cerradas y lo lamento si de casualidad encontrás mi lumbral y de un modo grosero no te invito a pasar. No quisiera que me conozcas ahora, no así, con los cabellos enredados, los dedos ágiles traduciendo mis latidos lánguidos, la mirada avergonzada y travestida para disimular el dolor que rellena estas pupilas opacas. No quisiera que me descubras perdida y sin el mínimo cariño por mí misma.

Estoy algo diferente de lo que recuerdo del dos mil nueve, algo más fría, más aislada, más insegura y desinteresada. ¿ A caso a alguien le interesaría saber que estoy volviéndome dura y congelada como el mármol? Sólo así puedo confrontar el correr de los años.


Un café cargado y un cigarrillo suave son los amores de valentín este año.

Y nos dieron las diez

Daban las siete, atravesé como un fantasma los pasillos del hotel, afuera terminaban de dispersarse los vestigios de una noche agitada. Frente a mí las olas estallaban celebrando mi llegada, mis pies se acostumbraban a la arena húmeda y yo a esa sensación incrédula de felicidad que se estremecía en mi vientre y se expresaba en mi sonrisa. El paso pausado se fue volviendo trote, la mañana fría se alimentaba de los débiles rayos de un sol amodorrado. No había nadie, nadie que no fuera un simple punto negro a la distancia adornado aun más el escenario perfecto para la portada de una revista de fotografía. Era tan perfecto que me estremecía, pero ahuyenté el temor y sólo me permití florecer la excitación en goce. Mis pensamientos se adueñaron de lo que veían: era yo y una inmensidad eterna, yo y un horizonte que no dejaba de extenderse y me sumergía. De pronto sentí como todo aquello me pertenecía, como podía convencer a mi mente de que esa mañana perdida en febrero yo podía ser dueña del cielo, el agua y del sol que los gobernaba. Hubiese deseado tener a quien regalarlo, pero este obsequio era particularmente mío. Y por un breve instante de inconciencia agradecí al destino haberme rescatado aquella madrugada de enero, agradecí haber sufrido cada día durante todos mis años sólo para encontrarme ahora desnuda, desarraigada y sola, frente a una bola celeste y dorada que inexplicablemente bombeaba alegría.
Irrebatiblemente al cabo de cinco minutos se despertó mi razón y abolió todo pensamiento estúpido sobre darle más valor a la excitación que me provoca la sensualidad del mar sobre el dolor que me provoca constantemente el hecho absurdo de verme obligada a respirar. Es verdad que los momentos felices pesan más... ¿pero cuánto más? Aunque quisiera no me atrevo a equiparar.

Todavía llevo en mis labios el sabor a sal, el recuerdo de mis huellas que se extendían, se alejaban y con la misma facilidad desaparecían, todavía recuerdo los nombres de Sergio, Mauro, Sebastián y Nicolás, las charlas desorbitadas que lograban arrancarle una sonrisa a la lágrima más amarga. Todavía me detengo en mi mente a recordar como se esforzaban por hacerme feliz de forma casual. Los gestos pequeños construyen la dicha de cada día, es cierto.
Miradas desconocidas, extraños intrigados, yo errante y ellos encontrados. Nos entendíamos sólo porque yo fingía usar su mismo idioma.
Ese lugar me pertenecía, me daba placer descifrar la lectura de su soledad, su distinción, irradiando a mansalva melancolía y anhelos en un exquisito juego de tiempos, hallé en el aire tanta magia que sentí que el resto de los pasantes no eran dignos de disfrutar de la belleza cuando siquiera podían percibirla. La derrochaban, mientras yo era la única que sabía cómo beberla... y ya estaba completamente embriagada.
Me alejé de los chicos, de los hombres y de los abuelos. Era un circuito repetitivo, y la meta estaba fijada en volver a mí, disfrutar de la música que toca la ausencia y que compone la soledad.


Definitivamente amo estar sola, aislada y desconectada. Necesito amor, justamente por eso sufro, pero cuando tengo que elegir entre una y otra cosa, siempre termino ahogada en la soledad, amándola a ella y dejándome amar. Confío en su fidelidad, esa que ninguna otra persona me podría inspirar. Soy absolutamente dependiente, y me niego a pertenecerle a alguien más, por eso me alejo, me escudo y me defiendo, para únicamente reservarme sólo para mí el poder de destrozarme. Lo entendí durante estas mañanas desoladas, cuando comprendí que el trote se volvía cada vez más ligero y al rato me encontraba corriendo, escapándole al mismo presente, a mis realidades, a las personas que me aman, a mi hogar, mis proyectos... huía de mi vida entera. Pensando que debía haber algún limite en ese mágico lugar que al cruzarlo me permitiera desaparecerlo y empezar de nuevo, esta vez a mi manera con la experiencia de tantos errores en el hombro y en la conciencia.

Ya no quiero irme de mi misma, no quiero escaparle a mi conciencia, ni a mi mente turbada, ellas son lo que hoy soy, y estoy satisfecha con eso. A veces es necesario alejarse por un tiempo para darse cuanta que lo único que le falta a nuestra vida para que seamos felices es arrugarla y tirarla al tacho, entonces agarramos un block nuevo y escribimos historias de marte y hasta de otros tiempos. Comprendemos así que somos capaces de vivir lo que queremos, no importa lo utópico que al principio nos suene, una vez que cantamos los sueños varias veces, terminamos creyéndolos. Quizás nunca los vivamos, pero lo importante es caminar hacia ellos.


Y sin embargo, mientras en mi cabeza se razonaba todo esto, mientras mi corazón se sentía extremadamente contento, y mis ojos y oídos se deleitaban con el espectáculo más trillado de la naturaleza, en vez de sentir la presión optimista por continuar el trote, mis pies se ablandaron y cedieron ante esa necesidad de desaparecer y dejar un hueco en el universo. Me desplomé en la arena húmeda y deje que la espuma me alcanzara, deseando un poco que me lleve con ella a conversar con la marea.

Daban casi las diez, el sol empezaba a lastimarme cuando decidí que mi día había terminado, o al menos la parte de él en el que valía la pena estar viva. La inercia me llevó hasta el anochecer, con el deseo sediento de felicidad, de que den las siete una vez más.



Febrero sin avisar.

Quisiera tener un nombre que pudiera escribir sobre la humedad de la arena, para rodearlo con el garabato uniforme de un corazón. Quisiera tener una silueta definida, protagonista de inolvidables momentos para que se reprodujeran una y otra vez en mi cabeza cuando el viento esté muy ocupado revolcándose con mis cabellos. Quisiera tener el brillo de un par de ojos que me vengan a la mente al momento de encontrarme con la circunferencia perfecta de una luna orgullosa. Quisiera tener suaves cosquillas que se divirtieran revolviendo mi vientre, imitando la danza de las olas de un mar que nunca duerme. Quisiera perder mi mirada en el horizonte, donde el cielo y el mar se funden en uno, y poder entender en piel esa mágica complejidad.
Quisiera tener a alguien a quien regalarle tanto cielo, tanto anhelo y tanta profundidad.

Tengo una cita con la soledad, ella quiere hacerme el amor a orillas del mar... y lo hará.

¿Vos sabes lo que es despertarse un jueves creyendo que todavía es martes, y que te chupe un huevo si dios existe o no, y lo único que haces es preguntarle y preguntarle una y otra vez por qué carajo se rehusa a aceptarte, o a dejarte? ¿Cuándo es que se va a cansar de cerrarte la puerta y golpearte el tabique hasta enterrartelo en el cerebro? Y entonces ves que estas rodeada de tanta gente pero que ninguna es tan alta como para espiar más allá de la muralla de metro y medio de alta que vos misma te construiste alrededor para asegurarte que nunca nadie jamás corrompiera tu sagrada soledad? ¿vos sabes lo que es llorar diez veces por minuto la madrugada entera arrepintiéndote de haberla construido y sintiéndote una estúpida, necia e inútil incapaz de poderla tirar abajo? ¿Vos sabes, de casualidad, lo que es sentir que podes vivir después de haberte muerto tantas veces, pero de repente darte cuenta que esa esperanza es una ilusión utópica, una irrealidad que formuló tu cabeza en un arranque de desesperación confusa?

¿Sabes entonces lo que es llegar al límite un día, tan cansada de haber llegado tantas veces que decidis sobrepasarlo y gritarle al mundo a los dosmilquinientos vientos que estas enferma, que te estas muriendo y que el mundo entero se ponga de acuerdo en simular indiferencia? ¿Sabes lo que es que entre tanta ruina baje gente hasta tus pies, minimo una vez al mes, a decirte que te entiende, y con la ilusión que eso genera, los dejás seguir hablando y entonces enseguida te acusan de boluda, estupida y retrasada por haber desperdiciado tanto tiempo, y te tiran frases de apoyo y entusiasmo, animándote a salir a caminar, tomar sol, leerte un libro o irte de viaje a la concha de la lora… y entonces te das cuenta de que son unos reverendos pelotudos como todos los demas que viven adentro de una burbuja color de rosa y que en vez de cabeza tienen un nido de pajaritos muertos, que no entienden un carajo de lo que les estás hablando, de lo que te abruma, de lo que no te deja seguir caminando y te vuelve loca día tras día hasta fundir a tu cerebro?

¿Sabes lo que es que se te acerquen cada día flacos y flacos sin vergüenza , desde doce años hasta ochenta y cinco años, con el disfraz de príncipe intelectual, ofreciéndote la felicidad, y apoyándote, y reconfortándote diciéndote que te leen, que te entienden, que no estoy sola, inflándote la autoestima, (que ni siquiera se dan cuenta que enterré bajo tierra hace años y ahí todavía sigue muerta) e ignoran que sus propuestas son tan evidentes, tabulándote de hueca, mogolica y retrógada, cuando en realidad estas plenamente conciente de que cada palabra que escupen esconde el mensaje subliminal (inimaginable, ojo!) de quererte coger por adelante, por atrás y hasta por la oreja? ¿Y cuando encontrás a uno que aparentemente es diferente, bastan siete días para darte cuenta que en realidad eras tan pelotuda como todos los otros creían, porque te tragaste elchamuyo más barato y menos pensando, y que ese que subiste al pedestal era un magnánimo hijo de puta como todos los demás?

¿Decime, la puta madre, sí vos sabes lo que se siente tener un hueco vacío, el pecho helado, las expresiones inmutadas, las manos cortadas, los tobillos rotos, las esperanzas consumidas, los días vagos que hacen ctrl C, ctrl V y se vuelven a pegar sin cansarse, haciendo de tu vida una infinita basura aburrida? ¿Decime si sentis vergüenza de tu pasado, desinterés por tu futuro y crees que tu presente ni existe? ¿Decime si te duele tanto y por tanto tiempo que llega un día que francamente no te importa nada una mierda? ¿ Y que amas, pero crees que nadie lo sabe, y te culpas por la incomunicación que hace que de pronto todos dejen de amarte? ¿Decime si ves a los demás, a esos que tienen una vida que ni siquiera puede llamarse vida, porque está amputada por donde la mires y aun así viendolos destrozados, los envidiás, envidias esas ganas que tienen, esos deseos por estar mejor, ese empuje que los mueve? ¿Decime quienes están peor, si ellos o yo… no quien debería, sino quien lo está?

Decime, por favor decime, si alguna vez se te acabaron todos los motivos, y te preguntaste ¿qué carajo hago ahora, habiéndolo intentado todo?

Reportándome

Sólo estoy reportándome, todavía sigo.

No se más que hacer, dentro de muy poco, y presiento que va asuceder antes de que caiga la noche, voy a flaquear y dejar en las manos de quienes me asesinan amándome, el resto de lo que nunca va a empezar: mi futuro. Que hagan lo que quieran con él, conmigo y con la nada que me estruja el pecho y me aturde en las sienes. Que saquen el veneno y me dejen vacía, limpia, estúpida, incapaz de sentir, de pensar, incapaz de ser yo, y entonces darles la oportunidad de que sientan que controlaron la situación, que me salvaron, me curaron y consiguieron que quizas no esté feliz, pero que al menos deje sentenciarme, condenarme y sentir que dejo escapar un poco de vida a cada exhalo. Mientras que en realidad estén anestesiando mi razonamiento, dandole morfina al dolor insistente de mi alma, y tapándome los ojos para dejar de ver que hay, quien soy, adonde vamos y quienes faltan. Me quitan la vida para que pueda vivirla. ¿que paradójico no? Asesinan a quien realmente soy sólo para evitar que yo asesine a quien nunca querré convertirme, y así hacen de mí un ente inanimádo, un ser desalmado, un numero infímo entre el infinito, sólo para que yo deje de destruirme, de amargarme... porque aparentemente soy la única, al parecer en toda la existencia, que tiene un paladar capaz de detectar que en realidad la vida sabe a amargo, y no existe azúcar capaz para atenuar su acritud.


Deformen al ser monstruoso que idee para mi carta de presentación. Están autorizados a terminar con el trabajo que incié yo misma y que llevé adelante muy bien, culmínenlo, denle fin, sí, destrúyanme. Lo hubiese echo bastante más rápido, pero si su juego es hacer más profunda la tortura y alargar el plazo, adelante, estoy en sus manos.

No se como no se dan cuenta, el amor me consume, el amor desmedido hacia ustedes. Este círculo repetitivo se encargan de reanudarlo....ustedes, ustedes, los unicos que podrían revertirlo.
Esa luz en mis ojos que los enamora como padres y los llena de orgullo... esa es la luz que están apagando.