Feliz Navidad, felíz año nuevo, felices Pascuas.
Ojala esté mejor cuando me vuelva a ver. Por el momento voy a cerrar bien fuerte los ojos e ignorar que el tiempo está arrancandome vida a su paso.



Desconectandome...

Sólo para que te quede claro



No se cuantas son las formas en que se puede vivir la vida, no me importa si son infinitas o están limitadas, pero la variedad es amplia y cabe destacar que acabo de descubrirlo.
Me di cuenta que pasé todos mis años pensando y pensando, analizando y reanalizando ciertos aspectos que si bien pueden resultar esenciales o interesantes, las respuestas para aquellos interrogantes no nos son dadas con facilidad, y empiezo a sospechar el por qué de ello: no son indispensables, no nos aportan nada, no nos allanan el camino ni nos benefician en ningún sentido; lo único que pueden hacer por nosotros es aclararnos un poco el panorama de lo que tendremos que vivir inexorablemente y quizás saciar esa curiosidad por lo misterioso.

Ayer entre una conversación “filosófica” en la sobremesa navideña lo entendí. Me quedé apartada de la conversación insólitamente, y aunque en un principio mi impulso por refutar las idioteces que estaba presenciando me dominaron, supe controlarlas y terminar de escuchar esas opiniones despectivas de gente desinteresada por las incógnitas básicas del por qué estamos acá (en este mundo). Personas únicamente sometidas a los ramales económicos, políticos y culturales, que sobre la charla descubrí como los únicos aspectos que vale la pena analizar porque cambian tu presencia actual, o la compartida presencia de la humanidad.

En un segundo y sin utilizar más del diez por ciento de su capacidad cerebral, lograron tirarme abajo los fundamentos sobre los que construí todos mis razonamientos y mis hipótesis acerca de lo que anduve viviendo. Me di cuenta que todo fue completamente en vano, que si bien soy rotundamente diferente a ellos, no conseguí nada con mis pensamientos de izquierda. Nada que vaya más allá que complicarme el paso y hacerlo más pausado y menos llevadero.

Catalogaron a los filósofos como personas que no hacen más que sentarse a pensar sobre aspectos que a nadie debería interesarles. Fue una crítica absurda, estúpida y hasta indignante, y sin embargo cuando callé por un momento sentí que esas palabras estaban afectándome personalmente. No se si tal definición se aplicaba a los filósofos de hecho, pero si particularmente a mí y al estilo que elegí para llevar los días. Era una idiota, pensando en idioteces (valga la redundancia) que no me iban a llevar a ningún lado, porque si mis razonamientos fueran positivos o constructivos desde algún lateral, quizás serían aceptables, pero vayamos al caso general de que los más renombrados pensadores y escritores terminaron su vida de forma caótica y con un suicidio como medio, de la misma manera que yo hubiese querido. Mi lógica era turbia, porque ese es el estado de la realidad pura. Y cuando uno empieza a descubrir la vida a veces es mejor cerrar los ojos y volver a tantear en la oscuridad que darse de lleno con tanto.

Hay una causa, una verdadera causa, por lo cual la vida está llena de misterios y hay tantas cosas que vivos, jamás conseguiríamos entender, justamente porque si lo supiésemos no lo soportaríamos. Como dice Cervantes: “quien busca la verdad, corre el riesgo de encontrarla” y queridos lectores míos, hoy renuncio. Hoy llegue a explorar un punto de la realidad de la que jamás voy a lograr volver hacia atrás, hoy considero que ya vi demasiado, que ya escuche más de lo que debería, que ya tuve que aprender a aceptar cosas que me resultan inaceptables. Y temo desde lo más profundo de mi existencia, que si sigo indagando y escarbando donde ya sé que no debo, mi misma existencia va a reducirse hasta desaparecer por completo, siguiendo los deseos de mi propia voluntad.

Hice más de lo que hubiera querido hacer, pero así es todo, uno encuentra y entonces lo envuelve un deseo de seguir buscando y hallar más, y la riqueza que nos ofrece la realidad extrañamente nos despoja y nos vuelve pobres, pobres de mente, de alma y de libertad.

Vi más de lo que hubiese querido ver. Hoy pongo un freno, hoy me limito a preocuparme sólo por el circulo interno de un radio de ‘todo lo que me compete y/o afecta’. El resto no me corresponde a mí desentrañarlo.




Espero que hayan pasado una navidad maravillosa y que terminen el año de manera estupenda, para empezar uno nuevo mucho mejor aún. Yo por mi parte procuraré hacer lo mismo. Espero el próximo año acabar mis días agradecida y deseando la oportunidad de que se repita, y no como ahora, que busco desesperadamente la manera de, no al extremo de borrarlo de mi cabeza, pero si de extraer las enseñanzas y a partir de allí virar TODO para lograr que el próximo sea completamente opuesto.

No nos tocan buenos y malos días, rachas o años, somos nosotros mismos los creamos esas situaciones y alargamos su efecto cuanto queramos.

Voy a dejar un poco las palabras y entonces así evitar lo tedioso que se vuelve cuando uno plasma en letras los proyectos para un año nuevo. Mi único proyecto se basa en no proyectar ninguno. Sino actuar. En el instante inmediato en que el proyecto surge este inicia o muere. No hay lapsos, no hay metas, hay solo triunfos, y además es la forma más efectiva de anular los fracasos: no dándoles la oportunidad de parecer.



Mi postura agnóstica frente a las religiones, que considera al hombre como un ser incapaz o carente de herramientas o medios para poder afirmar la certeza de que existe algún dios supremo, padre de la existencia de la naturaleza completa, se fue apoderando también de todos mis razonamientos filosóficos. Sinceramente no creo que el hombre se capaz de poder resolver tale misterios, y al intentarlo se intoxica. Así que mis postura consiste en ubicarme a un lateral de las opiniones y seguir andando con la vista fija en una línea recta.

Escapar de lo que es innecesario y nos afecta puede ser mi clave para salir. Ojalá nunca deje de pensar de esta manera, ojalá nunca me vuelva una más del ancho mundo al que hoy critico por ser tan ingenuos e indiferentes, pero si volverme uno más es el precio de mi felicidad, entonces estoy dispuesta a conseguirlo.

Eating Disorders

Llevo unos días envuelta en esta tortura, más bien llevo años lastimándome con el mismo alambre de púas que me rodea el vientre, el cuello y cada una de mis piernas. Pero en la última semana apretó más fuerte, y no creo poder seguir soportándolo, estoy enferma.

Mamá quizás deba decirte que me presiono por sonreír cuando estoy mal; mundo quizás deba decirles que me trago las lagrimas cuando salgo a caminar, y cuando por momentos se rebalsa mi alma lloro, lloro como si nadie tuviera ojos para mirarme, como si nadie pudiera verme cruzando la calle, y es que en realidad todos pueden divisarme (todavía no soy invisible) pero parece que a nadie habría de importarle.

Hay alguna especie de espina punzando en mi tráquea, hay una docena de cucarachas en mi estómago causándome náuseas, hay un enorme martillo saltando sobre mis neuronas, mi sistema nervioso colapsa, mi interior se desarma… Entonces me maquillo, empiezo el gimnasio, me arreglo el pelo, me lo plancho, me lo tiño, compro accesorios y salgo de shopping en busca de ropa nueva… y ahí es donde topo con la primera piedra: en los probadores de todas las malditas tiendas de Buenos Aires hay un espejo de casi dos metros de alto y unos sesenta centímetros de ancho como mínimo, estos viles espejitos se encargan de escupirme en la cara, de martillar con más fuerza mi cabeza, de arrancarme más lágrimas que de costumbre y de llenarme de culpas, arrepentimiento y odio, un odio insoportable hacia mí misma. Ante estos episodios indeseables, descarto la ropa, y seguido a ello, el maquillaje, el pelo, los accesorios y todas las herramientas que uso para disfrazar el malestar de mi alma. Vuelvo a mi ruina, y entonces mi cuerpo abandonado empieza a expresar externamente mis lúgubres sentimientos, mis ruines y desalentados pensamientos.


Ahora sí, hace tres semanas me harté de ver ese monstruo en el espejo y empecé de nuevo: Anorexia, bulimia y querer desaparecer de mi cuerpo.

Los vómitos empezaron hace semanas, con la ayuda de laxantes, la desesperación incoherente por bajar el número de la balanza logró contentarse un poco. Un día, dos, siete, diez, catorce… para ese entonces lo único que despedía era sangre.

Una noche dejé de soportarlo, me paré, tenía los ojos rojos e hinchados y mi frente sudada. Había vacío en mi expresión, y cuando sin avisar empezaron a correr lágrimas sentí que mi cuerpo llorando buscaba alguna explicación, buscaba escuchar los motivos por los cuales estaba lastimándolo de esa manera tan inconsciente y despiadada. Si quiero destruirme bastan pastillas, alcohol y punto. ¿Por qué la necesidad de esta tortura paulatina, de esta agonía eterna?
Y en su respuesta lloró mi alma, se desplomó respondiendo que no encontraba las palabras, que no sabía que hacía ahí tendida vomitando por la garganta su vida.

Esa noche dormí sin culpa, a la mañana siguiente Mía se había ido, para el mediodía Ana rentó la boca de mi estómago, bloqueando la puerta de entrada.

No podía permitir continuar así, lastimándome tan alevosamente y yo siendo tan consiente. No me interesaban los huesos, ni las curvas, ni la piel, ni la salud o el daño. Era una cuestión de cumplir un capricho surgido desde lo más profundo por quien sabe qué cosa. Esta vez, la destrucción sería imperceptible a mis ojos, el tiempo barrería mi memoria y el dolor tardaría más en dar su impacto.

Ya no soporto salir a la calle, el último piropo fue devuelto con preguntas y lágrimas. Mis ojos no son ciegos, en cambio ellos me castigan, son parte del mismo juego en que mi mente está sometida. Se trata de odiarme el máximo y comprenderlo.
Quizás debería decírtelo, que la comida se volvió repulsiva, que el mismo aire me intoxica, que las palabras son frases fingidas, que mi sonrisa es la careta que uso todos los días. Quizás debería decirlo, pero quizás lo diga mi silencio todo el tiempo.

No busco belleza, no confundan algo sencillo con una enfermedad que busca… terminar con el sufrimiento. Me estoy dejando ir, necesito ayuda pero ya no sé como pedirla, ya no puedo dejar de esconderme, y mis únicos suspiros salen en forma de escritos que nadie lee.

Quiero salir de este infierno. Quiero, quiero salir y más me sumerjo. Si el quince de enero no logré superarlo, o estoy enterrada hasta el cuello o prefiero seguir el vuelo en otro lado. Así, de esta forma, me niego (y más que negarme es un NO puedo) seguir de esta manera.

No puedes ocultarte en una burbuja

Mi vida está igual de vacía que la de cada uno de ustedes. Se sienten felices, contentos o por lo menos cómodos por cómo se llevan a sí mismos adelante y lo más probable es que vivan envueltos en una burbuja tan reducida que limita el horizonte de sus vistas hasta su propio flequillo. O viven enredados por el estrés, las obligaciones y la rutina y el tiempo no les permite espacio para poner pausa; o viven entre personas que dicen llamarse amigos, salidas diarias y un mundo de plástico que agobia y su mayor preocupación llega a la gravedad de no saber que van a usar esta noche o si el chico o la chica que les gusta les da bola, los mira o se acaba de enterar que existen (mentes chatas, aplastadas y que envidio). Cada persona tiene su propia burbuja, los que están solos son egoístas, extremadamente egoístas y los que están acompañados, se auto convencen de estarlo.
Pero yo permanezco al margen, como siempre lo hice. La vida se me presenta como un película y por más que intente no hay manera de que pueda incluirme en ella, siempre voy a ser la espectadora que se rehúsa a formar parte de una ficción tan evidente que da pena.

Sin embargo estos días me invadió un entusiasmo sorprendente y relegué un poco mi racionalidad para diseñarme una propia burbuja, con mi mayor empeño logré despejarme bastante, huir de casa cada tarde, reducir las horas de sueño y mantenerme ocupada. Me surgió la idea de una novela, sin ningún fin específico que vaya más allá del placer por la literatura y mi ansiedad por asesinar el verano. Tenía en mente cultivar amistades y cuidar de ellas como nunca hice para ver si podía realmente cosechar algo bueno de todo eso. Hasta incluso concilie una cita para despejar mi cabeza y mi corazón que anda únicamente interesado en alguien imposible. Siempre lo que NO se pueda va lograr volverme loca. Pero con un poco de lógica me di cuenta que no podía aferrarme a esperanzas tan incrédulas y posibilidades de tan bajo porcentaje. Así que me propuse a poner en marcha mi vida y seguir, con la vista alerta por lo que cruce en mi camino pero sin aminorar la velocidad ni mucho menos poner marcha atrás.

Parecía una burbuja tan ideal y tan poco me importaba la incapacidad de ver más allá, que al instante supe que no iba a durar mucho más. Y así fue, en algún momento de la noche explotó manchándome con la realidad que antes me impedía ver. Amanecí con mi mundo desinflado y con un listado de recados que no eran sino desilusiones tras desilusiones.

Hoy es sábado, pero llueve tanto que creo que se puso el piloto del domingo. La ventana me refugia de salir afuera a cachetearme con la verdad. La cama no me invita a descansar, la televisión está vacía como cada fin de semana y las películas ni se empeñan en atrapar mi atención. Estoy acá, pero ni el espejo puede reflejarme, o tal vez es que ya ni quiero verme.
Lo único que me inspira es el aire navideño que sopla en casa. A decir verdad la navidad me entristece todavía más, y es en esta fecha cuando mi discapacidad por no creer en Dios me atormenta con más fuerza y toda mi inservible racionalidad que no acepta considerar términos como fe, empieza a exasperarme.

Sin embargo siento que hay un poco más de unidad. Los gritos no bajaron su volumen y el bullicio es igual de perturbador, pero hay una causa que nos une, o una esperanza porque llegue cierto día en particular, que crea inconscientemente una meta en mi cabeza, o un anhelo secreto por algo, que aun así disgustándome, deseo.
De mi parte más reprimida: los números siguen volviéndome loca en silencio, no sé porque me obsesiona tanto pero últimamente está empezando a costarme salir de casa, los veinte minutos previos son una tortura. Ayer quebré, me sentí tan impotente que volví a darle vueltas al mismo círculo vicioso, la diferencia fue que esta vez no sentí culpa después de hacerlo. Lastimarme ya no se me representa como ‘algo que esté haciendo mal’, sino como el placer de callar mis caprichos y la satisfacción dormida en el dolor.

Estoy completamente obsesionada por el gimnasio, los trotes por la mañana, la balanza y la ensalada de frutas y verduras. La realidad es que en los últimos meses, dejé el ejercicio, me enamoré de la bebida, le di pase libre al cigarrillo y la anorexia me fallo en una especie de bulimia fallida. Mientras los números crecían, mis ojeras y rasgos de angustia y mal sueño se extendían por mi cara y el espejo dormía debajo de una frazada, a mí lo único que me preocupaba era ser sorprendida alguna madrugada por el deseo insistente y espontáneo de quitarme la vida…

Pero ahora que mirarme por dentro y por fuera me da más lástima que aversión, no sé si haberme abandonado fue más duro que llorar frente a la impotencia de ya no poder rescatarme.
Por ahora, no obstante, el hecho de que el año termine, confunde a mi mente estúpidamente y en secreto me creo que junto a él van a terminar mi malditas obsesiones, problemas, torturas, enfermedades o el nada que ya no soporto. O que bien las fuerzas van a ser renovadas y entonces voy a despegarme de mi pasado empezando de nuevo una vez más. Pero sé que me miento, se que lo único que cambia es el nombre del mes, el número del día y los últimos dos dígitos del año. El resto permanece, ninguna fecha milagrosamente va a cambiar mi vida, mis días van a seguir siendo odiosas réplicas hasta que no me digne hacer algo al respecto en lugar de llorar acongojada y exprimir al máximo mi ingenio a fin de inventar nuevas formas originales de autodestruirme.




Como que convertí mi blog de escritos en un pelotudo diario íntimo. No sé si quería hacer eso, pero necesito sacar afuera de forma directa toda la basura que tengo incrustada en el cerebro. Puede que me haga un nuevo blog aparte para subir mis escritos “sin sentido” aparente, o que empiece a subir varios por día en este (¿) Después veré.

Close your eyes and they'll all be gone

Sé que se puede, se que ni ayer ni hoy dejaste escapar una sola lágrima, se que aunque no me mires a los ojos ya no estás enojada. Es más hoy no despertaste por que el reloj había corrido cuatro horas, hoy no despertaste sólo porque estás incluida en la dinámica cotidiana del sol y la luna jugando a las escondidas, hoy abriste los ojos y empezaste la mañana a propósito. Con una meta al final del día y una sonrisa decidida de por medio, hoy dejame decirte que envidié el fuego que tenían tus ojos.
Ya no estás colgándote del cuello de nadie para evitar ahogarte en tu propia nada, ahora estás remando sola, no hay nadie del otro lado de la orilla incitándote a cruzar el río, hoy querés llegar a tierra firme por decisión propia.

Dejame felicitarte. No te equivocaste, lo hiciste bien, y aunque sí fallaste un martes por la noche, todo es diferente en la mañana del miércoles, cuando no hay fechas, ni nombres ni horarios y la aguja se posa donde vos la dejes descansando.

No extrañes, no pienses, ni tipees de más, que todo sea a su justa medida y sin derrochar el valor que no le sabes dar. La realidad virtual es tóxica y tu aire está en las realidades que podes palpar con tus manos. No te apegues a nada porque todo es obligatoriamente intrascendental.
Las palabras son las que más lastiman, y más cuando permanecen escritas. Las palabras mienten, porque aunque sepamos que su significado tiene fecha de vencimiento en el preciso instante que le precede, nuestra memoria no recuerda eso y sigue creyendo... aunque las palabras ya estén muertas nuestros oídos siguen escuchando, y en cambio las palabras no recuerdan, ellas solo nacen, provocan llanto o sonrisa y se vuelven ceniza.
Por eso a veces escribir se vuelve algo traicionero. Los te quieros se desvalorizan, las promesas se asesinan, las metas se acortan, se alargan o se vuelan. Todo se deshace tan simple como fue sacarlo afuera de nuestra cabeza.

Por eso no te equivoques, echa las culpas, las añoranzas, cerrá los ojos y desaparecelo todo, que todo ya te desapareció primero.

Esta es la realidad que estás entendiendo, este es el mundo frío que comprendiste un día y de ahí te negaste a seguirte mintiendo. El mundo lastima, la gente se devora y todos están tristes. Algunos son olvidados, a otros los visten de fama convirtiéndolos en algo que no son, otros son indiferentes y solo se remiten a ellos mismos y a su propio círculo, hasta que el mismo se abre y ahí todos nos desmoronamos.

Somos infinitos dominós caídos, con la vil diferencia de que uno hace caer al de adelante por el simple placer de hacerlo. Me repugna generalizar tanto, pero quiero trasmitir el impacto de estar rodeados de verdaderos extraños. Hoy somos alguien y mañana nos perderemos entre los demás. Amor y odio son las caras de una moneda que no deja de girar, en verdad todo está comprendido en una misma realidad.

No quisiera que te moldees para encajar a donde indudablemente no perteneces, pero aceptarlo puede hacer el paso de los días más ligeros.

Fobia a pensar

Estoy confundida. Realmente hoy no sé ni quién soy, ni que tengo, ni que hago, ni que fui o hice.

Me entiendo muy poco por no decir que no entiendo nada de lo que últimamente ando haciendo. Ya hace una semana de que me quise matar y parece que nunca hubiera pasado, es como si lo hubiera borrado o peor aún, como si el deseo hubiese estado tan vivo y hace tanto tiempo adentro mío que se perdió entre lo común o la simple costumbre de sentirlo y seguirlo anhelando. O bien es una estrategia inconsciente que utilizo en el proceso de hacerlo pasar desapercibido: mentirme hasta a mi misma para que creyéndome yo primero me sea mucho más fácil luego convencer al resto de que eso no fue lo quise decir cuando me pregunten (ya me van a entender si es que alguna vez me cuestionan algo referido a este texto).

Mi locura es algo insano ya sé, y aunque se escape de todos los cabales ya no la siento como tan descabellada. Todo lo que hago tiene sus motivos que aunque abstractos son intensos e insistentes, pero por sobre todo son propios, tienen un lenguaje particular por lo que ni me esfuerzo en hacer que otros lo entiendan… que me entiendan.

Creo que finalmente todo este tiempo anduve buscando una identidad, el poder de alguna manera definirme como lo que soy o lo que hago. Y la anorexia, la bulimia o el self-injury, incluso el alcohol, el sexo y las pastillas terminaron siendo herramientas de las cuales pude valerme (erróneamente) a la hora de decir quién soy o lo que hago.

Imagínense tener que crearse enfermedades (o problemas) para poder sentir que uno es alguien, que uno sufre, que todavía está vivo y arriesgarse a tentar a la muerte para asegurarse que aunque ya estamos muertos en vida, todavía hay un cuerpo de por medio que sigue latiendo, respirando y al que le sigue doliendo todos nuestros maltratos.

Busqué al dolor de desesperadas maneras, humillantes, bajas, y sucias. Pero resulta ser que fue solo a raíz de la necesidad de conocerme, de definirme, de poder expresar lo que tenía adentro y no saber cómo hacerlo. Porque un promedio ocho, una salida a bailar tranqui cada sábado, una rutina en el gimnasio y un grupito de amigos no me bastaba para decir quién era en realidad. Mi vida estaba demasiado ubicada mientras mi cabeza desbordaba del molde y mis ganas necesitaban saciarse con algo… algo que no supe cómo llenar y terminé recurriendo a la autodestrucción, a la soledad y a la angustia sabrosa que tiene el silencio después de varios días de estar muerto.

Y en el infinito juego, de idas y vueltas, de denigrarme y arrastrarme por el suelo y desnudarme y vestirme cada noche de algo nuevo, fui perdiendo algunas cosas, ciertas oportunidades, algunas personas, algunas propuestas, algunas manos. El juego de lo tomo y lo dejo cada veinte minutos tiene una duración muy limitada, el estoy bien y mal, la ciclotimia al límite y la montaña rusa de los humores desemboca en la costumbre, el estar mal todo el bendito tiempo hace que luego hasta un suicidio (y se de lo que hablo) pase inadvertido.

Pero bueno uno aprende cuando pierde, siempre así, ganar no nos lleva a nada si antes no conocimos la miseria. El que nunca sufrió, jamás podrá valorar el alivio de una sonrisa, el que nunca lloro por amor jamás podrá amar sabiendo realmente lo que eso implica.
Y así voy aprendiendo, que puedo ser diez veces más fea, que puedo estar tres veces más sola, que puedo caerme cinco subsuelos más abajo, que siempre, siempre se puede estar peor pero que también siempre se puede seguir empujando para arriba porque el cielo es infinito y su entrada es gratuita.

Quisiera sacar algo de positivo en todo esto, darle un cierre al texto diciendo que desde ahora empiezo de nuevo, que siento ganas de remarla, de salir, etc… pero hoy no puedo, hoy estoy muy cansada, ya no sé hasta dónde estoy enferma y en dónde empiezo a estar sana, ya no se cuánto dolor es el que llevo adentro o si es todo un muy bien diseñado invento. Ya no confío ni en mi cabeza, me doy cuenta que todo este tiempo estuvo luchando en mi contra, aplastándome, dándome razones inexistentes para que yo justificara de alguna manera las que cosas que hacía sabiendo que no estaban bien. Ya no confío ni en mi misma y en lo que digo sentir. No voy bien, quisiera salir, pero a veces dejo de quererlo y esta contradicción me domina aniquilando mis ganas de alcanzar un cambio.

Pensar no es una elección, por desgracia.

Otra oportunidad

Me desperté con el perdón todavía húmedo en mis labios, la cabeza partida en dos y la culpa dando un salto para clavarse de lleno en mi pecho. No sabiendo hasta dónde la noche anterior había sido real y en que punto había comenzado a ser sueño.
Me dispuse a borrar los vestigios de un posible final, junté colillas de cigarrillos, blisteres vacíos, una botella con olor a alcohol y los adornos esenciales para completar el escenario fatalista: la gillette “oxidada” y pañuelos de un color intenso regados por todo el suelo.
Fui al baño, salude al extraño que lloraba del otro lado del espejo y me duché con agua helada (cosa que no pasa en ninguna estación del año por más que la temperatura sobrepase los 40 grados). Necesitaba de alguna manera que la piel se me erizara, que el corazón que golpeteaba en cada centímetro de mi cuerpo y aullaba en mi sien, descendiera sus revoluciones (más tarde entendí que la taquicardia era simplemente un efecto más de la droga en exceso).

Visita al hospital y una caravana de gente extraña. Me entretuve viendo la conversión de sus miradas en compasión cuando se enteraban. “Que necesita urgente asistencia psicológica, que qué desagradecida, que cómo, que por qué, que nada puede ser tan grave, que no puede ser si tenes una vida perfecta... blá, blá, blá”
No sé porque algunas personas creen que en una situación así, golpeándote con más culpas bien duro en la cabeza piensan que pueden llegar hacerte reaccionar. O sea... hacerme sentir peor, culpable, ciega, que no valoro nada, que no aprecio la compañía de los que me aman, etc, etc, no va a darme muchas ganas de reconciliarme conmigo y proponerme empezar a quererme eh, les aviso nada más. Pero bueno, no los culpo por ser ignorantes en el dolor, es más me alegro por ellos.
Y en cuanto a mi vida es perfecta... sí es la clásica: “que otros pasan por situaciones realmente difíciles, y que mi gran problema al lado del de ellos ni existe”.
Obvio que tienen razón, tienen muchísima razón, mi vida aunque no es ideal, esta aparentemente bien, todo ubicado, todo en su lugar, no me pasa nada fuera de los trastornos que viven en mi cabeza, nada de nada, pero ¿y qué?
Todos ven los hechos, ¿y adentro quien se fija?, ¿quien entiende lo estrangulada que siento la garganta cuando me acuerdo, cuando pienso, cuando miro el mañana y no siento ganas? ¿Quien entiende las lagrimas que vivo dejando escapar porque dentro mío el dolor colapsa? Y es todo el tiempo, la tortura me castiga cada maldito segundo que se escapa como miserable, es constantemente. ¿Quien lo entiende, que me miro al espejo cada idéntica mañana y en mis ojos no veo otra cosa que un par de huecos? ¿Que el alcohol es lo único que me salva para evitar darme cuenta que este es un mundo al cual no pertenezco? ¿que desde que le encontré un uso (inútil) a mi razón no dejo de pensar, entender, analizar y concluir que nada en mi vida tiene sentido, que la felicidad es una mera ilusión esporádica que sólo la alcanza el incoherente? ¿Quien sabe o puede llegar a descubrir que aunque este rodeada de personas mi cabeza está en una dimensión que ni existe y mi corazón permanece adentro mío, olvidado, casi muerto y frío? ¿Quien se fija en ese hueco inmenso que tiene mi alma? diecisiete años de mi vida buscando como poder rellenarlo...
¿Quien sabe todo eso? ¿Quien puede entender estas palabras si no es sufriendo lo mismo que yo?
NADIE.
No basta con vestirse con mi piel y opinar, no.




En fin, de vuelta en casa, preferí irme por unos días porque no soportaba el ambiente, necesitaba desintoxicarme de ese aire rutinario y desorganizado y pasar un buen rato llorando, llorando a los gritos si era necesario y sola, realmente sola.
Desaparecer es lo que uno necesita hacer cuando la vida te tiene empañado y no podes ver quien es el que realmente te está dando la mano. Sirve muchísimo, pero a veces nos pega y fuerte. Entonces por momentos no estaba tan errada la noche del martes, y al próximo segundo el amor que yo siento hace que todo lo que paso ese día quede sin sentido en efecto.

Me equivoqué, una vez más y pudo haber sido la última.
Quiero salir, quiero mejorar, quiero. ¡Hace cuanto que no quería algo!
Ocho de diciembre a la basura, una nueva oportunidad, quiero aprovecharla. Necesito que sea así. Amaré muchísimo la independencia pero me di cuenta que sola... de ninguna manera, no puedo, necesito manos, hombros, orejas y consejos, necesito, necesito muchísimo. Perdón, por amarme y yo amarlos a ustedes de esta manera y sentirme tan impotente respecto a lo que siento. Perdón a mi misma, perdón a las veces que fui fuerte antes y a la voluntad que dejé perdida en algún intento fallido.
Quiero salir, lo dije en serio hace unas horas y lo vuelvo a repetir, realmente quiero salir, no quiero que sea tarde, no quiero no poder arrepentirme, quiero seguir equivocándome, y quiero tener tiempo para llorarlo, para remediarlo, quiero... como hace mucho tiempo no lo hacía, hoy quiero, siento ‘ganas de’, y no importa que me haya desbarrancado y retrocedido veinticuatro casilleros, quiero alistarme y empezar esta carrera de nuevo.

Pero entonces vuelvo a caer y sin presenciar el incendio, la esperanza se hace cenizas de nuevo. El dolor sigue igual o incluso más insistente, pero la diferencia es que ya no tengo miedo, a nadie ni a nada, sólo a mi misma y de hacer lo que se que puedo.
Me arrepiento muchísimo y a la vez quisiera hacerlo de nuevo. No, no me mires como si fuera un monstruo, no creo haber elegido sufrir, pero esto es lo que tengo.





Podés enojarte, podés dejar de hablarme por un tiempo, podés gritarme e incluso golpearme con la realidad y tus palabras, pero...
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jamás me abandones.

Grito interno

Les aseguro que nada de esto es divertido, nada en lo absoluto.

No es divertido ver como a nuestro príncipe se le cae su capa azul, ni ver como sube y baja el sol por la ventana desde un cubículo sucio de temor, no es divertido el constante tic-tac del reloj, ni las risas que se oyen desde el otro lado del comedor mientras mi silencio llora, grita, y gime de dolor.
La vida se desploma paulatinamente y siento que mis brazos están atados por una fuerza más potente que mi voluntad, y nada puedo hacer mas que contemplar como se desgrana en escombros el castillo que alguna vez idee en mis sueños, cuando todavía me restaba anhelo por ilusionar.

No es fácil ser el espectador de tu propia vida. Ver como de a poco el mal humor te posee y te domina y las personas no pueden entenderte, no pueden enterarse que dentro tuyo luchas contra la impotencia de no poder defenderte. Entonces te concentras en sostenerlos bien fuertes por las manos para que no puedan soltarse, pero sentís que tu cuerpo se adormece despacio y de apoco se aflojan los dedos, y ese irritante cosquilleo suave va abriendo el hueco dejando que escapen.... que se vayan, que nos abandonen una vez más y como siempre.

No es gratificante ser un furby adentro de un oso mutante, já, les juro que no. Mostrarme como una fiera cuando en realidad tengo el corazón agrietado, resquebrajado... mas bien hecho polvo. Y sin embargo no hay manera en que logre evitarlo. Perdí el poco control que tenía, sobre los demás, sobre mi vida y hasta sobre mí. Soy ridículamente impulsiva y equivocada, subyugada por mis sentimientos mas superfluos que están siempre alerta y esperando por cualquier presa. Vivo a la defensiva, ya no me importa si me atacan o no, a fin de cuentas siempre acabo lastimándome.

El sarcasmo fue una herramienta que descubrí para fabricar sonrisas a partir de los malos momentos. Esa es la única manera que encuentro para reír, para componer carcajadas secas que no son más que lamentos envueltos en humor negro. Así logré mantenerme... aletargada, ¿pero por cuánto tiempo más puedo seguir evadiendo la realidad? No quiero despertar una mañana y encontrarme en el suelo, con la bandera blanca flameando en un cielo que nunca antes estuvo tan alto, con un circulo de confianza integrado por la curiosidad de simples pasajeros, con tantas caras conocidas pero sin ninguna mirada, con el regalo de bellas palabras ansiosas pero todas ellas siendo sordas y ciegas. No quiero afrontarlo, no puedo hacerlo sabiendo que fui yo quien por temor echó la llave al cerrojo para que nadie pudiera entrar a dañarme, pero dejando así también afuera a todos aquellos que intentaron de una u otra manera ayudarme.

Quiero salir. Ojala pudiera hacerlo mediante la misma inercia que me sumergí. Pero no, es tan fácil destruirnos pero tan complicados recomponernos. Tengo que aprender a seguir, a pesar de estar enojada conmigo misma, a pesar de no poder perdonarme tantas cosas y hasta el cada día. Tengo que romper esa barrera que me aísla de mi misma y amarme, como siempre hubiese querido. Entonces ya no estaría nunca más sola, porque lustraría el polvo de todos aquellos extraños que hoy me rodean, descubriendo debajo que son los amigos que deje olvidados.

La vida es el más complicado de los acertijos, sólo que la mayoría simplemente la viven mientras yo me empecino en descubrir su real significado.

Tocando fondo

Estuve todo el santo día escribiendo y borrando, reescribiendo y volviendo a borrar de nuevo. Me negué a sentarme y expresar esta mezcla de angustia y de arrepentimiento por un fracaso (si es que así puedo llamarlo) que ya vengo asimilando, pero como no podía ser de otra manera internet se cayó (no hay ni cable me parece) y lo único que me entretiene y que no necesita de conexión es Word, asique aca estoy.

Hay varias cosas que me gustaría decir pero que por temor a enfrentarlas las escribo para que indirectamente si el destino así lo prefiere (o si les interesa como para entrar a mi fúnebre blog) se las enteren igual.

Esta mañana amanecí en el pasillo a pocos pasos de la puerta de entrada de casa (si me da un poco de vergüenza escribirlo pero estoy acostumbrándome a esta nueva sensación), con un lazo rodeándome el alma del cual pendían toneladas y toneladas de algo, algo tan pesado que hacía que mi alma se sumergiera dentro de sí misma, tenía la inexplicable sensación de que mi corazón estaba autodevorándose. A lo largo de la nefasta mañana me di cuenta que esa presión que urgía en mi pecho dándome la sensación de quebrar mis costillas, se llamaba vulgarmente culpa. Y desde entonces, lejos de atenuar, fue incrementando hasta fermentar en una inmensa bola atascada en mi garganta que me prohíbe tragar.
Saben, siempre supe controlar mi conciencia, dominar mis culpas y asesinar mis remordimientos, lo hecho hecho está, y por algo fue, siempre fui consiente al equivocarme, y en el momento decidí hacerlo, asique si fue elección mía destruir o aprovechar cada oportunidad, ¿después de qué me quejo?

Pero en relación a mis viejos, cuando mis errores o mis faltas son graves, la culpa no me deja dormir por semanas (literalmente), siempre me adueño de un insomnio fatal que me carcome las horas nocturnas. Hoy pasó exactamente igual. Me siento la basura más sucia y tóxica del planeta y sin embargo, ahí está papá el gruñón y mamá la que nunca me escucha y tampoco le importa, abrazándome con palabras de entendimiento y preocupación. Descubrí que ya no les inquieta lo que haya hecho sino que los destruye el saber porqué lo hago.
Con las dos charlas, incluida la breve conversación cuando reaccionaba, me lloraron con palabras. Ya no preguntaron que fue lo que pasó, fueron directamente al punto inicial, a mi falta constante de motivos para seguir, a mi dolor maduro, a la inercia que me mueve o me inmoviliza, a las horas que paso enredada en las sábanas simulando que no soy nada… atacaron mi ausencia de sonrisas, a mis abrazos desabridos y a como la llama de mis ojos se fue extinguiendo hasta dejar huecos vacíos. El hecho de haber recibido su amor expresado en el dolor y la preocupación en vez del acostumbrado griterío, o de los aburridos castigos de “ahora no salís más”, que nunca tienen efecto porque quedarme en mi casa no es algo que realmente me disguste (al contrario), representó (como en otras ocasiones anteriores) un shock emocional bastante fuerte que va dejando secuelas en mi parte inconsciente.

No es necesario que me siente en la mesa y les plantee todo el diagnóstico: tengo un fuerte dolor en el pecho, a la mañana cuando me despierto es más intenso y automáticamente quisiera seguir durmiendo, tengo algunos (ALGUNOS) inconvenientes a la hora de comer, siento que necesito autoagredirme la mayoría del tiempo, y cuando por accidente me encuentro con mi reflejo (porque últimamente le escapo a los espejos), mis labios sin permiso se dicen “te odio, te juro que te odio”… Fuera de eso estoy bien, todo normal no se preocupen.
Mi silencio les hablaba más de lo que yo pudiera decir usando cualquier palabra. Saben que las noches de viernes, sábado (o jueves…) no significan para mí ni alegría, ni diversión y ni pum para arriba, saben que no hay alternativa, que sólo copio el modelo clásico adolescente pero que no pertenezco.

¿Qué les puedo decir? Culpa mía no es si me trajeron al mundo equivocado. Y con esto no justifico todas mis tentativas por dañarme, ni tampoco vuelvan a pensar nunca más que fue y es a modo de venganza por estar acá, pero la realidad es que no encajo, y no digas (psicóloga estúpida) que la adolescencia es complicada para todos porque nos empezamos a descubrir, y que todo cambia, y blablablá, no se cuantas pelotudeces más, porque seis años tenía cuando corrí a la cama de dos plazas de mamá y me tiré llorando no sabiendo cómo expresarle que desde hace días se había instalado en mi pecho un dolor insistente, agobiante, y qué cuando ella quiso urgente pedir un turno con el pediatra, la frené diciendo que ese dolor era un poco más profundo, que de ese dolor no se estaba quejando mi cuerpo sino que la que lloraba era mi alma.

Nunca pude saber porqué dolió tan fuertemente aquella vez, por momentos fue mejorando hasta incluso por instantes fugaces simuló desaparecer, pero en realidad aprendí a crecer con una estaca sin sentido clavada en el pecho. Y hasta mi pubertad lo llevé bastante bien, pero cuando me deshice de mis últimos rasgos de una inocencia bastante pobre, y mi racionalidad llego al máximo, inevitablemente la falta de causas para el tormento de ese dolor fue superándome.

Así llegue hasta hoy, con un recordatorio diario que vive en mis muñecas y piernas, con un historial que debería llamar “diez mil maneras de demostrarle al mundo lo poco que me quiero”, y con lo peor de todo: esa sensación insoportable de sentir que defraudé a las personas que me aman, a los únicos cinco seres que invertirían su vida por sanar este mal innato en mí, y que aun así volvería a defraudarlos dejando de existir.
Nací torcida me dijo la doctora, nací hermosa y perfecta a la vista (adulación barata) pero con un pequeño problemita en la cabeza, no es que no estés cuerda, decía, sino al contrario, creo que te ajustaron demás. Le dio en el blanco, pensé yo.

Por mucho tiempo intenté buscar personas que sufrieran lo mismo que yo, tal como si fuera una enferma buscando semejantes para consolarse mutuamente y entenderse mejor. Pero en la búsqueda confundí la raíz del porqué estoy así, con los síntomas que surgen a partir de ello. Y lo único que encontré fue acercarme a personas sin ganas de seguir, con intentos de suicidio o con un fuerte anhelo por hacerlo, en su mayoría anoréxicos a modo paulatino de desaparecer. Y aunque en un principio logré sentirme comprendida, cuando atacaba la raíz de los hechos, nada concordaba. Para algunos la desgracia más humillante era estar diez libras sobre su peso ideal, y yo pensaba ¿quererse matar por algo tan solucionable?, otros, los más desafortunados, tenían una infancia complicada, malas experiencias que resultaron perturbadoras y que nunca lograron superarlas, y luego había también de los aburridos, los que después de haber probado la bisexualidad, el budismo y el porro, tendieron por probar la moda suicida a ver que onda.
Pero aunque desencadenamos en lo mismo, no pude encontrar a nadie infectado por el mismo virus (por personificar este inmenso signo interrogativo), y esta conclusión de sentirme única (pero de una manera lastimosa) terminó por desubicarme del resto y aislar mi verdadera personalidad mientras generaba una que vaya acorde a lo que debería ser yo normalmente.


En fin me fui bastante por las ramas (¿se nota que tenía ganas de escribir?), no voy a hacer una reseña histórica de cómo se fue desarrollando mi demencia, el punto es que no puedo dormir y estar despierta representa un peligro para mí. No dejo de pensar ni por dos minutos consecutivos, no paro, no me doy respiro.
Siento ganas de subir despertar a mis viejos y asfixiarlos en un abrazo, pedirles perdón por ser esto, y prometerles la utopía de que mañana todo va a ser diferente. Pero me quedo agazapada en esta silla podrida, escribiéndole a la nada todo lo que pienso, todo lo quisiera hacer y no puedo, expresando esta impotencia que es lo que más me enferma.

Al menos el resto de las culpas del día de hoy supe dominarlas bastante bien, la noche de ayer la asesiné, sí, nunca existió, ¿qué? ¿Qué hasta hay Fotos? Nono, no me importa, yo estoy segura de lo que digo, ahí debe haber photoshop, jaja. Lo peor es que en ese sentido mi mente me domina tan exquisitamente que logra borrarla sin dejar vestigios. La realidad es que esta nueva manera de dañarme que me rebusqué no es nada comparada a la que cuentan mis brazos, pero no por eso me justifico ojo, no quiero volver a escuchar la palabra Peters hasta que cumpla los treinta y seis.
Y en cuanto a lo otro… gente en mi carta de presentación incluyo TODO lo que soy, poniendo énfasis en el pequeño conflicto que tengo con la vida y desarrollando cada una de las consecuencias que sobrevienen a partir de ello. Asique no sé dónde está la sorpresa, soy esto y punto, ¿que no me habían creído cuando lo dije? Si en un principio yo aclaro las cosas, me desentiendo de las responsabilidades, está bien, fue un error empezar igual, pero todos somos inocentemente egoístas. Hoy no soy nada, hoy soy un menos gigante, todo lo que toco lo destruyo asique si desaparezco de sus vidas agradézcanlo. Igualmente perdón por tener que hacerlo, o no está bien, voy a tomar la parte que me corresponde, perdón por QUERER hacerlo. Eso no significa que no los quieras, al contrario, MUY al contrario. Igual no me siento tan importante cómo para pensar que puedo hacerle falta a alguien.

Bueno si leyeron hasta acá los felicito, si leyeron salteado y justo cayeron en esta parte saltéenla esta también porque sigo hablando de huevadas. Sé que hasta cuando yo misma lo relea voy terminar con un suspiro pensando en cómo hice para volverme tan loca. Asique prefiero no imaginar lo que ustedes estarán pensando. Son las tres de la mañana y preferiría estar embriagada anestesiando mi capacidad para pensar. Pero les seguro que ya no va a volver a pasar, sinceramente les regalo el cómo me siento al día siguiente, y no estoy hablando precisamente de la resaca eh.

Voy desaparecer unos días, voy aferrarme a escribir y escribir va a ser lo único que haga, pero voy a desaparecer, darle uso a mi disfraz de fantasma, total nadie me extraña.
Me voy a leer algo porque sino podría seguir escribiendo diez tomos más, siento que me es imposible expresarles lo MAL que me siento, lo destrozada y pisoteada que tengo el alma, lo cansada que está mi cabeza, lo mucho que me duele adentro esta falta de hombro en el cual apoyarme a llorar un rato. Igual creo que internet no volvió, asique haré tiempo hasta que pueda subirlo al blog.




Me hubiera gustado hacer muchísimas cosas de otra manera, ya ni sé que es lo que el otro día me llene la boca nombrando como “correcto”. Hay varias disculpas que tendría que empezar a repartir, pero si a alguien tengo que pedirle perdón es a mí misma, por anoche, por la primavera pasada, por cada día y por mañana.

Me siento tan estúpida, vacía, resignada, sucia, basura, SOLA e incapaz que la próxima vez prometo no negarme si alguien intenta ayudarme.


Princesadragón, niñamurciélago, basuraabominable, demoniomaldito

Piensen en la basura más magnánima del universo, en la lacra de este mundo, en la suciedad nociva que se encuentra al fondo de esta humanidad tan intoxicada, piensen en la sensación más ruin, más humillante, egoísta y sórdida. Piensen en la miseria que surge de tanta injusticia, en la indiferencia de vivir tan destrozados y acostumbrarse a apreciarlo. Piensen en la mentira más profunda, esa que te seduce esperando asesinarte al desnudarse, piensen en el abandono, en la traición, en el fracaso… imaginen defraudando a quienes a ciegas confiaron en uno, cortando por las muñecas a todas aquellas manos que nos apoyaron, imagínense repartiendo puñales con el rostro encubierto, despreciando la ayuda y devolviendo dolor a cambio...

Vistan su vida de ruina, vergüenza y engaño, y aun así ni estarán a un centésimo de entender como me siento ahora, en este maldito momento parada frente al espejo.

Multifacético

-cariñoso
-renovado
-indiferente
-víctima
-ideal
-enojado
-superado
-moldeable a mi manera
-insistente


Se pueden tomar infinitas posturas y probarse multiples caretas. Pero aquello diferente está en la esencia y se detecta sin esfuerzo.