¿Alguna vez has sentido, cuando cae la noche, que ya no eres quien solías ser, y de inmediato al comprenderlo algo te presiona el pecho, eliminando tu alegría en un suspiro indefinido? ¿Alguna vez has extrañado esa belleza con la que te vestía la felicidad, esos ojos brillantes que irradiaban algo especial...? ¿alguna vez extrañaste ver el reflejo del espejo del ayer?

A veces te odio, y te recuerdo como la idiota de quien logré deshacerme, como quien se llevó mis peores sentimientos (y los mejores) y me dejó solo huellas por las cuales asesino cada noche arrepintiéndome. Pero otras veces extraño las palabras que usabas, ese vocabulario meloso, de código secreto, esas expresiones envidiables y miradas sin horizontes. Y duele, duele no poder sacar todo afuera, duele tener que atragantarse los besos, estrangular a los abrazos, duele escribir mil palabras hermosas con destinatario anónimo, y no poder hacer más que arrugarlas y darle descanso en el tacho. Duele barrer las cenizas del amor, y contemplar como el viento las aleja haciéndolas de la nada; leer una novela romántica, y no encontrar la semejanza entre los protagonistas y la realidad de una misma.

Y aunque toda esa magia, haya sido simulada por el fraude de un truco falaz, la reacción del público sí era real. Lo que llegaba hasta mí, y que por demente creí, produjo dentro algo existencial. Lo único que tuvo valor, la única esencia puesta en juego, era el amor de tan inocente ceguera.


¿Alguna vez, has tenido la certeza de estar haciendo las cosas correctas, pero te falta paciencia para volver a equivocarte? ¿O para al menos arriesgarte de nuevo?

¿Alguna vez has tenido tanto adentro que temes atragantarte en el intento por sacarlo fuera?

No es que sonreír me esté prohibido, pero siento esa debilidad que se escapa cada vez que mis labios se esbozan simulando felicidad. No siento que mis pasos vayan despistados, simplemente me gusta lo arriesgado, vivir envuelta en una nube de rebeldía, cruzando las sendas de los límites, probando la picardía para saltearme la monotonía. La rutina es mi fobia, y tomar malas decisiones es un vicio que no creo poder dejar. La moral me recrimina todo el tiempo, pero mi lista de cuadrantes vacíos ansía estar llena. Ya desfiguré mi imagen, y revertí mi piel haciéndome transparente, escupiéndole al mundo esa rabia indiferente, demostrándome como un ser independiente en la odisea de hallar compañía permanente. Una piedra esbelta, una arquitectura a mitad de proceso, una escultura dañada que busca un escultor sin fama, sin obras lucradas, sin éxitos que no lleven por titulo el sacrificio tallado en mi espalda. Y sigo pidiéndole demasiado a esta vida que lleva bolsillos rotos, y no es más que un simple fachada. Pidiendo limosna de besos, mendigando todas las formas posibles de expresión de amor. Ando sedienta, algo dolida y tuerta. Imaginado hasta convencerme de ver lo que quiero. Es tan sencillo comenzar de nuevo. Pero muy complicado es no repetir las historias del pasado.


There are so many.... but none of them will take me to the port happiness.

Un golpe secó y veloz despabiló la paz que dormitaba angustiada en el lecho en que fallecía mi almohada. Mis sentidos se aturdieron ante la silueta de aura descolorida, lloraba sin lágrimas, gemía sin resonancia, pero allí estaba irrumpiendo el silencio y la calma con su energía revolucionada.
Mis sentidos intentaban descifrarla, fueron segundos intangibles, voraces, que destruyeron mi mente y palmearon la espalda de mi corazón arruinado una noche de sábado en llamas.
De alguna manera ella era mi futuro, ella representaba lo que añoraba. Tantas tardes de discusión me había distraído envidiándola y compadeciéndola, al ver que malgastaba sus días luchando contra el amor en vez de hacerlo una manía. Despreciaba su situación, mientras yo deseaba profundamente ocupar su lugar. Había transitado años, que por suerte o desgracia parecían extenderse más de lo que ocupaban en realidad. Pero al cabo de encontrarse a mitad del camino, al voltearse y melancolizar el pasado, era una ruina bellísima que había pasado como el sonido del último arrullar que oyen nuestros oídos, antes de acostarnos. Esa melodía melosa, que nos adormece mientras nos llena de ansias para intentar terminar de escucharla, pero nunca logramos acabarla. El sueño nos vence y sólo queda el vago recuerdo de lo que fue al despertarnos.
Esa era mi concepción sobre el amor que palpitaba su corazón. No podía comprender de que manera podía repelerlo, que era lo que observaba abstraída detrás del reflejo de la ventana, que podía ser tan bello e incluso superar al hecho de haber encontrado verdadero amor en su vida (y me refiero al verdadero, con todas sus letras y con todo lo que ello implica, presumiendo las dificultades de hallarlo, a tal punto que se les presenta como un sueño de poca credibilidad a la voz de la gran mayoría). No comprendía, pero solía verla pasar largas horas frente a esa puerta de vidrio sucio, recostada en su silla, con la yerba escurrida y la pava hipando, devolviéndola en teoría a su vida. Había algo en su conciencia que la asía a recriminarse alguna decisión tomada, y sospecho que sería la clave de lo que la afligía.
Y sin embargo, antagónicamente a esta situación taciturna, por momentos sus ojos adulaban a ese hombre que le sonreía sin despegarle sus ojos, ávidos reivindicándole a gritos el recordatorio de ese juramento de permanencia en su juventud. Los años se evaporaban en una simple mirada, entonces uno, ajeno a este marco eminente, comprendía que la vida, el destino, la suerte o ellos mismos, habían dado con la gracia de conocerse. En esos momentos, era hija del amor, era aspirante de la historia de mis padres, era aprendiz, y con mucha fortuna cómplice y producto de tal modelo admirable.

Pero de pronto las tardes de agonía volvían, él desaparecía por horas, mañanas y tardes enteras, y la yerba era endulzada con ciclamato de sodio hasta que la amarga noche nacía con el único fin de morir.
Sentía pena, me irritaba, juzgaba que la vida le había entregado el reglado más preciado y ella simplemente no sabía como funcionaba, no sabía como usarlo, no sabía que piezas le faltaban ni como repararlo, incluso ignoraba que podría lustrarse de vez en cuando.


Creo que la mayoría de ustedes ignora que todavía soy una niña, una niña curiosa y sufrida, que pregunta y conjetura mil veces con análisis fallidos. Y este, el análisis de mi vida, el análisis cual yo creía perfecto sobre el amor, sobre el modelo más pulido que tenía al alcance, también había sido equívoco. Era tan cercano y aun así muy poco era lo que yo percibía.

Bastaron diez segundos desprevenidos para aclararme la mente, luego de haber sufrido mi primer historia de desamor. Estaba sola hace pocas semanas, y criticaba mil decisiones de las que había tomado, jugaba con la idea de modificar el pasado y saltar tantas angustias limpiando perdones, y suprimiendo mal nacidas oportunidades. Me jactaba de tonta, con orgullo y vergüenza, no ignoraba que la suerte no me había acompañado, no obstante reconocía que todo era cuestión de tener un ojo pícaro y una mente sensata por encima de los caprichos enamorados.
En fin, estaba sola, desligada de lo que podría haber sido un suicidio para la celebridad en que puede vestirse la vida al menos durante muchas noches, a lo largo de nuestra juventud. Pero yo no lo comprendí, hasta que la vi entrar a mi habitación esa noche.

Sus ojos estaban muertos hace horas, cuando había comenzado el llanto, su alma debía de haberse fugado, estaba vacía, su único objetivo era vomitar ese virus frente a mí, para que sea testigo de la fatalidad en que puede revertirse un amor juvenil. Su mirada todavía arde en mi subconsciente, sus ojos tenían una expresión que nunca antes había experimentado. De pronto sus desesperación me hizo sentir estar colgada en el risgo de algún abismo, sujetándome de punzantes rocas traicioneras que amenazaban con darme la muerte. Y ella estaba allí, abalanzándose a tomarme por los brazos para impedir que cayera, ese era la escena a la que sus retinas me trasportaban. Pero fuera de esa realidad, y dentro de esta, ella estaba aclarando su garganta para escupir más dolor que palabras en uno de sus consejos, que hubiera deseado tomar en un principio de su vida.
Me miró y ahogando un llanto mudo, me dijo:
- Este hubiera sido tu futuro, estas a salvo, así hubiera sido cada uno de tus día por el resto de tu vida. Agradecé que tuviste un indicio temprano, y mucha fuerza para tomarlo. No vuelvas entonces, a repetirlo.
Y desapareció, dejando la puerta abierta y una secuela en mi razón. Algo dentro de mí había corrido tras ella a abrazarla, y el resto se había quedado dándome la seguridad de que estar sola era la prueba de que yo, entre otras pocas, era una de las sobrevivientes.
Estaba ilesa de una relación que podría haberse cobrado todos mis años, y mi felicidad.

Lo sabía desde siempre, las mujeres eran estúpidas e ilusas, creativas hasta tal medida de ingeniárselas para ver la que quisieran, ignorar las espinillas, olvidar el dolor, perdonar sin llevar la cuenta, y tener esa inmensa esperanza de creer que algún día van a cambiar por nosotras. Entonces cuando uno se enamora se convence por un buen tiempo de que encontramos a lo único ( ¡que ridículo suena escribirlo!) y no nos desprendemos sólo, y sólo (repito) por costumbre. Yo lo había logrado, había tenido la suerte de toparme con alguien inaceptable en cualquiera de sus sentidos, y aunque había pasado por alto todos sus errores, el orgullo de aquel hombre, el desinterés, la inmadurez o simplemente la falta de compasión y amor, había conseguido que no volviera a perturbar mi paz.
Me martillé madrugadas buscando mi error, cuando la respuesta no existía. Y ahora estaba aburrida, la soledad no conocía muchas formas de distracción y me resultaba bastante tedioso el intento de enseñarle algunos trucos. Estaba desconcertada, indagando si había algún error que había sido incapaz de resaltar. Pero esas minúsculas y cotidianas palabras, esa situación, musicalizada con gritos y llantos, ese cuadro despreciable que voy a querer olvidar toda mi vida, fue lo que logró aclararme todo de una vez.

La atracción puede ser desmedida, el cariño parece ser suave, las palabras pueden redoblar en una burlesca exageración las cifras (sólo por cuantificar) del amor. Pero la palabra en sí esta tan mal utilizada, que pierde su significado y se desvirtúa en bocas sucias que no entienden de lo que hablan. El amor es completo, el amor no es ser perros y gatos amándose al fondo a la derecha, el amor se enferma de costumbre y muere sin que nosotros alcancemos a notarlo. Y cuando lo perdemos desfallecemos, porque el teléfono muere por semanas, las salidas se reducen y nuestro corazón se desnutre. Pero es sólo un falsa ilusión, de perder la costumbre, de romper el molde en el que nos fuimos formando. Entonces parece una tortura, acostumbrarse a otros labios, a otros consejos, a otras respuestas, a otras caricias, a otros defectos...
Pero hay un secreto, cuando logramos superar todo aquello que se nos avecina en un principio como una desenfrenada estampida, aterrorizándonos y haciéndonos creer que es imposible de enfrentar y dejar atrás; cuando lo vencemos y depuramos nuestro cuerpo para volverlo a llenar, sentimos una alegría infinita, una agradecimiento al tiempo, a nuestra paciencia y nuestra perseverancia y a la dureza que empeñamos para lograrlo. Solemos reír cuando nos vemos desde lejos, solemos odiarnos un poco también por ser tan incoherentes, pero a salvo de aquello, tenemos todo de nuevo, incluida esa nueva experiencia, para probar una vez más, y las que sean necesarias.
Ahora sé que el amor, viaja más allá de comer galletitas crudas acostados en el pasto sucio, dándonos besos con las bocas manchas de chocolate, va mucho más allá, de un juego sensual que determina una noche de amor , en donde se confunde el placer propio con el del que nos los da. Va muchísimo más allá de cien llamados diarios y trescientos mensajes de texto, va millas de distancia de lo que las palabras expresan.
La necesidad se genera no por amor sino por soledad. Si la necesidad se generaría realmente por amor, entonces efectivamente no habría vida lejos de la persona que nos la hace sentir.

Ahora, tengo la gracia de que mi corazón se recubra con una armadura de hierro, y tenga su entrada custodiada. Ahora agradezco cada día de dolor invertido en enseñanza, porque hay un futuro que espera en el cual deberemos ponerla en práctica para llevarnos algo de esencia al trascender esta vida.
Ahora comprendo con sus palabras que nunca fui testigo del amor, pero más que nunca estoy empeñada en ser algún día su autor.


Quien podría ser tan ocurrente de suponer que sería una fiera envuelta en ceda y dispuesta a correr. Quien podría haber sido tan susceptible de encontrar la ternura indescifrable detrás de este par de ojos caníbales, con tal fatal arma homicida: su mirada que ni mira. Quien sería capaz de atreverse a ingresar en el laberinto sin salida de su mente. Tan rebuscada y exquisita, tan de nadie, tan suelta y perdida. Tan segura, tan necesitada y orgullosa. Quien tuviera la valentía de unirse a su fuego y combatir tus deseos, quien tuviera la fortaleza de intentar satisfacerlos...
Es tan hiriente que arde hasta en la distancia con el recuerdo, es tan permanente que se aloja por semanas en tu cerebro, quien podría soportar el peso de esa mujer del viento, quien podría atraparla, cuando le es imposible plantar su vuelo. Su sabor no es justamente el más potente de sus efectos, su baile redefine lo sensual en sexo. Quien podría dar media vuelta, sabiendo que es muy temprano para eso, y no convivir con el ‘hubierasidosí’.

Have you ever thought you could change our life story?

Tomorrow is gonna be too late.

Mañana, na, na.

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por quéeeeeee?

Mañana se van los últimos suspiros, las últimas esperanzas, los últimos gritos de auxilio.
Pasado, ya no va importar más nada.

How many times? How many lies?

¿Cuántas veces has pensado en mi? ¿cuántas vueltas has dado entre las sábanas imaginándome allí? ¿cuántos sueños deseaste que fueran reales, y cuántos de ellos despertaste llorando mares? ¿cuántos kilómetros recorriste sólo para verme regresar a casa empapada en lagrimas, como cada mediodía? ¿cuántas veces te escondiste entre los árboles para ver como doblaba las esquinas de esa plaza testigo de lo que fuimos? ¿cuántas veces me dejaste ganar cuando alguien más te pedía lo que nunca me pudiste dar? ¿cuántas veces te maldijistes, te arrepentiste, te odiaste...? ¿cuántas cosas te recriminaste? ¿cuántas veces deseaste volver al agosto pasado y comenzar de nuevo? ¿cuántas veces estuviste seguro de que lo último que harías sería dejarme ir? ¿cuántas cosas perturbarán tu cabeza hoy, cuando te vayas a dormir? ¿cuántas cosas hermosas recuerdas de mí? ¿cuántos llamados hiciste solo para escuchar un hola apagado de la voz que te hacía tan feliz? ¿cuántas veces pensaste en lo que pudo haber sido? ¿cuántas veces me seguiste en el silencio sólo para reconfortarte con la idea de que yo seguía ahí? ¿cuántas noches me celaste? ¿cuántas historias te inventaste? ¿cuántas veces me leiste? ¿cuántas ganas son las que no dan lugar a tu temor? ¿cuántas veces recordaste mis enseñanzas y las pusiste en práctica? ¿cuántas veces te preocupaste por si vivía, agonizaba, había muerto o era feliz? ¿cuántas veces te diste cuentas que eras incapaz de comprender cuanto yo te amaba? ¿cuántas veces planeaste dejar todo por mí?

¿cuántas lagrimas dejaste en estas letras?

Si las cantidades son escasas, si apenas existen o si todas ellas son nulas (como yo lo creo)....


¿cuántas veces me inventaste? ¿cuántas veces insististe en reemplazarme? ¿cuántas alternativas implementaste? ¿cuántas veces sentiste rencor injusto? ¿cuántas veces anulaste tu moral y rechazaste tus culpas? ¿cuántas veces diste esto por terminado? ¿cuántas veces creiste que al dar vuelta la página mi nombre no seguiría ahí grabado... en todas sus hojas? ¿cuántos tequilas tomaste para olvidarme, o cuantos cafés invitaste? ¿cuántas veces te convenciste de que tengo copias que podrán superarme? ¿cuántas veces intentaste retomar tu tan ansiado pasado? ¿cuántos miedos tuviste para jamás ir a buscarme? ¿cuánto orgullo te llena el pecho que jamás escupió un perdón tu garganta? ¿cuánto interés te falta para preguntarte como sigo caminando? ¿cuánta maldad reencarnás para lograr dar vuelta el rostro y dejarme atrás? ¿cuántas mentiras más hay archivadas en el portafolios de tu otra vida? ¿cuántas manchas tiene tu alma? ¿cuántas veces afirmaste que yo no era Yo y que vos no eras Él?


Si todas las cantidades son elevadas, son numerosas...

...entonces ya sabes como sigue la historia.
Es sólo un test, sólo para que veas de que manera reaccionaste y que sentiste, sólo para que puedas conocerte, y sepas que era lo que yo esperaba y como una vez más supiste desilucionarme.

.

Necesito que todas las mentiras se vuelvan realidad.
¿Acaso podría ser?

Gritos al aire

¿Qué pasaría si te digo que no puedo seguir? Que me cansé de ver que el sol salga y se esconda llorando por detrás de la nubes rebosadas de ira infinita, que la cama es el sarcófago de mi futuro más cercano, que todo se vuelve un maldito deja vu de hace exactamente un año de antigüedad, y que no soy lo suficientemente fuerte como para llevar adelante un mes (de exacto nombre) desierto, miserable y con amenazas de ser el último o de ser eterno. Ya no quiero elegir entre ambas ruinas, ya no quiero ir hambrienta a pedir pan, caricias ni afecto, ya no quiero bastones, ni sonrisas de aliento.

El calendario está desgastado por la humedad y el descuido, alguien se robó mis últimos doce meses, si no hay manera en que me sean devueltos, por favor llevate con ellos la próxima docena también. Y quizás convendría que tomes la que sigue luego de esa, y la próxima... y todas las que resten.

Nada de ayer tuvo sentido, y no hay nada que me garanticé que mañana lo tendrá.

Me olvidaba de decirte...


La cama se me hace más pequeña, y cuando duermo... en la almohada encuentro tu cabello despeinado. Una mata indefinida como tus pensamientos. Tan rebuscada, tan completa y complicada, río pensando en aquellas cuestiones sin sentido aparente... eras definitivamente diferente. Los celos enfermizos y esas preocupaciones indecentes, eras mi escudo y disparabas como balas tus palabras mas hirientes solo para defenderme, sólo para hacerme sentir un chico protegido, como nunca antes lo había sentido. Las multipersonalidades que te ingeniabas sin saber nada de nada, sólo para lograr que en una sola persona yo encontrara familia, amigos y una mujer.. mi única amada. Hiciste un trabajo excelente, me conseguiste suelo, techo y paredes, y me encendiste con luces fluorescentes la senda perfecta para que trace un destino sin inconvenientes.
La magia no se desprende y los recuerdos son esas flechas que aunque quites de tu frente, la herida seguirá latiendo en tus sienes y el sabor dulce y amargo permanecerá revoloteando tu vientre. Pero fuiste mucho más inteligente, y ahora aunque mueras de a poco y te sientas extraña a ese mundo que abandonaste por ir detrás del sueño de hacerme feliz, sabrás que es cuestión de días fugaces para que sigas tu labor minucioso en otro hombre. Y que cumplas tu objetivo y sigas haciendo esos milagros de amor y conversión en personas que necesitan tanto al igual que yo. Nunca esperes el gracias o el perdón (mi perdón), porque en un principio entregaste sin ser conciente de la devolución. No pierdas mucho tiempo más cuestionándote, no importa realmente cuanto te amé, sólo importa que dentro sepas que todo ese bien que me escupiste en el cuerpo llego a mi alma para hacerme un hombre fuerte, enorme y pequeño. Y que sí! valió la pena, valió la pena el esfuerzo, valió la pena la entrega completa, de tu ser, tu esencia, tu inteligencia y tu cuerpo, y que valieron la pena todas esas lágrimas que derramaste por que los resultados te sorprendieron con noticias amargas. Pero hasta hoy valió la pena en mí, a partir de mañana valdrá la pena en alguien más.


Aunque no lo escuches, mi alma lo murmura por las noches antes de dormir, a falta de esa moral que me tardó un año entero en llegar.
Perdón, perdón por todo eso que fui, y gracias por siempre haber y estar para mí.
Nos veremos pronto cuando tu corazón sea lo suficientemente fuerte como para aceptar como fueron sucediendo los acontecimientos.


Te ame, lo hice.

Una batalla sin fracaso, sin victoria.




Quisiera poder beberlo hasta el fondo, quisiera poder besar hasta que el colorado de los labios se extienda demasiado. Obligar a una hilera de ojos a que se monten en la montaña rusa de mi cuerpo.
Quisiera que el cielo sea mi suelo, y mis talones tu espejo.
Expresar la música en movimientos, y en un canto di fónico sacar toda esa euforia del remordimiento. Pisar el suelo imaginando que es el camino inverso a la jaula donde dormí todo este antiguo tiempo. Quisiera transformar toda esta locura insana en locura divertida, pervertida pero realzada.
Voy a partir el hielo, y a levantar el infierno de los que cruce mi recelo. Voy envolver caramelos, aunque quisiera solo jugar con mis labios y ellos. Voy a vencer a mis no puedos. Voy a disfrutar aunque esa daga desafilada todavía ande gimiendo.

Quisiera que hubiera justicia para todo esto, y que me devuelvan en agradables sorpresas todo aquello que entregué en besos, abrazos, oportunidades, tiempo y celos. Aunque con un llanto de arrepentimiento mi alma dormiría satisfecha, con un simple perdón herido de sangre fresca, mi corazón podría convencerse de que mi amor en algún punto valió la pena.
Sólo basta distraerme para desenfocar a mi alma que anda necesitando el cierre perfecto para esta novela de desamores, homicidios y mentiras en versos.




Yo sólo quisiera saber... ¿qué tanto valió la pena amar y perder?

Despidiéndote, ahogo.


Su llaga estaba extinguiéndose, concluyó mirándose al espejo, mientras sujetaba con fuerza su labio estirado a más no poder, para analizar esa pequeña mancha blanca que quemaba como el infierno. Durante toda su vida había convivido con esa plaga insoportable que brotaban cuando sus ánimos se estampaban contra el suelo, y pasaba la mayor parte de su tiempo recostada en la cama.
Pero jamás había tenido una de tal magnitud, y lo más curioso era que su sonrisa estaba fresca y sus ánimos (aunque tambaleaban por momentos) estaban excitados.
Era como si su corazón se expresara corporalmente de una manera muy minuciosa y persistente. Por dentro estaba completamente destartalada. Sentía que los pulmones se le habían desajustado y que ahora estarían luchando por un espacio contra su vejiga. Su garganta carraspeaba constantemente, a fin de disolver ese nudo que se había situado allí un día y se rehusaba a desaparecer. El corazón estaba amarrado por algo muy pesado que vivía presionándolo todo el tiempo hacia abajo. Sentía estar en sensación de shock permanentemente, e hiciere lo que hiciere, leyera un libro, saliera a caminar, o saliera a reventar la noche, esa sensación pesada que le estrujaba el pecho permanecida dormida en el lecho de su vientre, bajando y subiendo, para hacerse más intensa todavía por momentos.
Había un solo miedo que la inquietaba y le perturbaba el sueño. Era cuestión de días para que se extinguiera esa brecha de dudas que la desnudaba como tonta e inmadura, pero con la reducción del tiempo las ansias se inflamaban amenazando con estallar su calma.

Su llaga estaba desapareciendo, su llaga ya no dolería en un par de días más.
¿Por qué entonces estoy tan inquieta y aturdida...?


Quizás porque estoy enamorada del dolor, y lo más difícil de afrontar, aun más que el mismo sufrimiento, es aceptar que aquello ya no dolerá nunca más.