Feliz Navidad, felíz año nuevo, felices Pascuas.
Ojala esté mejor cuando me vuelva a ver. Por el momento voy a cerrar bien fuerte los ojos e ignorar que el tiempo está arrancandome vida a su paso.



Desconectandome...

Sólo para que te quede claro



No se cuantas son las formas en que se puede vivir la vida, no me importa si son infinitas o están limitadas, pero la variedad es amplia y cabe destacar que acabo de descubrirlo.
Me di cuenta que pasé todos mis años pensando y pensando, analizando y reanalizando ciertos aspectos que si bien pueden resultar esenciales o interesantes, las respuestas para aquellos interrogantes no nos son dadas con facilidad, y empiezo a sospechar el por qué de ello: no son indispensables, no nos aportan nada, no nos allanan el camino ni nos benefician en ningún sentido; lo único que pueden hacer por nosotros es aclararnos un poco el panorama de lo que tendremos que vivir inexorablemente y quizás saciar esa curiosidad por lo misterioso.

Ayer entre una conversación “filosófica” en la sobremesa navideña lo entendí. Me quedé apartada de la conversación insólitamente, y aunque en un principio mi impulso por refutar las idioteces que estaba presenciando me dominaron, supe controlarlas y terminar de escuchar esas opiniones despectivas de gente desinteresada por las incógnitas básicas del por qué estamos acá (en este mundo). Personas únicamente sometidas a los ramales económicos, políticos y culturales, que sobre la charla descubrí como los únicos aspectos que vale la pena analizar porque cambian tu presencia actual, o la compartida presencia de la humanidad.

En un segundo y sin utilizar más del diez por ciento de su capacidad cerebral, lograron tirarme abajo los fundamentos sobre los que construí todos mis razonamientos y mis hipótesis acerca de lo que anduve viviendo. Me di cuenta que todo fue completamente en vano, que si bien soy rotundamente diferente a ellos, no conseguí nada con mis pensamientos de izquierda. Nada que vaya más allá que complicarme el paso y hacerlo más pausado y menos llevadero.

Catalogaron a los filósofos como personas que no hacen más que sentarse a pensar sobre aspectos que a nadie debería interesarles. Fue una crítica absurda, estúpida y hasta indignante, y sin embargo cuando callé por un momento sentí que esas palabras estaban afectándome personalmente. No se si tal definición se aplicaba a los filósofos de hecho, pero si particularmente a mí y al estilo que elegí para llevar los días. Era una idiota, pensando en idioteces (valga la redundancia) que no me iban a llevar a ningún lado, porque si mis razonamientos fueran positivos o constructivos desde algún lateral, quizás serían aceptables, pero vayamos al caso general de que los más renombrados pensadores y escritores terminaron su vida de forma caótica y con un suicidio como medio, de la misma manera que yo hubiese querido. Mi lógica era turbia, porque ese es el estado de la realidad pura. Y cuando uno empieza a descubrir la vida a veces es mejor cerrar los ojos y volver a tantear en la oscuridad que darse de lleno con tanto.

Hay una causa, una verdadera causa, por lo cual la vida está llena de misterios y hay tantas cosas que vivos, jamás conseguiríamos entender, justamente porque si lo supiésemos no lo soportaríamos. Como dice Cervantes: “quien busca la verdad, corre el riesgo de encontrarla” y queridos lectores míos, hoy renuncio. Hoy llegue a explorar un punto de la realidad de la que jamás voy a lograr volver hacia atrás, hoy considero que ya vi demasiado, que ya escuche más de lo que debería, que ya tuve que aprender a aceptar cosas que me resultan inaceptables. Y temo desde lo más profundo de mi existencia, que si sigo indagando y escarbando donde ya sé que no debo, mi misma existencia va a reducirse hasta desaparecer por completo, siguiendo los deseos de mi propia voluntad.

Hice más de lo que hubiera querido hacer, pero así es todo, uno encuentra y entonces lo envuelve un deseo de seguir buscando y hallar más, y la riqueza que nos ofrece la realidad extrañamente nos despoja y nos vuelve pobres, pobres de mente, de alma y de libertad.

Vi más de lo que hubiese querido ver. Hoy pongo un freno, hoy me limito a preocuparme sólo por el circulo interno de un radio de ‘todo lo que me compete y/o afecta’. El resto no me corresponde a mí desentrañarlo.




Espero que hayan pasado una navidad maravillosa y que terminen el año de manera estupenda, para empezar uno nuevo mucho mejor aún. Yo por mi parte procuraré hacer lo mismo. Espero el próximo año acabar mis días agradecida y deseando la oportunidad de que se repita, y no como ahora, que busco desesperadamente la manera de, no al extremo de borrarlo de mi cabeza, pero si de extraer las enseñanzas y a partir de allí virar TODO para lograr que el próximo sea completamente opuesto.

No nos tocan buenos y malos días, rachas o años, somos nosotros mismos los creamos esas situaciones y alargamos su efecto cuanto queramos.

Voy a dejar un poco las palabras y entonces así evitar lo tedioso que se vuelve cuando uno plasma en letras los proyectos para un año nuevo. Mi único proyecto se basa en no proyectar ninguno. Sino actuar. En el instante inmediato en que el proyecto surge este inicia o muere. No hay lapsos, no hay metas, hay solo triunfos, y además es la forma más efectiva de anular los fracasos: no dándoles la oportunidad de parecer.



Mi postura agnóstica frente a las religiones, que considera al hombre como un ser incapaz o carente de herramientas o medios para poder afirmar la certeza de que existe algún dios supremo, padre de la existencia de la naturaleza completa, se fue apoderando también de todos mis razonamientos filosóficos. Sinceramente no creo que el hombre se capaz de poder resolver tale misterios, y al intentarlo se intoxica. Así que mis postura consiste en ubicarme a un lateral de las opiniones y seguir andando con la vista fija en una línea recta.

Escapar de lo que es innecesario y nos afecta puede ser mi clave para salir. Ojalá nunca deje de pensar de esta manera, ojalá nunca me vuelva una más del ancho mundo al que hoy critico por ser tan ingenuos e indiferentes, pero si volverme uno más es el precio de mi felicidad, entonces estoy dispuesta a conseguirlo.

Eating Disorders

Llevo unos días envuelta en esta tortura, más bien llevo años lastimándome con el mismo alambre de púas que me rodea el vientre, el cuello y cada una de mis piernas. Pero en la última semana apretó más fuerte, y no creo poder seguir soportándolo, estoy enferma.

Mamá quizás deba decirte que me presiono por sonreír cuando estoy mal; mundo quizás deba decirles que me trago las lagrimas cuando salgo a caminar, y cuando por momentos se rebalsa mi alma lloro, lloro como si nadie tuviera ojos para mirarme, como si nadie pudiera verme cruzando la calle, y es que en realidad todos pueden divisarme (todavía no soy invisible) pero parece que a nadie habría de importarle.

Hay alguna especie de espina punzando en mi tráquea, hay una docena de cucarachas en mi estómago causándome náuseas, hay un enorme martillo saltando sobre mis neuronas, mi sistema nervioso colapsa, mi interior se desarma… Entonces me maquillo, empiezo el gimnasio, me arreglo el pelo, me lo plancho, me lo tiño, compro accesorios y salgo de shopping en busca de ropa nueva… y ahí es donde topo con la primera piedra: en los probadores de todas las malditas tiendas de Buenos Aires hay un espejo de casi dos metros de alto y unos sesenta centímetros de ancho como mínimo, estos viles espejitos se encargan de escupirme en la cara, de martillar con más fuerza mi cabeza, de arrancarme más lágrimas que de costumbre y de llenarme de culpas, arrepentimiento y odio, un odio insoportable hacia mí misma. Ante estos episodios indeseables, descarto la ropa, y seguido a ello, el maquillaje, el pelo, los accesorios y todas las herramientas que uso para disfrazar el malestar de mi alma. Vuelvo a mi ruina, y entonces mi cuerpo abandonado empieza a expresar externamente mis lúgubres sentimientos, mis ruines y desalentados pensamientos.


Ahora sí, hace tres semanas me harté de ver ese monstruo en el espejo y empecé de nuevo: Anorexia, bulimia y querer desaparecer de mi cuerpo.

Los vómitos empezaron hace semanas, con la ayuda de laxantes, la desesperación incoherente por bajar el número de la balanza logró contentarse un poco. Un día, dos, siete, diez, catorce… para ese entonces lo único que despedía era sangre.

Una noche dejé de soportarlo, me paré, tenía los ojos rojos e hinchados y mi frente sudada. Había vacío en mi expresión, y cuando sin avisar empezaron a correr lágrimas sentí que mi cuerpo llorando buscaba alguna explicación, buscaba escuchar los motivos por los cuales estaba lastimándolo de esa manera tan inconsciente y despiadada. Si quiero destruirme bastan pastillas, alcohol y punto. ¿Por qué la necesidad de esta tortura paulatina, de esta agonía eterna?
Y en su respuesta lloró mi alma, se desplomó respondiendo que no encontraba las palabras, que no sabía que hacía ahí tendida vomitando por la garganta su vida.

Esa noche dormí sin culpa, a la mañana siguiente Mía se había ido, para el mediodía Ana rentó la boca de mi estómago, bloqueando la puerta de entrada.

No podía permitir continuar así, lastimándome tan alevosamente y yo siendo tan consiente. No me interesaban los huesos, ni las curvas, ni la piel, ni la salud o el daño. Era una cuestión de cumplir un capricho surgido desde lo más profundo por quien sabe qué cosa. Esta vez, la destrucción sería imperceptible a mis ojos, el tiempo barrería mi memoria y el dolor tardaría más en dar su impacto.

Ya no soporto salir a la calle, el último piropo fue devuelto con preguntas y lágrimas. Mis ojos no son ciegos, en cambio ellos me castigan, son parte del mismo juego en que mi mente está sometida. Se trata de odiarme el máximo y comprenderlo.
Quizás debería decírtelo, que la comida se volvió repulsiva, que el mismo aire me intoxica, que las palabras son frases fingidas, que mi sonrisa es la careta que uso todos los días. Quizás debería decirlo, pero quizás lo diga mi silencio todo el tiempo.

No busco belleza, no confundan algo sencillo con una enfermedad que busca… terminar con el sufrimiento. Me estoy dejando ir, necesito ayuda pero ya no sé como pedirla, ya no puedo dejar de esconderme, y mis únicos suspiros salen en forma de escritos que nadie lee.

Quiero salir de este infierno. Quiero, quiero salir y más me sumerjo. Si el quince de enero no logré superarlo, o estoy enterrada hasta el cuello o prefiero seguir el vuelo en otro lado. Así, de esta forma, me niego (y más que negarme es un NO puedo) seguir de esta manera.

No puedes ocultarte en una burbuja

Mi vida está igual de vacía que la de cada uno de ustedes. Se sienten felices, contentos o por lo menos cómodos por cómo se llevan a sí mismos adelante y lo más probable es que vivan envueltos en una burbuja tan reducida que limita el horizonte de sus vistas hasta su propio flequillo. O viven enredados por el estrés, las obligaciones y la rutina y el tiempo no les permite espacio para poner pausa; o viven entre personas que dicen llamarse amigos, salidas diarias y un mundo de plástico que agobia y su mayor preocupación llega a la gravedad de no saber que van a usar esta noche o si el chico o la chica que les gusta les da bola, los mira o se acaba de enterar que existen (mentes chatas, aplastadas y que envidio). Cada persona tiene su propia burbuja, los que están solos son egoístas, extremadamente egoístas y los que están acompañados, se auto convencen de estarlo.
Pero yo permanezco al margen, como siempre lo hice. La vida se me presenta como un película y por más que intente no hay manera de que pueda incluirme en ella, siempre voy a ser la espectadora que se rehúsa a formar parte de una ficción tan evidente que da pena.

Sin embargo estos días me invadió un entusiasmo sorprendente y relegué un poco mi racionalidad para diseñarme una propia burbuja, con mi mayor empeño logré despejarme bastante, huir de casa cada tarde, reducir las horas de sueño y mantenerme ocupada. Me surgió la idea de una novela, sin ningún fin específico que vaya más allá del placer por la literatura y mi ansiedad por asesinar el verano. Tenía en mente cultivar amistades y cuidar de ellas como nunca hice para ver si podía realmente cosechar algo bueno de todo eso. Hasta incluso concilie una cita para despejar mi cabeza y mi corazón que anda únicamente interesado en alguien imposible. Siempre lo que NO se pueda va lograr volverme loca. Pero con un poco de lógica me di cuenta que no podía aferrarme a esperanzas tan incrédulas y posibilidades de tan bajo porcentaje. Así que me propuse a poner en marcha mi vida y seguir, con la vista alerta por lo que cruce en mi camino pero sin aminorar la velocidad ni mucho menos poner marcha atrás.

Parecía una burbuja tan ideal y tan poco me importaba la incapacidad de ver más allá, que al instante supe que no iba a durar mucho más. Y así fue, en algún momento de la noche explotó manchándome con la realidad que antes me impedía ver. Amanecí con mi mundo desinflado y con un listado de recados que no eran sino desilusiones tras desilusiones.

Hoy es sábado, pero llueve tanto que creo que se puso el piloto del domingo. La ventana me refugia de salir afuera a cachetearme con la verdad. La cama no me invita a descansar, la televisión está vacía como cada fin de semana y las películas ni se empeñan en atrapar mi atención. Estoy acá, pero ni el espejo puede reflejarme, o tal vez es que ya ni quiero verme.
Lo único que me inspira es el aire navideño que sopla en casa. A decir verdad la navidad me entristece todavía más, y es en esta fecha cuando mi discapacidad por no creer en Dios me atormenta con más fuerza y toda mi inservible racionalidad que no acepta considerar términos como fe, empieza a exasperarme.

Sin embargo siento que hay un poco más de unidad. Los gritos no bajaron su volumen y el bullicio es igual de perturbador, pero hay una causa que nos une, o una esperanza porque llegue cierto día en particular, que crea inconscientemente una meta en mi cabeza, o un anhelo secreto por algo, que aun así disgustándome, deseo.
De mi parte más reprimida: los números siguen volviéndome loca en silencio, no sé porque me obsesiona tanto pero últimamente está empezando a costarme salir de casa, los veinte minutos previos son una tortura. Ayer quebré, me sentí tan impotente que volví a darle vueltas al mismo círculo vicioso, la diferencia fue que esta vez no sentí culpa después de hacerlo. Lastimarme ya no se me representa como ‘algo que esté haciendo mal’, sino como el placer de callar mis caprichos y la satisfacción dormida en el dolor.

Estoy completamente obsesionada por el gimnasio, los trotes por la mañana, la balanza y la ensalada de frutas y verduras. La realidad es que en los últimos meses, dejé el ejercicio, me enamoré de la bebida, le di pase libre al cigarrillo y la anorexia me fallo en una especie de bulimia fallida. Mientras los números crecían, mis ojeras y rasgos de angustia y mal sueño se extendían por mi cara y el espejo dormía debajo de una frazada, a mí lo único que me preocupaba era ser sorprendida alguna madrugada por el deseo insistente y espontáneo de quitarme la vida…

Pero ahora que mirarme por dentro y por fuera me da más lástima que aversión, no sé si haberme abandonado fue más duro que llorar frente a la impotencia de ya no poder rescatarme.
Por ahora, no obstante, el hecho de que el año termine, confunde a mi mente estúpidamente y en secreto me creo que junto a él van a terminar mi malditas obsesiones, problemas, torturas, enfermedades o el nada que ya no soporto. O que bien las fuerzas van a ser renovadas y entonces voy a despegarme de mi pasado empezando de nuevo una vez más. Pero sé que me miento, se que lo único que cambia es el nombre del mes, el número del día y los últimos dos dígitos del año. El resto permanece, ninguna fecha milagrosamente va a cambiar mi vida, mis días van a seguir siendo odiosas réplicas hasta que no me digne hacer algo al respecto en lugar de llorar acongojada y exprimir al máximo mi ingenio a fin de inventar nuevas formas originales de autodestruirme.




Como que convertí mi blog de escritos en un pelotudo diario íntimo. No sé si quería hacer eso, pero necesito sacar afuera de forma directa toda la basura que tengo incrustada en el cerebro. Puede que me haga un nuevo blog aparte para subir mis escritos “sin sentido” aparente, o que empiece a subir varios por día en este (¿) Después veré.

Close your eyes and they'll all be gone

Sé que se puede, se que ni ayer ni hoy dejaste escapar una sola lágrima, se que aunque no me mires a los ojos ya no estás enojada. Es más hoy no despertaste por que el reloj había corrido cuatro horas, hoy no despertaste sólo porque estás incluida en la dinámica cotidiana del sol y la luna jugando a las escondidas, hoy abriste los ojos y empezaste la mañana a propósito. Con una meta al final del día y una sonrisa decidida de por medio, hoy dejame decirte que envidié el fuego que tenían tus ojos.
Ya no estás colgándote del cuello de nadie para evitar ahogarte en tu propia nada, ahora estás remando sola, no hay nadie del otro lado de la orilla incitándote a cruzar el río, hoy querés llegar a tierra firme por decisión propia.

Dejame felicitarte. No te equivocaste, lo hiciste bien, y aunque sí fallaste un martes por la noche, todo es diferente en la mañana del miércoles, cuando no hay fechas, ni nombres ni horarios y la aguja se posa donde vos la dejes descansando.

No extrañes, no pienses, ni tipees de más, que todo sea a su justa medida y sin derrochar el valor que no le sabes dar. La realidad virtual es tóxica y tu aire está en las realidades que podes palpar con tus manos. No te apegues a nada porque todo es obligatoriamente intrascendental.
Las palabras son las que más lastiman, y más cuando permanecen escritas. Las palabras mienten, porque aunque sepamos que su significado tiene fecha de vencimiento en el preciso instante que le precede, nuestra memoria no recuerda eso y sigue creyendo... aunque las palabras ya estén muertas nuestros oídos siguen escuchando, y en cambio las palabras no recuerdan, ellas solo nacen, provocan llanto o sonrisa y se vuelven ceniza.
Por eso a veces escribir se vuelve algo traicionero. Los te quieros se desvalorizan, las promesas se asesinan, las metas se acortan, se alargan o se vuelan. Todo se deshace tan simple como fue sacarlo afuera de nuestra cabeza.

Por eso no te equivoques, echa las culpas, las añoranzas, cerrá los ojos y desaparecelo todo, que todo ya te desapareció primero.

Esta es la realidad que estás entendiendo, este es el mundo frío que comprendiste un día y de ahí te negaste a seguirte mintiendo. El mundo lastima, la gente se devora y todos están tristes. Algunos son olvidados, a otros los visten de fama convirtiéndolos en algo que no son, otros son indiferentes y solo se remiten a ellos mismos y a su propio círculo, hasta que el mismo se abre y ahí todos nos desmoronamos.

Somos infinitos dominós caídos, con la vil diferencia de que uno hace caer al de adelante por el simple placer de hacerlo. Me repugna generalizar tanto, pero quiero trasmitir el impacto de estar rodeados de verdaderos extraños. Hoy somos alguien y mañana nos perderemos entre los demás. Amor y odio son las caras de una moneda que no deja de girar, en verdad todo está comprendido en una misma realidad.

No quisiera que te moldees para encajar a donde indudablemente no perteneces, pero aceptarlo puede hacer el paso de los días más ligeros.

Fobia a pensar

Estoy confundida. Realmente hoy no sé ni quién soy, ni que tengo, ni que hago, ni que fui o hice.

Me entiendo muy poco por no decir que no entiendo nada de lo que últimamente ando haciendo. Ya hace una semana de que me quise matar y parece que nunca hubiera pasado, es como si lo hubiera borrado o peor aún, como si el deseo hubiese estado tan vivo y hace tanto tiempo adentro mío que se perdió entre lo común o la simple costumbre de sentirlo y seguirlo anhelando. O bien es una estrategia inconsciente que utilizo en el proceso de hacerlo pasar desapercibido: mentirme hasta a mi misma para que creyéndome yo primero me sea mucho más fácil luego convencer al resto de que eso no fue lo quise decir cuando me pregunten (ya me van a entender si es que alguna vez me cuestionan algo referido a este texto).

Mi locura es algo insano ya sé, y aunque se escape de todos los cabales ya no la siento como tan descabellada. Todo lo que hago tiene sus motivos que aunque abstractos son intensos e insistentes, pero por sobre todo son propios, tienen un lenguaje particular por lo que ni me esfuerzo en hacer que otros lo entiendan… que me entiendan.

Creo que finalmente todo este tiempo anduve buscando una identidad, el poder de alguna manera definirme como lo que soy o lo que hago. Y la anorexia, la bulimia o el self-injury, incluso el alcohol, el sexo y las pastillas terminaron siendo herramientas de las cuales pude valerme (erróneamente) a la hora de decir quién soy o lo que hago.

Imagínense tener que crearse enfermedades (o problemas) para poder sentir que uno es alguien, que uno sufre, que todavía está vivo y arriesgarse a tentar a la muerte para asegurarse que aunque ya estamos muertos en vida, todavía hay un cuerpo de por medio que sigue latiendo, respirando y al que le sigue doliendo todos nuestros maltratos.

Busqué al dolor de desesperadas maneras, humillantes, bajas, y sucias. Pero resulta ser que fue solo a raíz de la necesidad de conocerme, de definirme, de poder expresar lo que tenía adentro y no saber cómo hacerlo. Porque un promedio ocho, una salida a bailar tranqui cada sábado, una rutina en el gimnasio y un grupito de amigos no me bastaba para decir quién era en realidad. Mi vida estaba demasiado ubicada mientras mi cabeza desbordaba del molde y mis ganas necesitaban saciarse con algo… algo que no supe cómo llenar y terminé recurriendo a la autodestrucción, a la soledad y a la angustia sabrosa que tiene el silencio después de varios días de estar muerto.

Y en el infinito juego, de idas y vueltas, de denigrarme y arrastrarme por el suelo y desnudarme y vestirme cada noche de algo nuevo, fui perdiendo algunas cosas, ciertas oportunidades, algunas personas, algunas propuestas, algunas manos. El juego de lo tomo y lo dejo cada veinte minutos tiene una duración muy limitada, el estoy bien y mal, la ciclotimia al límite y la montaña rusa de los humores desemboca en la costumbre, el estar mal todo el bendito tiempo hace que luego hasta un suicidio (y se de lo que hablo) pase inadvertido.

Pero bueno uno aprende cuando pierde, siempre así, ganar no nos lleva a nada si antes no conocimos la miseria. El que nunca sufrió, jamás podrá valorar el alivio de una sonrisa, el que nunca lloro por amor jamás podrá amar sabiendo realmente lo que eso implica.
Y así voy aprendiendo, que puedo ser diez veces más fea, que puedo estar tres veces más sola, que puedo caerme cinco subsuelos más abajo, que siempre, siempre se puede estar peor pero que también siempre se puede seguir empujando para arriba porque el cielo es infinito y su entrada es gratuita.

Quisiera sacar algo de positivo en todo esto, darle un cierre al texto diciendo que desde ahora empiezo de nuevo, que siento ganas de remarla, de salir, etc… pero hoy no puedo, hoy estoy muy cansada, ya no sé hasta dónde estoy enferma y en dónde empiezo a estar sana, ya no se cuánto dolor es el que llevo adentro o si es todo un muy bien diseñado invento. Ya no confío ni en mi cabeza, me doy cuenta que todo este tiempo estuvo luchando en mi contra, aplastándome, dándome razones inexistentes para que yo justificara de alguna manera las que cosas que hacía sabiendo que no estaban bien. Ya no confío ni en mi misma y en lo que digo sentir. No voy bien, quisiera salir, pero a veces dejo de quererlo y esta contradicción me domina aniquilando mis ganas de alcanzar un cambio.

Pensar no es una elección, por desgracia.

Otra oportunidad

Me desperté con el perdón todavía húmedo en mis labios, la cabeza partida en dos y la culpa dando un salto para clavarse de lleno en mi pecho. No sabiendo hasta dónde la noche anterior había sido real y en que punto había comenzado a ser sueño.
Me dispuse a borrar los vestigios de un posible final, junté colillas de cigarrillos, blisteres vacíos, una botella con olor a alcohol y los adornos esenciales para completar el escenario fatalista: la gillette “oxidada” y pañuelos de un color intenso regados por todo el suelo.
Fui al baño, salude al extraño que lloraba del otro lado del espejo y me duché con agua helada (cosa que no pasa en ninguna estación del año por más que la temperatura sobrepase los 40 grados). Necesitaba de alguna manera que la piel se me erizara, que el corazón que golpeteaba en cada centímetro de mi cuerpo y aullaba en mi sien, descendiera sus revoluciones (más tarde entendí que la taquicardia era simplemente un efecto más de la droga en exceso).

Visita al hospital y una caravana de gente extraña. Me entretuve viendo la conversión de sus miradas en compasión cuando se enteraban. “Que necesita urgente asistencia psicológica, que qué desagradecida, que cómo, que por qué, que nada puede ser tan grave, que no puede ser si tenes una vida perfecta... blá, blá, blá”
No sé porque algunas personas creen que en una situación así, golpeándote con más culpas bien duro en la cabeza piensan que pueden llegar hacerte reaccionar. O sea... hacerme sentir peor, culpable, ciega, que no valoro nada, que no aprecio la compañía de los que me aman, etc, etc, no va a darme muchas ganas de reconciliarme conmigo y proponerme empezar a quererme eh, les aviso nada más. Pero bueno, no los culpo por ser ignorantes en el dolor, es más me alegro por ellos.
Y en cuanto a mi vida es perfecta... sí es la clásica: “que otros pasan por situaciones realmente difíciles, y que mi gran problema al lado del de ellos ni existe”.
Obvio que tienen razón, tienen muchísima razón, mi vida aunque no es ideal, esta aparentemente bien, todo ubicado, todo en su lugar, no me pasa nada fuera de los trastornos que viven en mi cabeza, nada de nada, pero ¿y qué?
Todos ven los hechos, ¿y adentro quien se fija?, ¿quien entiende lo estrangulada que siento la garganta cuando me acuerdo, cuando pienso, cuando miro el mañana y no siento ganas? ¿Quien entiende las lagrimas que vivo dejando escapar porque dentro mío el dolor colapsa? Y es todo el tiempo, la tortura me castiga cada maldito segundo que se escapa como miserable, es constantemente. ¿Quien lo entiende, que me miro al espejo cada idéntica mañana y en mis ojos no veo otra cosa que un par de huecos? ¿Que el alcohol es lo único que me salva para evitar darme cuenta que este es un mundo al cual no pertenezco? ¿que desde que le encontré un uso (inútil) a mi razón no dejo de pensar, entender, analizar y concluir que nada en mi vida tiene sentido, que la felicidad es una mera ilusión esporádica que sólo la alcanza el incoherente? ¿Quien sabe o puede llegar a descubrir que aunque este rodeada de personas mi cabeza está en una dimensión que ni existe y mi corazón permanece adentro mío, olvidado, casi muerto y frío? ¿Quien se fija en ese hueco inmenso que tiene mi alma? diecisiete años de mi vida buscando como poder rellenarlo...
¿Quien sabe todo eso? ¿Quien puede entender estas palabras si no es sufriendo lo mismo que yo?
NADIE.
No basta con vestirse con mi piel y opinar, no.




En fin, de vuelta en casa, preferí irme por unos días porque no soportaba el ambiente, necesitaba desintoxicarme de ese aire rutinario y desorganizado y pasar un buen rato llorando, llorando a los gritos si era necesario y sola, realmente sola.
Desaparecer es lo que uno necesita hacer cuando la vida te tiene empañado y no podes ver quien es el que realmente te está dando la mano. Sirve muchísimo, pero a veces nos pega y fuerte. Entonces por momentos no estaba tan errada la noche del martes, y al próximo segundo el amor que yo siento hace que todo lo que paso ese día quede sin sentido en efecto.

Me equivoqué, una vez más y pudo haber sido la última.
Quiero salir, quiero mejorar, quiero. ¡Hace cuanto que no quería algo!
Ocho de diciembre a la basura, una nueva oportunidad, quiero aprovecharla. Necesito que sea así. Amaré muchísimo la independencia pero me di cuenta que sola... de ninguna manera, no puedo, necesito manos, hombros, orejas y consejos, necesito, necesito muchísimo. Perdón, por amarme y yo amarlos a ustedes de esta manera y sentirme tan impotente respecto a lo que siento. Perdón a mi misma, perdón a las veces que fui fuerte antes y a la voluntad que dejé perdida en algún intento fallido.
Quiero salir, lo dije en serio hace unas horas y lo vuelvo a repetir, realmente quiero salir, no quiero que sea tarde, no quiero no poder arrepentirme, quiero seguir equivocándome, y quiero tener tiempo para llorarlo, para remediarlo, quiero... como hace mucho tiempo no lo hacía, hoy quiero, siento ‘ganas de’, y no importa que me haya desbarrancado y retrocedido veinticuatro casilleros, quiero alistarme y empezar esta carrera de nuevo.

Pero entonces vuelvo a caer y sin presenciar el incendio, la esperanza se hace cenizas de nuevo. El dolor sigue igual o incluso más insistente, pero la diferencia es que ya no tengo miedo, a nadie ni a nada, sólo a mi misma y de hacer lo que se que puedo.
Me arrepiento muchísimo y a la vez quisiera hacerlo de nuevo. No, no me mires como si fuera un monstruo, no creo haber elegido sufrir, pero esto es lo que tengo.





Podés enojarte, podés dejar de hablarme por un tiempo, podés gritarme e incluso golpearme con la realidad y tus palabras, pero...
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jamás me abandones.

Grito interno

Les aseguro que nada de esto es divertido, nada en lo absoluto.

No es divertido ver como a nuestro príncipe se le cae su capa azul, ni ver como sube y baja el sol por la ventana desde un cubículo sucio de temor, no es divertido el constante tic-tac del reloj, ni las risas que se oyen desde el otro lado del comedor mientras mi silencio llora, grita, y gime de dolor.
La vida se desploma paulatinamente y siento que mis brazos están atados por una fuerza más potente que mi voluntad, y nada puedo hacer mas que contemplar como se desgrana en escombros el castillo que alguna vez idee en mis sueños, cuando todavía me restaba anhelo por ilusionar.

No es fácil ser el espectador de tu propia vida. Ver como de a poco el mal humor te posee y te domina y las personas no pueden entenderte, no pueden enterarse que dentro tuyo luchas contra la impotencia de no poder defenderte. Entonces te concentras en sostenerlos bien fuertes por las manos para que no puedan soltarse, pero sentís que tu cuerpo se adormece despacio y de apoco se aflojan los dedos, y ese irritante cosquilleo suave va abriendo el hueco dejando que escapen.... que se vayan, que nos abandonen una vez más y como siempre.

No es gratificante ser un furby adentro de un oso mutante, já, les juro que no. Mostrarme como una fiera cuando en realidad tengo el corazón agrietado, resquebrajado... mas bien hecho polvo. Y sin embargo no hay manera en que logre evitarlo. Perdí el poco control que tenía, sobre los demás, sobre mi vida y hasta sobre mí. Soy ridículamente impulsiva y equivocada, subyugada por mis sentimientos mas superfluos que están siempre alerta y esperando por cualquier presa. Vivo a la defensiva, ya no me importa si me atacan o no, a fin de cuentas siempre acabo lastimándome.

El sarcasmo fue una herramienta que descubrí para fabricar sonrisas a partir de los malos momentos. Esa es la única manera que encuentro para reír, para componer carcajadas secas que no son más que lamentos envueltos en humor negro. Así logré mantenerme... aletargada, ¿pero por cuánto tiempo más puedo seguir evadiendo la realidad? No quiero despertar una mañana y encontrarme en el suelo, con la bandera blanca flameando en un cielo que nunca antes estuvo tan alto, con un circulo de confianza integrado por la curiosidad de simples pasajeros, con tantas caras conocidas pero sin ninguna mirada, con el regalo de bellas palabras ansiosas pero todas ellas siendo sordas y ciegas. No quiero afrontarlo, no puedo hacerlo sabiendo que fui yo quien por temor echó la llave al cerrojo para que nadie pudiera entrar a dañarme, pero dejando así también afuera a todos aquellos que intentaron de una u otra manera ayudarme.

Quiero salir. Ojala pudiera hacerlo mediante la misma inercia que me sumergí. Pero no, es tan fácil destruirnos pero tan complicados recomponernos. Tengo que aprender a seguir, a pesar de estar enojada conmigo misma, a pesar de no poder perdonarme tantas cosas y hasta el cada día. Tengo que romper esa barrera que me aísla de mi misma y amarme, como siempre hubiese querido. Entonces ya no estaría nunca más sola, porque lustraría el polvo de todos aquellos extraños que hoy me rodean, descubriendo debajo que son los amigos que deje olvidados.

La vida es el más complicado de los acertijos, sólo que la mayoría simplemente la viven mientras yo me empecino en descubrir su real significado.

Tocando fondo

Estuve todo el santo día escribiendo y borrando, reescribiendo y volviendo a borrar de nuevo. Me negué a sentarme y expresar esta mezcla de angustia y de arrepentimiento por un fracaso (si es que así puedo llamarlo) que ya vengo asimilando, pero como no podía ser de otra manera internet se cayó (no hay ni cable me parece) y lo único que me entretiene y que no necesita de conexión es Word, asique aca estoy.

Hay varias cosas que me gustaría decir pero que por temor a enfrentarlas las escribo para que indirectamente si el destino así lo prefiere (o si les interesa como para entrar a mi fúnebre blog) se las enteren igual.

Esta mañana amanecí en el pasillo a pocos pasos de la puerta de entrada de casa (si me da un poco de vergüenza escribirlo pero estoy acostumbrándome a esta nueva sensación), con un lazo rodeándome el alma del cual pendían toneladas y toneladas de algo, algo tan pesado que hacía que mi alma se sumergiera dentro de sí misma, tenía la inexplicable sensación de que mi corazón estaba autodevorándose. A lo largo de la nefasta mañana me di cuenta que esa presión que urgía en mi pecho dándome la sensación de quebrar mis costillas, se llamaba vulgarmente culpa. Y desde entonces, lejos de atenuar, fue incrementando hasta fermentar en una inmensa bola atascada en mi garganta que me prohíbe tragar.
Saben, siempre supe controlar mi conciencia, dominar mis culpas y asesinar mis remordimientos, lo hecho hecho está, y por algo fue, siempre fui consiente al equivocarme, y en el momento decidí hacerlo, asique si fue elección mía destruir o aprovechar cada oportunidad, ¿después de qué me quejo?

Pero en relación a mis viejos, cuando mis errores o mis faltas son graves, la culpa no me deja dormir por semanas (literalmente), siempre me adueño de un insomnio fatal que me carcome las horas nocturnas. Hoy pasó exactamente igual. Me siento la basura más sucia y tóxica del planeta y sin embargo, ahí está papá el gruñón y mamá la que nunca me escucha y tampoco le importa, abrazándome con palabras de entendimiento y preocupación. Descubrí que ya no les inquieta lo que haya hecho sino que los destruye el saber porqué lo hago.
Con las dos charlas, incluida la breve conversación cuando reaccionaba, me lloraron con palabras. Ya no preguntaron que fue lo que pasó, fueron directamente al punto inicial, a mi falta constante de motivos para seguir, a mi dolor maduro, a la inercia que me mueve o me inmoviliza, a las horas que paso enredada en las sábanas simulando que no soy nada… atacaron mi ausencia de sonrisas, a mis abrazos desabridos y a como la llama de mis ojos se fue extinguiendo hasta dejar huecos vacíos. El hecho de haber recibido su amor expresado en el dolor y la preocupación en vez del acostumbrado griterío, o de los aburridos castigos de “ahora no salís más”, que nunca tienen efecto porque quedarme en mi casa no es algo que realmente me disguste (al contrario), representó (como en otras ocasiones anteriores) un shock emocional bastante fuerte que va dejando secuelas en mi parte inconsciente.

No es necesario que me siente en la mesa y les plantee todo el diagnóstico: tengo un fuerte dolor en el pecho, a la mañana cuando me despierto es más intenso y automáticamente quisiera seguir durmiendo, tengo algunos (ALGUNOS) inconvenientes a la hora de comer, siento que necesito autoagredirme la mayoría del tiempo, y cuando por accidente me encuentro con mi reflejo (porque últimamente le escapo a los espejos), mis labios sin permiso se dicen “te odio, te juro que te odio”… Fuera de eso estoy bien, todo normal no se preocupen.
Mi silencio les hablaba más de lo que yo pudiera decir usando cualquier palabra. Saben que las noches de viernes, sábado (o jueves…) no significan para mí ni alegría, ni diversión y ni pum para arriba, saben que no hay alternativa, que sólo copio el modelo clásico adolescente pero que no pertenezco.

¿Qué les puedo decir? Culpa mía no es si me trajeron al mundo equivocado. Y con esto no justifico todas mis tentativas por dañarme, ni tampoco vuelvan a pensar nunca más que fue y es a modo de venganza por estar acá, pero la realidad es que no encajo, y no digas (psicóloga estúpida) que la adolescencia es complicada para todos porque nos empezamos a descubrir, y que todo cambia, y blablablá, no se cuantas pelotudeces más, porque seis años tenía cuando corrí a la cama de dos plazas de mamá y me tiré llorando no sabiendo cómo expresarle que desde hace días se había instalado en mi pecho un dolor insistente, agobiante, y qué cuando ella quiso urgente pedir un turno con el pediatra, la frené diciendo que ese dolor era un poco más profundo, que de ese dolor no se estaba quejando mi cuerpo sino que la que lloraba era mi alma.

Nunca pude saber porqué dolió tan fuertemente aquella vez, por momentos fue mejorando hasta incluso por instantes fugaces simuló desaparecer, pero en realidad aprendí a crecer con una estaca sin sentido clavada en el pecho. Y hasta mi pubertad lo llevé bastante bien, pero cuando me deshice de mis últimos rasgos de una inocencia bastante pobre, y mi racionalidad llego al máximo, inevitablemente la falta de causas para el tormento de ese dolor fue superándome.

Así llegue hasta hoy, con un recordatorio diario que vive en mis muñecas y piernas, con un historial que debería llamar “diez mil maneras de demostrarle al mundo lo poco que me quiero”, y con lo peor de todo: esa sensación insoportable de sentir que defraudé a las personas que me aman, a los únicos cinco seres que invertirían su vida por sanar este mal innato en mí, y que aun así volvería a defraudarlos dejando de existir.
Nací torcida me dijo la doctora, nací hermosa y perfecta a la vista (adulación barata) pero con un pequeño problemita en la cabeza, no es que no estés cuerda, decía, sino al contrario, creo que te ajustaron demás. Le dio en el blanco, pensé yo.

Por mucho tiempo intenté buscar personas que sufrieran lo mismo que yo, tal como si fuera una enferma buscando semejantes para consolarse mutuamente y entenderse mejor. Pero en la búsqueda confundí la raíz del porqué estoy así, con los síntomas que surgen a partir de ello. Y lo único que encontré fue acercarme a personas sin ganas de seguir, con intentos de suicidio o con un fuerte anhelo por hacerlo, en su mayoría anoréxicos a modo paulatino de desaparecer. Y aunque en un principio logré sentirme comprendida, cuando atacaba la raíz de los hechos, nada concordaba. Para algunos la desgracia más humillante era estar diez libras sobre su peso ideal, y yo pensaba ¿quererse matar por algo tan solucionable?, otros, los más desafortunados, tenían una infancia complicada, malas experiencias que resultaron perturbadoras y que nunca lograron superarlas, y luego había también de los aburridos, los que después de haber probado la bisexualidad, el budismo y el porro, tendieron por probar la moda suicida a ver que onda.
Pero aunque desencadenamos en lo mismo, no pude encontrar a nadie infectado por el mismo virus (por personificar este inmenso signo interrogativo), y esta conclusión de sentirme única (pero de una manera lastimosa) terminó por desubicarme del resto y aislar mi verdadera personalidad mientras generaba una que vaya acorde a lo que debería ser yo normalmente.


En fin me fui bastante por las ramas (¿se nota que tenía ganas de escribir?), no voy a hacer una reseña histórica de cómo se fue desarrollando mi demencia, el punto es que no puedo dormir y estar despierta representa un peligro para mí. No dejo de pensar ni por dos minutos consecutivos, no paro, no me doy respiro.
Siento ganas de subir despertar a mis viejos y asfixiarlos en un abrazo, pedirles perdón por ser esto, y prometerles la utopía de que mañana todo va a ser diferente. Pero me quedo agazapada en esta silla podrida, escribiéndole a la nada todo lo que pienso, todo lo quisiera hacer y no puedo, expresando esta impotencia que es lo que más me enferma.

Al menos el resto de las culpas del día de hoy supe dominarlas bastante bien, la noche de ayer la asesiné, sí, nunca existió, ¿qué? ¿Qué hasta hay Fotos? Nono, no me importa, yo estoy segura de lo que digo, ahí debe haber photoshop, jaja. Lo peor es que en ese sentido mi mente me domina tan exquisitamente que logra borrarla sin dejar vestigios. La realidad es que esta nueva manera de dañarme que me rebusqué no es nada comparada a la que cuentan mis brazos, pero no por eso me justifico ojo, no quiero volver a escuchar la palabra Peters hasta que cumpla los treinta y seis.
Y en cuanto a lo otro… gente en mi carta de presentación incluyo TODO lo que soy, poniendo énfasis en el pequeño conflicto que tengo con la vida y desarrollando cada una de las consecuencias que sobrevienen a partir de ello. Asique no sé dónde está la sorpresa, soy esto y punto, ¿que no me habían creído cuando lo dije? Si en un principio yo aclaro las cosas, me desentiendo de las responsabilidades, está bien, fue un error empezar igual, pero todos somos inocentemente egoístas. Hoy no soy nada, hoy soy un menos gigante, todo lo que toco lo destruyo asique si desaparezco de sus vidas agradézcanlo. Igualmente perdón por tener que hacerlo, o no está bien, voy a tomar la parte que me corresponde, perdón por QUERER hacerlo. Eso no significa que no los quieras, al contrario, MUY al contrario. Igual no me siento tan importante cómo para pensar que puedo hacerle falta a alguien.

Bueno si leyeron hasta acá los felicito, si leyeron salteado y justo cayeron en esta parte saltéenla esta también porque sigo hablando de huevadas. Sé que hasta cuando yo misma lo relea voy terminar con un suspiro pensando en cómo hice para volverme tan loca. Asique prefiero no imaginar lo que ustedes estarán pensando. Son las tres de la mañana y preferiría estar embriagada anestesiando mi capacidad para pensar. Pero les seguro que ya no va a volver a pasar, sinceramente les regalo el cómo me siento al día siguiente, y no estoy hablando precisamente de la resaca eh.

Voy desaparecer unos días, voy aferrarme a escribir y escribir va a ser lo único que haga, pero voy a desaparecer, darle uso a mi disfraz de fantasma, total nadie me extraña.
Me voy a leer algo porque sino podría seguir escribiendo diez tomos más, siento que me es imposible expresarles lo MAL que me siento, lo destrozada y pisoteada que tengo el alma, lo cansada que está mi cabeza, lo mucho que me duele adentro esta falta de hombro en el cual apoyarme a llorar un rato. Igual creo que internet no volvió, asique haré tiempo hasta que pueda subirlo al blog.




Me hubiera gustado hacer muchísimas cosas de otra manera, ya ni sé que es lo que el otro día me llene la boca nombrando como “correcto”. Hay varias disculpas que tendría que empezar a repartir, pero si a alguien tengo que pedirle perdón es a mí misma, por anoche, por la primavera pasada, por cada día y por mañana.

Me siento tan estúpida, vacía, resignada, sucia, basura, SOLA e incapaz que la próxima vez prometo no negarme si alguien intenta ayudarme.


Princesadragón, niñamurciélago, basuraabominable, demoniomaldito

Piensen en la basura más magnánima del universo, en la lacra de este mundo, en la suciedad nociva que se encuentra al fondo de esta humanidad tan intoxicada, piensen en la sensación más ruin, más humillante, egoísta y sórdida. Piensen en la miseria que surge de tanta injusticia, en la indiferencia de vivir tan destrozados y acostumbrarse a apreciarlo. Piensen en la mentira más profunda, esa que te seduce esperando asesinarte al desnudarse, piensen en el abandono, en la traición, en el fracaso… imaginen defraudando a quienes a ciegas confiaron en uno, cortando por las muñecas a todas aquellas manos que nos apoyaron, imagínense repartiendo puñales con el rostro encubierto, despreciando la ayuda y devolviendo dolor a cambio...

Vistan su vida de ruina, vergüenza y engaño, y aun así ni estarán a un centésimo de entender como me siento ahora, en este maldito momento parada frente al espejo.

Multifacético

-cariñoso
-renovado
-indiferente
-víctima
-ideal
-enojado
-superado
-moldeable a mi manera
-insistente


Se pueden tomar infinitas posturas y probarse multiples caretas. Pero aquello diferente está en la esencia y se detecta sin esfuerzo.

No quiero más nada, te devuelvo todo, te devuelvo la gracia, las sonrisas y todos eso momentos felices que ya ni recuerdo y hoy no valen nada. Te devuelvo tambien toda la mierda, todas las horas que paso llorando, todos los días que me levanto por inercia deseando que vuelva a oscurecer para dormir y dejar de pensar por un tiempo, te devuelvo cada problema que se vuelve gigante cuando entra a mi cabeza, te devuelvo este dolor que llevo en el pecho y que desde hace años no se desprende y tuve que aprender a llevarlo conmigo CONSTANTEMENTE. Te devuelvo mis ganas de desaparecer, de dejar de respirar, de dormir deseando no despertar jamás.
Te devuelvo la vida, ya no la quiero.


No puedo, y no quiero, seguir.

¡Histeria!

Hace tiempo que deje de escribir, hace bastantes meses ya, ahora lo único que hago es vomitar lo que mi cabeza no puede traducir en un lenguaje más selectivo o adornado. No tengo tiempo, perdí la capacidad de poder hacerlo o simplemente creo que a la mierda por más que la presentemos con flores va a seguir siendo una mierda.
Me lleno la boca diciendo que ahora no quiero, que lo ando evitando y a la media hora me sorprendo con qué desesperación lo busco. Y digo una cosa y en el mismo momento hago otra, y me pongo una meta y antes del inicio me desvivo por dar media vuelta y disparar en reversa... ¿dónde se perdió la voluntad? ¿dónde renuncié a llegar a ser lo que quiero? ¿Cuándo se suicidó mi futuro?

Quiero salir, necesito despejarme, ahogarme en alcohol, y todo la vida se me derrumba, las equis desaparecen y la ecuación conmigo sola nunca jamás se resuelve. Quiero perder la memoria y darle morfina a mi ansiedad, quiero salir y gritar en siete idiomas que todos pueden entenderme pero que nadie me puede escuchar. Quiero que me ayuden sí, y lo pido a los gritos cada vez que las pupilas se me empañan, que agacho la cabeza y dejo que el silencio conteste, que doy media vuelta después de regalar una sonrisa para evitar que vean cuan fugazmente se desdibuja. Pido ayuda y cuando alguien me tiende la mano le corto las venas...

Soy una princesadragón, una niña vampiro.. o al menos eso se decía en mi último libro. Soy un caramelo envenenado, atraigo y muerdo. Es mi naturaleza, o es mi impotencia. Necesito que alguien me ayude y desespero por ello, pero si me entrego a la ayuda de los brazos de alguien más temo que termine destruyéndolo.
Las sombras no forman parte de mi cuerpo ni de quien soy, es sólo una proyección de cosas que no soportarían vivir a la luz de la vida, a la vista de un mundo tan pernicioso. No soy ni un octavo de lo que podría. Estoy en off, reducida, enterrada debajo de la almohada de las pesadillas, apaleada por la vida con riendas que me atan a la luna y no me permiten descender, pisar la tierra y enfrentarme la realidad que plantea.

Quiero y no quiero. Quiero amar y vivir en soledad, quiero sonreír pero nunca dejar de llorar, quiero ser feliz pero extraño muchísimo al dolor cuando por momentos se va. Quiero verme bien pero el espejo me exige llorar.
Quiero irme, necesito paz, quiero dejar todo, pero no podría soportar extrañar. Los necesito, cerca y lejos, dentro y fuera. Quiero que me abandonen y que me abracen prometiendo no soltarme nunca más. Necesito amor, mucho amor, necesito dejar de traducir sexo en compañía y atracción en interés, necesito hallar verdaderas amistades y aferrarme a las que valen la pena, necesito que me escuchen, hablar y sentir que mi publico no está dejando correr el reloj.
Quiero ser algo distinto, mi vida debe tener algún sentido clandestino, debe haber una explicación para todo esto y para mis diecisiete años de desgracia. Algo trascenderá, y entonces podré decir que al final de cuentas tanta sangre y lágrimas incoherentes tuvieron por fin sus fundamentos.

Las situaciones están controlándome, mi cabeza no da freno ante nada ni nadie, ella funciona y funciona y no puedo lograr que descanse. Y a todo esto mi corazón ya no late, ya no opina, ya no siente ni palpita. Soy una maraña de neuronas que no hacen sinapsis, soy la complejidad de un sistema averiado.


Ayúdenme, aléjense. Ámenme y déjenme solo la indiferencia. No quiero volver a verlos pero jamás me abandonen. Entiéndanme y sólo finjan escucharme.
Necesito dejar de necesitar. Pienso en no pensar. Quiero no querer, y no quiero querer tanto.

¿En dónde estás?

Quizás fue la evidencia de tu existencia, fue esa seguridad de verte del otro lado de la ventana la que me confió a seguir mi vida con la esperanza vuelta un hecho inminente de que algún día podrías tirar abajo ese cristal.
Me resigné al tiempo dejando pasar los días, creyendo que el paso de las horas nos acercaría... y hoy caigo en la cuenta de que perdida en la insipidez de otros labios no pude ver como de a poco desaparecías.
Desapareciste... dejando una laguna inmensa de dudas que siendo un futuro podrían haber llegado a ser presente alguna vez. Una conversación escrita y viva, pude apreciar como las palabras que salieron por tus dedos anhelaban cobrar vida, mi vida tal vez.
Fue mi culpa, me aletargué en la fórmula de tus promesas y absurdamente pensé que el destino se editaría él mismo y sin mi ayuda, pero ahora comprendo que si dejo la pluma dormida el futuro que uno espera jamás llega.

No se cual es la razón por la cual mi cabeza ideó un espacio junto a vos, pero siento que debería haberlo ocupado, que así estaba planeado, que debería haber sido.
Ahora sólo quedan unos cuantos husos horarios entre medio, separándonos, horas que no existen y sólo se interponen a jugar tretas en conjunto con la distancia. Cientos de kilómetros que ayer fueron nada, cuando en no más de diez palabras encontrabas el transporte perfecto capaz de permitirte en tan solo un instante abrazarme el alma.
Todavía sigo pensando, y no sé por qué razón, todavía sigo “interesada” únicamente en vos. Aunque no sepa nada de nada, esa diferencia que te aislaba del resto era la garantía más potente para saber hasta que punto valdría la pena soñar e ilusionarse de antemano, siendo tan imposible a simple vista que tu imagen, algún día, se reflejara puramente en mis córneas empañadas.
Quizás sólo por esa razón desapareciste, quizás era tan bello imaginarlo que la realidad jamás superaría a la ilusión, y para evitar la decepción alguien prefirió simplemente que muriera como un sueño, que quedara trascripto como esos recuerdos eternos de sabor dulce al los que nunca le dimos final y se evaporaron a medio empezar.

Quizás, no se si alguien lo dispuso o si yo lo elegí por andar distraída buscando un pasatiempo hasta llegar a vos. El temor no me dejó esperar, y mi vida últimamente está controlándose sola y sin preguntar...

No intento justificarme, no intento tampoco llegar a vos, aunque sí hubiera anhelado que leyendo esto te encuentres sin dudarlo como protagonista, y entiendas que lo que provocaste tan inocentemente y sin proponértelo, fue particularmente especial, pero demasiado temprano como para hacértelo saber.


No hubo principio, sólo me resta quedarme con la bellísima incógnita del no saber jamás lo que ‘pudo haber sido sí...’

Mi cabeza completó esos rincones de vos que no llegaste nunca a revelarme. Ojala algún día los desalojara tu realidad.

SOS UNA ESTÚPIDA!!!




me oiste?

Easy words

"Soy increíblemente inteligente, si tengo diecisiete pero parezco de mucho más ¿viste?, por como pienso obviamente, si soy muy diferente al resto. Como dijiste vos... especial, sumamente especial. Si mis besos son el cielo, ¿increíble no? Y mis manos, uff ni te cuento.
¿Ah que no es una noche nada mas? Ya era sabido, no hace falta aclarar.
Tengo esa capacidad de alojarme en la mente de las personas y no irme más, Claro por eso todo el día pensas en mí.
Si ya me lo dijiste, esto es diferente, vos a mí me querés. No, no soy como las que encontrás en los boliches, aunque ahí me hayas encontrado.. pero claro, sisi esto es una excepción.
¿Qué cómo hago para andar solita? (jaja cómo si lo estuviera!)
Me estabas esperando, me esperaste toda la noche. Soñaste toda la semana conmigo, hasta ahora que me volviste a ver, lo suponía. Bueno dale, sí yo también, me voy a extrañarte."

Palabras fáciles...





Nos llenan de halagos, nos repiten hasta el cansancio lo maravillosas, distinguidas y especiales que somos, y sin embargo le ponen tanto énfasis que cuando terminan nos dejan realmente convencidas de que creen que somos las peores ingenuas y simplemente una más para tildar en su lista.
No somos ni inteligente, ni pensamos de forma distinta al resto, o si así lo es jamás se enterarían porque no hay ni cinco minutos que inviertan en silencio con el fin de escucharnos.
Somos piel, eso es lo que somos: piel, cabello y carne. Somos movimiento, somos rubias o morochas, altas o bajas, delgadas o gordas. Los ojos es la única entrada que nos dejan abierta.

Podría tener diez blogs atestados con escritos vomitados directamente por mi corazón, pero si no hubiese fotografías, nadie de la otra esquina del mundo se detendría a felicitar el orden de mis palabras.
De todas las opciones la realidad es la que más apesta, la más oscura, la más superflua y obvia.
No es que tenga mucho por lo cual reclamar. Una sola vez en mi vida me ilusioné, una sola vez en mi vida cerré los ojos y distorsioné las palabras para creerme la historia que yo quería. Una sola vez me di contra la pared y el piso. Nunca más. Nunca... más...

Pero ahora me volví una basura, aprendiendo que el mundo puede resultar ser una jungla me volví de lo más salvaje y aprendí a devorar antes de esperar que me devoren.
Entonces ahora, cuando confirmo (lo sabido) que aquel disfraz era efectivamente un mero disfraz, ya no tengo que sentirme culpable por haber sido insensible, por haber ocultado y mentido, por ser como todos y valerme del resto únicamente para lo que los necesito.
No tengo que reprocharle nada a nadie, somos todos iguales. Esto es un juego, en el que todos llevan caretas creyendo que el de enfrente no se entera. Piensan que soy una estúpida y que crean eso es mi principal estrategia para hacer lo que quiero.

Las palabras son fáciles, basta con pronunciarlas para expresar cosas magnánimas. Las palabras tienen un poder inigualable, la capacidad de darle forma a sentimientos que no existen. Las palabras manipulan y dominan. Siempre y cuando la mente a la que atacan tenga la conciencia bloqueada voluntariamente. Y mi cabeza ya no entra bajo la caracterización de esa especie.

Adornen la escenografia como más les guste y reciten los guiones lo más exagerado les resulte. Que el final de esta obra, ficticia hasta el exceso, se lo doy yo tirando abajo el telón.



Quisiera...






DESAPARECER





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La última página ya fue escrita

No es fácil pretender que todo sigue estable y bien, no es fácil simular el equilibrio y mantener tensa una sonrisa que tiende a serpentear constantemente. No es sencillo mantener el control una vez que los ojos se desclavan de mi nuca. Puedo ocultar cien lagrimas, puedo inventarle una carcajada a cada broma e idearme un escudo nuevo a cada una de mis miradas que se desarman.
Afuera puede despejarse el mundo y pueden deshuesar al cielo, pero siempre llueve y lloverá bajo mi piel. Puedo seguir con la inventiva de vestir un disfraz nuevo cada día, mucho maquillaje en mis pómulos y mejillas, una postura erguida y la mirada firme analizando un horizonte que no existe. Puedo conservar el mentón en dirección al sol y estirar los brazos simulando que es placer lo que produce el viento en mi sien. Puedo, podría, podré seguir construyendo toda una vida de mentiras, mientras me destruyo con drogas, sexo y bebidas. Puedo titular como diversión a mi agonía, y convertir mis gritos de auxilio en eternos silencios, pero con nada de eso podría afirmar que estoy viviendo.
Es como si hubiese nacido demasiado ansiosa por alcanzar fugazmente todas mis metas, y despreciara disfrutar del camino, entonces en la competencia y entre mi hambre voraz por conseguir lo que debo, morir es mi primordial y más urgente propósito.
No sé que es lo puede sorprenderme durante este proceso tan bien planeado de una manera malévolamente ingeniosa, pero sólo me convenzo de que nada, por más sublime o excelso que pueda resultar puede contrarrestar a tanta angustia, dolor, impotencia, desesperación, soledad y tormento previos. Nada próximo puede valer la pena si se tiene en cuenta este pasado (y por ahora presente) negro. Y lamentablemente mi memoria fija los malos recuerdos, y los diarios de ayer serán por siempre la contratapa de los de mañana. Siempre al fondo, siempre en la última pagina para revolver desgracias sedimentadas.

No es fácil seguir, sabiendo que adelante ya no hay nada.
Una vez más excuso mis actos irracionales con el fácil pretexto de que ya no queda nada por perder.

No hay nada nuevo bajo el sol

Absolutamente agradecida por los intentos de extraños que solo buscan marchitar esa parte de mi que está dañada. Esos que solo ven porcelana en mi piel y me creen inmaculada, una perfecta muñeca quebrada.
Mis besos tienen fecha de vencimiento, mis besos nacen y mueren incinerados con su propio fuego, y luego sólo queda la huella en otros labios que siempre recuerdan.

Solo seis horas de la noche me roban la memoria, las madrugadas me traen amnesia y por sólo un instante fantaseo convenciéndome de que yo también puedo ser feliz por un tiempo. Y si la noche se hace larga, o si las luces de pronto se opacan, siempre habrá un par de tragos en la barra para drenar mis lágrimas.

Solo un par de horas entre las tres y las cinco, o entre las cuatro y las seis, juego a entregar mi cariño a quien lo ande buscando, y no tomo nada de él, sólo vomito en extraños mi exceso de amor.
Pero al otro día siempre me sorprende el mismo amanecer, ¿y saben qué? No hay nada nuevo bajo el sol. La misma angustia, las mismas horas dormidas, las mismas penas que anoche dejé en el perchero antes de salir. Todo vuelve, y mi vida se saca el disfraz de fiesta y se viste de pordiosera.

Casi todas las sombras de la noche a los pocos días buscan reencontrarme, pero ya no soy yo la misma bailarina que los sedujo en la pista. No soy yo, yo a la luz del día estoy desnuda y con el alma caída.
No es que no aprecie las manos que me tienden, no es que no valore las palabras de aliento y que no acepte las promesas de compañía, es sólo que no puedo echarme a volar teniendo como paracaídas a alguien que sólo está deslumbrado por el brillo que dio la luna una sola noche. Cegados cuando me ven llena, olvidan que también puedo menguar e incluso desaparecer hasta volverme nueva. No puedo sostenerme de un par de brazos que no encuentran pasadizo más allá de mis pupilas, y sólo se quedan como náufragos persistentes en la superficie. No es un rechazo, pero mi vida quiere cruzar el límite, y no soy la espada de Arturo por la cual todos hacen fila para probar su suerte. No soy ningún tipo de trofeo ni de entretenimiento, aunque así todos lo consideren.

Soy una cenicienta que se vuelve leyenda muerta a la mañana siguiente.

Solicito tu autorización para dejar de existir

Si las circunstancias que surgen a partir de ciertas obligaciones diarias a las que todavía no me atrevo a renunciar, desaparecieran, entonces jamás estaría asida a nadie, a nada. El efecto fantasma es mi predilecto, mi mente vive aislada y en cuanto tiene la posibilidad mi cuerpo sigue su ejemplo. La soledad es el vicio más nocivo, el componente que la vuelve adictiva es la comodidad que nos ofrece. Dependo de ella, me manipula, me desespera y necesito de su silencio. Es la técnica autodestructiva que se encuentra más camuflada, comienza atacando paulatinamente, hasta que nos volvemos ajenos al mundo sin notarlo y dejamos de pertenecer al resto. Surge una línea divisoria limitando nuestra miseria y la gloria inalcanzable que pareciera que todos los demás poseen. De pronto nos volvimos incapaces de usar términos como felicidad, proyectos y aspiración.

Necesito sufrir en paz, necesito alejarme, donde el resto se vuelva sordo y mis lagrimas no puedan humedecer el corazón de nadie. Ya no puedo volver a empezar nunca más. Soledad me posee y es mía. Y el resto ya no existe, pretendo entonces dejar de existir para ellos.

No es que haya querido dejar pasar el día a propósito, simplemente fue
que de pronto lo dejé pasar mientras pensaba en otras cosas.

Hoy: un cuasi ayer

Cuando duermo pareciera que vuelo hacia aquellas cosas que no pretendo recordar, pero resucito en sueños y aprendo a cada suspiro que la realidad puede resultar ser de cristal. Aun sumida en posición de espectador puedo quebrar mi pasado y actualidad, un espejo que creo que refleja lo que fui, cuando sólo está intentando señalar que las grietas en mi rostro no son novedad.

¿Podrías decirme que hice mal? ¿podrías decirme dónde fallé?
¿Podrías tan sólo mostrarme el punto en donde decidí cambiar de rumbo y retroceder?

Misma gente, mismas caras y objetos conocidos, misma ciudad, misma música y ese aire nocivo que me recuerda que aun estoy destruida.

Me he bañado abstraída, sin darle importancia al agua golpeteando en mi sien y he caído rendida, despertando en el homicidio de mi cuerpo ahogado bajo las manchas imborrables de mi piel.
La pureza del agua todavía no es capaz de limpiar mi conciencia y mi moral. Y en el intento por fregarlas ... no logro recordar más, sólo desperté cuando yo ya había desaparecido.
Hay un breve o inmenso lapso del cual no encuentro registros en mi memoria, como si mi mente sin consultarme hubiera decidido que lo mejor sería suprimirlo para siempre, dejando inconclusas todas las preguntas que sobrevendrían al indagar en los motivos del por qué. Esa estrecha o inmensa brecha, que actúa como línea divisoria entre donde caí y donde ya no puedo siquiera pensar en cómo levantarme y si tendría alguna vez fortaleza y posibilidad.
Mientras me ocupaba demasiado en mi dolor, di libre albedrío a mis esperanza que abatidas terminaron por fugarse. Y ahora estoy tan sola, sola de mi soledad, sola de mi compañía que no tiene salvedad. No puedo creerte, no mientras tenga la excusa de reprocharte que un futuro feliz no es palpable. Mi capacidad de imaginación está rota, retorcida de crear y destruir utopías arrolladas por la ingenuidad de mi psicología cognitiva.

No me culpes si me echo para atrás, no me culpes si extraño el sabor añejo del dolor y entre la obsesión busco lastimarme para resucitarlo en mi interior. No nació jamás, ni jamás tampoco murió. Cuando crecí el ya corría vivaz en mis venas, y luego... bueno controlarlo por un tiempo no es equitativo a eliminarlo totalmente de mi cuerpo.

Creo entonces, que nunca lograron exorcizarme por completo.

No te preocupes, es que no existe manera en que logren hacerme caer... ya estoy en el suelo.

TODOS HACEN LEÑA DEL

ÁRBOL CAIDO


Cuestión de ida y vuelta

Después de apretar los puños con tanta fuerza, me di cuenta que la arena se escurrió casi por completo, y sólo me quedaron algunos granos perdidos entre las pequeñas arrugas de mi palma enrojecida.
Hoy me vuelvo desnuda frente al espejo, hoy me doy cuenta que todas esas manos que a menudo palmeaban mi hombro dándome el supuesto de un “apoyo”, siempre estuvieron enfundadas con guantes esperando silenciosamente por darme la apuñalada. Los hombres suelen ser viles serpientes escondidas en los pastizales, que no es más que el ridículo disfraz amable, aguardando el momento justo por dar esa mordida y vomitar el veneno en alguien más, como si se tratara de un virus incontenible cuyo síntoma principal fuera propagar la enfermedad a la mayor cantidad en el menor tiempo posible. Así actúa el mal. Quien sabe si lo es por envidia, la impotencia, los dolores reprimidos o la simple sed venganza incoherente contra quienes no lo merecen.


El hecho es que sí existe gente que guarda una careta específica para cada ocasión en particular, que esconden un manual de instrucciones malévolas sobre como actuar, o tienen un ingenio tan pérfido que les permite proceder con espontaneidad. Y son capaces de aparentemente amarte y odiarte simultáneamente, cuando no hacen ni una ni otra cosa, y sos para ellos un ente indiferente, un obstáculo por momentos molesto hasta el punto de provocar irritación, y por otros alguna mano que puede prestarse a darles de comer. Sí, somos objetos que usan para sacarnos provecho y cuando no les servimos siquiera para eso, somos automáticamente descartables. Nos desechan por despecho, y sin remordimiento. Hoy estamos, mañana no, y nadie encontrará la diferencia.

Somos intrascendentes, apenas existimos por nombre y por nuestros hechos, pero jamás nos analizan como personas. La mente del ser humano a menudo es tan compleja, que ni aquel que se la pasa auto analizándose puede simplificarla. ¿Entonces imaginen a aquellos que le falta el medio para los dos dedos de frente? Llevan a cabo hechos que no tienen fundamentos, que no siguen una lógica ni surgen por causas. No anteceden las consecuencias ni tampoco les interesa posibles daños colaterales... y no tan colaterales.


Para toda esta gente desleal, estamos el grupito de mansos, esos que de tan buenos se cruzan al límite de los boludos. Los que a primeras instancias se entregan, se desenvuelven plenamente y dan... dan, dan. Y no importa que nos vuelva, no importa si nos agradecen, no importa si realmente vale la pena el esfuerzo de un gesto bueno, nosotros sin cuestiones vamos para delante a nuestro ritmo. Y en la primera de cambio, cuando somos nosotros los que andamos con los tobillos flaqueados y necesitamos una mano... brilla la ausencia de tantas caras por las que sudamos.

Lo peor de todo es que haber sido abandonados e ignorados no nos interesa, ni nos molesta, cuando nosotros ayudamos lo hicimos sin considerar que alguna vez los auxiliados nos devolvieran el favor. Pero entonces, pasando por alto la indiferencia, llega ese día apocalíptico, ese día donde el colmo de los colmos se hace la realidad más sarcástica. Y entonces es cuando los muy hijos de puta, a los que ayudamos, a los que entregamos confianza, amistad, orejas, palabras, etc.. aparecen ahí, entran por primera vez en nuestras vidas sólo y con el único fin de jodernosla, de complicarnos, de pisarnos y pasarnos una y mil veces por encima.
Es difícil pensar que puede haber gente de esta índole, es muy difícil creerlo, pero la realidad es sucia y por tanto cierta. Y la hay, la hay y el mundo está repleto de tanta porquería y a su vez de tanta impunidad.

Ahora es mi turno, una vez más, parece que soy su predilecta a la hora de elegir a quien pisotear. Y no importa que ande por el piso eh, ellos siempre saben hacerme descender a un subsuelo más. Son profesionales para destruirme.

Pero tampoco voy darles tanto protagonismo en este melodrama, que en esta historia todos sabemos que yo resulto ser mi peor enemigo a final de cuentas. Es sólo que sigo sumando ‘menos’ en mi lista, y los ‘más’ se convirtieron en mariposas y se supieron escapar. Cada vez tengo menos de qué aferrarme, de pronto ando flotando en la nada, sin salvavidas y sin agua, pero con miedo a morir ahogada en la soledad de alguien que ya quedó olvidada.

Una vez más repito esa frase que sirve de consuelo para los impotentes, para aquellos que aunque lo intenten la maldad no es un componente más en su sangre y no hay forma de que puedan inyectársela en las venas. Entonces levantan sus manos, haciendo ademán de estar fuera del control de la situación y dicen en altavoz (dejando que su incontenible ira muera en el silencio):
Todo lo que uno da, le vuelve. Y hasta a veces lo hace con intereses.
Perdón, pero no puedo ni aun obligándome, rebajarme al nivel de personas ignominiosas. Que en la naturaleza, en algún dios, o hasta entre ellos mismos, se haga justicia.

Circulo vicioso le dicen...

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THAT'S MY RUTINE

Estoy olvidándome de escupir el ardor de mi pecho, por primera vez creo que los secretos perdieron peso en mi conciencia y puedo convivir con ellos cómodamente. Algunas cosas olvido que sucedieron, las anulo, las dejo a un costado, las soporto o me las trago, otras sólo pasan dejando el viento de su fugaz correntada, tocan mi alma y siguen su vuelo.

La semana pasada me lleve una sorpresa al encontrarme a Soledad engañándome con Nadie. Hay ciertas cosas que ni existe y aun suceden, que no ocurren pero hay algo que se siente, el mundo onírico a veces es más tangible que el real, ese en el que se manejan los despiertos, que andan demasiado absortos como para sostener la sensibilidad alerta. Cuando el mundo se vuelve silencio, las luces se funden en las sombras, y la paz toma una forma casi visible, hay un paso para llegar más allá de todas las cosas. Creo que ahí estoy estancada, en esa brecha profunda que conduce a un pasadizo con ventanales que dan hacia la esencia de la realidad, la cual sólo puede verse con los ojos del alma, a un ritmo de vida apaciguado.
No me molesta ya ver lo que nadie más ve, ni escuchar lo que nadie más oye, ni entender lo que para el resto no le provoca el mínimo interés. No me molesta acostarme sola, ni despertar sola, ni caminar sola, ni refugiarme en el bullicio de la música porque quizás no tenga un par de orejas compañeras que se presten a escuchar. No me molesta en lo absoluto, cerrar una puerta y encontrarme conmigo misma, ni verme en el espejo y remarcar esas huellas de angustia, sorpresa y entusiasmo y en mi rostro desgastado, no me molesta abandonarme de vez en cuando y al otro día desesperarme por logar auto-perdonarme. Aprendí a vivir muy bien a mi manera, no se si llegué a quererme, pero algunas veces me extraño cuando la multitud se vuelve severa y persistente, siento que necesito regalarme horas de descanso. Dejé ese hobbie absurdo de tejer pensamientos, mas intento conservar mi pasión de análisis mientras que se mantenga en los límites precisos y necesarios para no acabar enfermándome…. Ja, enfermándome?
Una muchachita de no más de trece años me llamó enferma sin conocerme, y los más duro es que no fue de forma despectiva, incluso hasta parecía esmerarse por hacer que la comprenda ¿cómo puedo negarlo? ¿cómo podría no comprenderlo? No hay psiquiatra que pueda explicar las razones de mi comportamiento, ni las causas de mi llanto diario que ahora se fugó hace varias semanas, y creo que en lo atípico de haber dejado de sacar mi dolor hacia afuera, se oculta algún motivo mucho más grave: o estoy almacenando cúmulos dolores, angustias, impulsos, impotencia, autodestrucción, o simplemente las aguas se calmaron y realmente estoy muy satisfactoria como para necesitar drenar una angustia que ya dejó de existir en mí.
Creo que después de todo siempre fui lo suficientemente fría como para no llorar por nadie que no fuera por mí y por mi reflejo extraño. La frialdad no se relaciona con el afecto que pueda llegar a sentir, ni con el amor, es sólo un mecanismo inexistente para la conciencia, que se encarga de que el cuerpo y la mente responda de la mejor manera contra el dolor. A veces creo que de vez en vez se prende la chispita de la inteligencia y entiendo que no vale la pena la belleza de un rosedal si todos los pétalos andan empapados en lágrimas.
Hago un balance: el panorama es muy negro, pero llevo una luz adentro. Quizás no caigo en la cuenta, quizás me encuentro aletargada, desinteresada de todo un poco, hasta mismo de escribir. Por momentos siento que ya no tiene mucho sentido este medio de expresión. No le escribo nadie, no tengo público y jamás pretendí tener uno. Explayarme en ese espacio es lo mismo que diagramarme estas mismas palabras en los renglones de mi mente donde perecerán en recuerdos para siempre. Estoy un poco alejada, tal vez sea como siempre, una nueva etapa, una renovación del periodo, ya no puedo saber quien soy si me leo, no hay nada lo suficientemente explicito como para conocerme, y sin embargo si no me leyera se que una parte de mí quedaría por siempre muerta. Estoy lejos, lejos de mí, lejos de quien era, lejos de mis amigas: Angustia, Dolores y Depresión, ja. Las extraño, lo admito, pero a veces me vuelvo tan indiferente que ni admito a las sonrisas. No entiendo mucho de nada, el mundo me está decepcionando, y estoy encontrándome con que la humanidad puede resultar ser en su totalidad una magnánima basura, y que también en su momento yo sé adecuarme perfectamente a él, a este mundo de farsa, desconsuelo y frivolidad., y saber vestirme de la mentira más verdadera acorde a la bendita realidad.
No hay que darle vueltas al asunto, hay que desenrollarnos y vivir a pleno en el presente ignorando el cadáver del pasado y el inalcanzable futuro. Gané mucha paz cuando perdí intereses, cuando abandoné dolores, y supere momentos grotescos, pero junto a ellos gane cierta indiferencia, cierta dureza que me aleja de la tierna moralidad, de la compasión, de la solidaridad que nunca implemente pero que siempre anhele practicar…
Perdí muchos puntos de vista, ahora soy más llana, más directa, ahora no tengo idea de lo que pienso, de porque elijo, de porque no siento culpas, no extraño ni me arrepiento. Ahora no entiendo porque no tengo deseos, porque no sueño ni busco alcanzar promesas, ahora no espero por alguien y no intento que esperen. Voy rezagada, voy rápido me adelanto más de lo que debería y desaparezco. Vivo parte del tiempo escondida, mi corazón ya no es el vocero de mi mente retorcida. Creo que todas las partes en que estoy dividida y todas mis múltiples personalidades irreconocidas, se juntaron a mis espaldas y decidieron hacer un suicidio en masa. Ahora no hay más nadie, no hay corazón, no hay sentimientos, no hay sarcasmos, ni ingenio, ni venganzas, ni ira, no hay enfermas, ni suicidas, no hay fiesteras, no hay niñas ni mujeres. Ahora soy un rostro que envuelve un enjambre de emociones confusas y anónimas que nunca nadie se interesará en nombrarlas. No hay nadie en mí que se siente a pensar en la espera de algo que nunca sucede, de hecho no hay nadie en mí que haga nada, creo que mi alma está desierta y estos dedos culposos son los únicos que hablan dando golpes alguien que nunca podrá responderle.

Estoy bien, quizás esté pésima en el momento en que escriba esto, pero inexplicablemente no encuentro forma de darme cuenta. Mis ánimos ya no se dignan a hablarme si es que andan por ahí todavía, escondidos, con miedo, a muertos porque alguna noche mientras dormía el sonambulismo y el deseo reprimido hizo que cometiera una masacre en mi cuerpo, arrancando de mi centro todo lo que hace que piense y repiense en la vida, el mundo, la enfermedad, el dolor, la angustia y toda esta basura que existe porque algún idiota muy aburrrido un día se sentó a nombrar lo abstracto porque le faltaba bastante concreto, como yo durante todos estos años. Creo que no nos alcanzaba con lo que teníamos y veíamos, ambos sentimos esa necesidad de ver la esencia y como todo afán de hombre, a continuación la necesidad de adueñarse, de bautizarlo.


No tengo más ganas de seguir escribiendo pavadas que nacen y mueren en mi cabeza, porque al visualizarlas sólo alcanzan el olvido, el aburrimiento o el rechazo directo.
En fín, me voy a descansar un rato. See you!

- Estoy cansada del circulo.

- ¡Hagamos cuadrados! propuse.

Un juez ciego

Si me viera hace casi dos meses atrás...
me abrazaría el alma, me besaría con fuerza la frente y me aconsejaría agradecer por cada lagrima derramada y por cada sentimiento que colisiona en dolor en mi pecho... porque tuve la suerte que muchas otras no tuvieron.


Si me viera hace un mes atrás...
me agarraría de los pelos, me daría tres o cuatro cachetadas hasta que reaccione y me gritaría que tendría que darme verguerza permanecer ahí postrada tachando los días en un calendario inverso.


El dolor no es eterno, esto es para todas las próximas veces que sienta ese ardor en el pecho, ese peso en el alma que amenaza con ser permanente, es para todas las próximas veces que sienta que duele tanto y tan adentro que pareciera que nunca voy a poder desenterrarme esa espina del cuerpo... para que sepa que estoy equivocada, que todo tiene retorno, que la memoria humana está exclusivamente diseñada para olvidar los malos recuerdos y adornar los buenos.
Todo pasa, todo se supera. No hay mal que dure cien años... siempre fue una mera frase pero hoy es una bocanada de alivio de mi experiencia.
Y todos esos años negros que hasta incluso mancharon la orilla del presente octubre, voy a modificarlos estratégicamente por la mañana, para que deje de atormentarme un pasado turbulento y así continuar esta carrera que inicié con el tercer pie derecho que me inventé, a consecuencia de los otros dos izquierdos que siempre tuve.
La lucha no es lograr comenzar, la lucha es aprender a mantenerse.

Hoy me decidí a sacar las mantas que cubrían todos mis espejos.

Estoy en el límite, en el subsuelo más profundo, en el más recóndito de los agujeros mugrientos y húmedos. No puedo decir que toqué fondo, porque todavía sigo escribiendo, pero sí que nunca antes había explorado “tan abajo”. Y sin embargo jamás tuve tanta iniciativa fermentándose por la ansiedad de huir de mi cuerpo, a convertir en hechos esas ganas locas de dar vuelta mi cerebro, mi vida, mi angustia en un grito de júbilo. Nunca tuve tantos deseos por cambiar, jamás abrace tan fuerte la convicción de que lo voy a lograr. No busco como fin la felicidad, pero sospecho que ganando ciertas cosas nuevas y suprimiendo muchas de las viejas, la felicidad va ir tomando forma sola.
Estoy muy cansada de ver la vida como la veo, de malgastar mi tiempo, de cometer el crimen diario de desperdiciar todo lo que tengo.
Me propongo revertirlo, dejar todo, empezar de nuevo una vez más y para siempre. No pienso atacar hechos concretos, más bien voy a ir modificando esa esencia invisible que luego irá atestiguando el cambio con la transformación de todo lo que me rodee. Para cambiarlo todo se empieza por uno mismo, y yo decidí lanzarme contra mi mentalidad y sanar finalmente este ambiente que volví nocivo para todo aquel que me visite.
Ojalá en un tiempo pueda darles buenas noticias, ojalá no caiga de prepo y eche por la borda tanta estrategia previa... pero sí así es, mi cambio consiste en reanudar el juego tan velozmente que no habrá manera de encontrar la brecha en mi línea de tiempo.
Tengo muchísimas ganas de dejar todo atrás y empezar a buscar el propósito verdadero y todos esos motivos que aunque me lluevan, todavía los niego.
Estoy a un pulgar de sentirme muerta, y a esa insignificante distancia es a la que voy a aferrarme para salir adelante, para erguirme y sostener el mentón bien en alto.
Chau a todos los traumas viejos, a todos los fantasmitas del pasado que intentan volver por un medio u otro, simplemente hay que aprender a cerrar los ojos y lograr que la indiferencia con el tiempo haga que desaparezcan solos. La realidad es que hay personas que ni el sufrimiento más agudo del otro las sensibiliza, y lejos de eso, vuelven para seguirte rompiendo las pelotas. Y no tienen ningún tipo de intención precisa, sólo permanecer presentes porque como es claro, si el recuerdo de uno no desaparece, entonces la venganza del otro será encargarse de que el suyo tampoco lo haga... pero no sólo que es en vano sino que es triste. Uno se aleja destruido porque la vida sigue a la vez que los dolores se renuevan constantemente, y de la única manera de recordar que tenemos cicatrices viejas no es cuando duelen porque no hay manera de que vuelvan a abrirse, sino cuando pican porque están finalmente terminando de cicatrizarse.
No puedo creerme dios y creerme capaz de volver a todas las manzanas verdes en rojas, no. Hay ciertas cosas que nunca cambian, que jamás maduran y se quedan por siempre estancadas... No hay nada por hacer más que eludirlas y fingir siquiera haberlas visto alguna vez.
Así comienzo por despegarme, dejando de frecuentar lugares viejos que representan gran parte de lo que mi memoria retiene en sepia. Esos sitios que te estrujan el alma como las dulces melodías melancólicas de un ayer que nunca pudo ser olvidado porque se lleva adentro.
Solucionando el presente la expectativa de un nuevo futuro vuelve a resurgir.
Estoy tan destruida como entusiasmada. Quiero salir, aunque me cueste la vida completa encontrar la apertura de esta inmensa verja.

Sé que me ciclotimia va ser que por momentos caiga de nuevo aun cuando ni siquiera allá alcanzado a levantarme, pero hay que perseverar.. de eso se trata, un empujón seguido del otro y una vez bien en lo alto es más sencillo mantener la regularidad del vuelo.
No voy a pedirle ayuda a nadie, a pesar que ayer entre el efecto del alcohol fueran las únicas palabras que se revolvían en mi mente: ¡ayúdenme! Creo que era el séptimo Yo del cuento que les gritaba a los otros seis, jaja. Nadie más puede darme la solución, está en mí conseguirla. Y tampoco voy a rogarle a nadie que me lo haga más sencillo. Voy a tener que remarla mientras seguramente el mundo entero haga un convenio, y en él decidan ponerse frente a mí un día y en complot soplar muy fuerte para mandar todo lo que hice a la mierda. Seguro que va a ser así, porque cuando más ganas tiene uno de salir es cuando más turbia se pone la situación. Pero sabiéndolo de antemano, sé a la imposibilidad que me enfrento. Lo imposible cuesta sólo un poco más... lo leí ayer a la mañana a través de la ventanilla del 108, en un graffiti que nadie más aparentemente veía. Y es cierto, me tardó diecisiete años y todavía no lo conseguí, pero acá sigo intentando, inmaculada porque mi esfuerzo nunca fue demasiado y la tormenta jamás fue tan brava. Pero mi cabeza fue la que se armó una escenografía sacada de la mejor película de Tim Burton, já. Soy brillante para adornar la vida con fatalismo, y para cambiarle el nombre por el de agonía.



Hoy es el final, hoy es el principio.